Es el arsenal que ETA conserva para una eventual escenificación, según las FSE
Procede de los robos efectuados por los terroristas durante la tregua de 2006

Doscientas
cincuenta pistolas y unos 11.500 kilos de productos para elaborar
explosivos. Ése es el material que ETA tiene todavía a su disposición y
con el que podría escenificar el desarme, en caso de que quiera hacerlo
–o con cuya venta podría sacar unos cuantos fondos–, según la
cuantificación realizada por las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Las pistolas proceden del robo efectuado por los terroristas en la
empresa de exportación que asaltaron durante ocho horas en la localidad
francesa de Vauvert, en octubre de 2006, en plena negociación con el
Gobierno de Rodríguez Zapatero.
El material para elaborar explosivos de carácter casero también
procede de los distintos robos perpretados a lo largo de los años y que
han sido detectados por los investigadores policiales. Se trata de kilos
de nitrato, clorato y polvo de aluminio, ocultos en bidones de 100
kilos en los diversos zulos que han ido construyendo; algunos de ellos
en medio del campo y otros disimulados en las escasas casas de
simpatizantes que están haciendo valer como infraestructura. En estos
lugares también guardan las herramientas del aparato de falsificación y
otros artilugios para construir artefactos tales como detonadores o
temporizadores.
En estos momentos ese material está bajo la custodia de cuatro
miembros de ETA integrados en el aparato de logística militar,
encabezados por Iñaki Reta Frutos, un veterano de 54 años, que cumpliera
en el pasado 14 años de condena por pertenecer al comando Mugarra y
colocar varias bombas en instalaciones eléctricas, y que se ha
caracterizado por su reincidencia y su afán de significarse. En 2008
anunció en Gara su huida, junto a seis personas más, después de volver a
ser condenado por integración en banda armada.
El resto de los terroristas, no más de10 u 11, están ubicados en el
aparato político dirigido, al menos nominalmente, por David Pla e Iratxe
Sorzabal. Ese grupo de etarras que no llega a la veintena, constituiría
ahora el grueso de la organización, el último reducto al que hay que
unir otro grupo también encuadrado en la banda, que les serviría de
respaldo. En total, una treintena. Las Fuerzas de Seguridad no han
detectado nuevas incorporaciones.
Ésos son los protagonistas y el material del que disponen para
escenificar uno de los pasos más significativos a la hora de sustanciar
el final definitivo de la organización.
A mediados de septiembre, fuentes próximas al Gobierno vasco
afirmaron en privado que ETA estaba dispuesta a iniciar el desarme antes
de Navidad. Casualmente, esta noticia se deslizó al tiempo que
empezaban las deliberaciones en el Tribunal de Estrasburgo sobre la
doctrina Parot y cuando ya se había cumplido el plazo que los
verificadores internacionales, encabezados por el profesor Ram
Manninkaligham, se dieron para anunciar si abandonaban sus labores de
mediación por culpa de la intransigencia de ETA o continuaban, tal y
como les había pedido el lehendakari Urkullu.
Los dirigentes de la banda habían desanimado el año anterior a los
verificadores cuando, en las reuniones que mantuvieron con ellos en
Oslo, a pesar de que había exigido su presencia, les dejaron claro que
su desarme o su disolución no eran asunto suyo, sino que su función era
constatar únicamente la ausencia de atentados.
En aquellas reuniones se llegó a poner encima de la mesa la
posibilidad de que una parte simbólica de los zulos de la banda quedase
controlada y se sugirieron varias opciones para llevarlo a cabo.
Opciones como pasar las coordenadas a los periodistas de varias agencias
de noticias, ofrecérselas a personalidades internacionales investidas
como facilitadores o proporcionar los datos a organizaciones como la
Fundación Carter. Nada convenció a la dirección de la banda, que para no
dar un paso más argumentó su temor a una escisión y que fue expulsada
por las autoridades noruegas por su resistencia a encontrar una
solución.
Por su parte, la izquierda abertzale, que desconfía de todo aquello
relacionado con ETA que pueda escapar a su control por las repercusiones
políticas que pueda encerrar, tomó el relevo a través de Lokarri y puso
en marcha un Foro Social que sugirió la posibilidad de que la banda
confiase su trayectoria de desarme no al Gobierno, como pretende porque
es con el único que quiere negociar las llamadas
consecuenciasdelconflicto, sino con los «agentes sociales vascos».
La respuesta al citado foro se espera para estas fechas aunque, si
ETA no ha cambiado de criterio, lo que tenía pensado en septiembre era
anunciar su «disposición» a «sellar» todos sus depósitos de armas y
«empoderar» al Grupo de Verificación Internacional para ser el testigo y
el garante. La condición que tenía pensado imponer para proceder al
cegado de esos arsenales era que el Ejecutivo de Rajoy reconozca, a su
vez, la validez de este Grupo, y establecer así una especie de
interlocución aunque sea indirecta.
El Gobierno sigue desconfiando de este gesto, cuya intención sería
desbloquear la situación de los presos y los huidos –la verdadera
preocupación de los etarras y, sobre todo, de la izquierda abertzale–
porque tiene en su poder datos que acreditarían que el sellado afectaría
a un número muy simbólico de armas y que no sería preludio de un
verdadero plan de desarme.
ETA tiene muy en cuenta el precedente irlandés. Tanto es así que ni
siquiera se fija en sus propios precedentes para el diseño de su futura
trayectoria. Precedentes como el de los poli milis–la rama escindida de
ETA militar en los 80–, que, cuando decretó su disolución, se negó de
forma expresa a realizar ninguna entrega de armamento.
En aquel proceso irlandés, el IRA acumuló armas y encendió una pira
con ellas ante los verificadores internacionales del desarme. En
realidad, fue un espejismo, un simbolismo porque el grueso de material
fue vendido por los terroristas irlandeses a otros terroristas para
sufragarse determinados gastos.
- Á. ESCRIVÁ MADRID
- 04/11/2013 ESPAÑA
Subfusiles en el comedero de las vacas y el archivo histórico de ETA
Los etarras tuvieron que pasar de grandes fábricas a zulos dispersos para protegerse
En las épocas más potentes de ETA, los dirigentes de la organización
terrorista guardaban sus arsenales en verdaderos almacenes y fábricas de
explosivos que tardaban mucho tiempo en ser detectadas por las Fuerzas
de Seguridad. Casas en las que excavaban ámplios sótanos a los que se
accedía por dispositivos hidráulicos y en los que escondían desde
misiles, morteros o lanzagranadas hasta los imanes de las bombas lapa.
Hubo operaciones muy importantes que dejaban coja por meses una parte de
su capacidad operativa. Como la efectuada en 1993 en la localidad de
Bidart, en un chalé comprado por ETA a nombre de un ingeniero francés.
Sin embargo, hubo una que se convirtió en un mazazo del que los
etarras no se pudieron recuperar. Después de muchos años de fantasear
con el gran elefante blanco, el mito de un zulo jamás detectado a pesar
de todos los esfuerzos –que algunos investigadores asimilaban a un gran
ordenador con todas las informaciones, el 2 de abril de 2004 la Guardia
Civil decidió reventar toda una red de almacenes. Efectuó siete
operaciones en un mismo día, bautizadas con los nombres de Roca,
Arsenal, Santiago, Kursaal, Doctor, Osbow y Lima.
Los agentes se habían pasado años vigilando de cerca a los
terroristas y los habían grabado. En una de las películas se ve a
Esparza Luri, entonces jefe de logística, junto a un Citröen verde
esperando a que llegue un enlace. El guardia civil con la cámara está a
unos 20 metros camuflado entre el suelo y la vegetación. Se ve cómo
Esparza está haciendo tiempo, hasta que al final se dirige hacia la
cámara, que ni se mueve, y que capta sus patadas a los matojos, en su
búsqueda de un claro para poder mear. Hasta que, de repente, llega el
enlace, abre el maletero de su coche y entre los dos terroristas cargan
el material con destino a un comando.
Los perros detectores de armas y explosivos llegaron a encontrar en
aquella operación subfusiles ocultos en un habitáculo dispuesto bajo el
comedero de las vacas de una de las granjas registradas y que sólo podía
ser abierto con unas ganzúas fabricadas con este fin.
En esa operación cayeron también, en un caserón entre maizales, los
dirigentes Antza y Anboto, y fue detectado un lugar del que no se tenía
noticia ni precedentes, era el lugar, la casa Sagardiena: la llamada
biblioteca de la banda, en la que hay grabaciones de todos sus
dirigentes realizadas por ellos mismos, documentación, datos sobre los
GAL y toda su historia que, todavía hoy, permanece en poder de Francia. A
partir de ahí, los terroristas cambiaron de sistema porque se sintieron
vulnerables y colocaron el material del que disponían por decenas de
zulos dispersos por los montes. Pero en 2009 la Policía Nacional realizó
una gran operación en la que fueron detectados y anulados más de una
docena de zulos, con más de 200 kilos de explosivos. Únicamente el robo
de Vauvert consiguió de nuevo aprovisionar de revólveres a los miembros
de la organización. Y tuvieron que irse por primera vez a Portugal a
crear una nueva fábrica cuyo hallazgo, en 2010, les hundió.
El robo de Vauvert se produjo cuando el Gobierno y ETA estaban
negociando, en 2006. Apenas habían pasado cuatro meses del inicio de la
tregua y una parte de la organización, la dirigida por Txeroki, ya había
decidido volver a atentar, aunque el Ejecutivo no lo sabía. El robo se
trató en una de las reuniones entre ETA y el Gobierno, en la que los
etarras, encima, se presentaron enfadados por los «incumplimientos» del
Ejecutivo y los representantes de éste amagaron con romper el diálogo.
No se atrevieron a cumplir esa amenaza. Al contrario, cuando la
organización les dio un ultimátum, llamaron al presidente y después se
sentaron y continuaron negociando.
‘Doctrina Parot’: el CGPJ culpa al Parlamento
> La portavoz del CGPJ, Gabriela Bravo, cree que «se ha intentado
encubrir cierta dejación de responsabilidades» por parte del Parlamento
en relación con la regularización de las redenciones por trabajo de los
presos de ETA, y que el problema de la sentencia del Tribunal Europeo de
Derechos Humanos sobre la ‘doctrina Parot’ no se encuentra en las
interpretaciones contradictorias realizadas por este órgano y nuestro
Tribunal Supremo.
> «Creo que el Parlamento podía haberse planteado hace ya muchos
años que este problema en un momento dado aparecería, al final del
cumplimiento de las condenas, y podrían haber modificado las mismas»,
dijo Bravo a Europa Press.