miércoles, 16 de octubre de 2013

Absuelven a los policías del Faisán de colaborar con ETA y sólo les condenan por revelar secretos

Año y medio de prisión

 Libertad Digital

La Audiencia Nacional ha condenado a Enrique Pamiés y José María Ballesteros a un año y medio de prisión y a cuatro años de inhabilitación.



Reveladora sentencia


 
Según la Audiencia Nacional, detrás del chivatazo a ETA hubo un delito de revelación de secretos pero no colaboración con la banda terrorista. Por esta razón, la Sección Tercera de la Sala de lo Penal ha condenado este miércoles al ex jefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamiés y al inspector jefe José María Ballesteros a un año y medio de prisión y cuatro años de inhabilitación por el soplo a ETA que se produjo el 4 de mayo de 2006 en el bar Faisán.
La red de financiación etarra -cuyo centro neurálgico era el bar Faisán (Irún)- estaba siendo investigada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desde el año 1998. Con el chivatazo se frustró la operación para detener a los responsables de la financiación de la banda terrorista.
No obstante, el tribunal que preside el magistrado Alfonso Guevara les absuelve del delito de colaboración con banda armada al justificar que el chivatazo se produjo después de que el Congreso de los Diputados el 17 de mayo de 2005 autorizase al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a negociar con la banda terrorista.
En este sentido, la resolución subraya que "no estamos ante una acción directa de los acusados para favorecer una actuación puntual de ETA o la actividad de la banda terrorista, sino que iba encaminada en un sentido distinto, pues la acción ejercitada fue guiada por la finalidad dentro del concepto de acción final, de que no se pudiera entorpecer el proceso que estaba en marcha para lograr el cese de la actividad de ETA".
Para absolver a Pamiés y Ballesteros de colaboración –un delito que conlleva penas de hasta diez años de cárcel-, los magistrados concluyen que en el presente caso no hubo una voluntad de realizar la conducta típica, la de favorecer la actividad de la banda terrorista (dolo intencional) cualquiera que sea el móvil.

El objetivo: "alcanzar la paz social"

La Sala añade que "la acción realizada por los acusados tendente a favorecer el proceso dirigido a hacer cesar la actividad de una organización armada (ETA) no puede considerarse que lesionó o puso en peligro el bien jurídico protegido" ya que según la Sección Tercera el bien jurídico protegido es la convivencia pacífica de los ciudadanos, o dicho de otro modo, "alcanzar la paz social"; algo que quedaría justificado con el proceso de negociación con la banda terrorista.
La Audiencia también rechaza aplicar en este caso la jurisprudencia que sostiene que para exista un delito de colaboración con banda armada no hay que compartir los fines o medios de la organización terrorista. "Consideramos que esta interpretación tan amplia no es aplicable en este caso" ya que el elemento del dolo de los acusados fue "totalmente distinto" al de favorecer la actividad de ETA.
Como hechos probados la resolución, con ponencia del magistrado Antonio Díaz Delgado, considera indubitado que el inspector José María Ballesteros fue quien pasó el teléfono a Elosúa dentro del bar Faisán el 4 de mayo de 2006 para advertirle de que se iba a producir la detención de los extorsionadores de ETA. La Sala llega al convencimiento de que "las personas que mantuvieron los contactos en el interior del bar Faisán eran policías, como lo son los dos acusados", siendo el exjefe superior Enrique Pamiés quien eligió a Ballesteros para dar el soplo.
Asimismo, la Audiencia explica que tras el análisis del registro de tráficos de llamadas de los teléfonos móviles, hay una concreta a las 11:23 donde no cabe duda de que la persona que le dio el móvil al dueño de Joseba Elosúa: "No puede ser otra que el acusado José María Ballesteros".
Para llegar a estas conclusiones, el tribunal apela a las "reglas de la lógica" y valora el contenido de la grabación entre Joseba Elosua y su yerno Carmelo Luquin en el que el primero advertía del soplo y el reconocimiento de Ballesteros de que estuvo en el 'Faisán', tal y como recogieron las cintas de videovigilancia de la policía.
De igual modo, considera "debilitada, por no decir poco creíble", la explicación ofrecida por Pamiés para justificar la presencia de Ballesteros en el 'Faisán', en referencia a la preparación de una cita que iba a mantener con un confidente etarra llamado 'El Romano'. Sin embargo, esta versión no fue ratificada en el juicio por el oficial de enlace entre la Unidad Central de Inteligencia (UCI) y la Gendarmería francesa ni por el comisario francés Cristian Pommes.

No ingresarán en prisión

De la misma manera, la sentencia sostiene que el interlocutor de la llamada con Elosúa, que le comunicó "la operación policial en marcha para detener el aparato de extorsión de ETA no puede ser otro que el acusado Enrique Pamiés". Por esta razón, el tribunal considera "autor material y directo de los hechos" a Pamiés mientras que a Ballesteros se le condena como "autor por cooperación necesaria" al contribuir al hecho criminal. Ambos han sido condenados a año y medio por revelación de secretos siendo la pena máxima para ese delito de tres años de cárcel.
En la resolución, el tribunal estima que el soplo del bar Faisán causó "un grave daño a la causa pública", independientemente de que dicho aparato de extorsión de ETA fuera detenido el 22 de junio de 2006 aunque en esa ocasión ya no se pudo incautar el dinero de la banda terrorista. Además, la Audiencia explica que "el obstaculizar y entorpecer una investigación policial en marcha conlleva la consiguiente pérdida de credibilidad de las instituciones públicas" por lo que los policías deben ser condenados por un delito de revelación de secretos.
Al no tener antecedentes penales y ser la condena menor de dos años los agentes no ingresarán en la cárcel y la inhabilitación no se hará efectiva hasta que la condena sea firme. Con esta sentencia se pone punto "final" a siete años de investigación judicial para un episodio entendido por una parte de la sociedad como uno de los mayores escándalos vividos en España en democracia. La propia Audiencia Nacional lo tildó en 2010 como un hecho 'de una gravedad sin precedentes en la historia de la lucha contra el terrorismo'. Contra esta sentencia cabe recurso ante el Tribunal Supremo.

martes, 15 de octubre de 2013

La Policía rompe el ‘muro’ del prófugo de Segi


  • PAMPLONA
  • 14/10/2013 ESPAÑA/El Mundo

  • Cientos de personas protegen en Pamplona a Goñi, condenado por el TS por terrorismo

    La estrategia de desacato continuado de las juventudes simpatizantes de ETA se visualizó ayer de nuevo en Pamplona, cuando centenares de personas formaron lo que ellos llaman un muro popular para impedir el arresto de Luis Goñi, condenado en julio por el Supremo a seis años de cárcel por pertenecer a la organización terrorista Segi, las nuevas generaciones de la banda.

    Sin embargo, la Policía pudo finalmente detener a Goñi ya de madrugada, con una intervención rápida que apenas duró cinco minutos, desarrollada prácticamente sin incidentes y durante la que no se produjeron más detenciones, informaron fuentes del Ministerio del Interior. Tras el arresto, la delegada del Gobierno en Navarra, Carmen Alba, felicitó a los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que intervinieron en la detención de Luis Goñi. Alba recordó que «el Gobierno de España trabaja para que todo aquel que cometa delitos relacionados con el terrorismo pase a disposición judicial y cumpla las penas correspondientes», informó Efe.

    Goñi permanecía prófugo de la Justicia desde que se le notificó la sentencia y había anunciado este miércoles su reaparición a través de un vídeo difundido por otro movimiento del entorno abertzale: Herri Harresia (en castellano, precisamente, Muro Popular).

    Después de una manifestación por las calles de Pamplona con los lemas habituales, Goñi llegó a las 14.30 horas a la plaza de la Navarrería rodeado de familiares y entre aplausos y gritos de ánimo de cientos de personas que inmediatamente lo rodearon para evitar su arresto. El aludido tomó la palabra y, con un megáfono, agradeció la compañía y el apoyo. Allí se quedaron, unos y otros, a la espera de la Policía, que rompió el muro humano alrededor de la una y media de la madrugada.

    La izquierda radical independentista vinculada a ETA ha protagonizado ya con la de ayer tres algaradas muy similares destinadas a escenificar su desafío a las decisiones de la Justicia y su apoyo a las juventudes de la banda. Especialmente sonada fue la del pasado mes de mayo en Ondárroa (Vizcaya), cuando el muro popular protegió varios días a la terrorista de Segi Urtza Alkorta en un puente de la localidad, contando incluso con el respaldo presencial de los principales dirigentes de EH Bildu, como su portavoz, Laura Mintegi. Antes, en abril, 500 personas obstaculizaron en el bulevar de San Sebastián el arresto de ocho miembros del movimiento radical juvenil.

    Precisamente hoy, la Audiencia Nacional comienza a juzgar en su sede de San Fernando de Henares (Madrid) a 41 presuntos dirigentes y miembros de Segi a los que se imputa un delito de integración en organización terrorista por constituir, según el juez instructor, Fernando Grande-Marlaska, la «academia terrorista» de ETA.

    viernes, 4 de octubre de 2013

    EH Bildu eleva el tono en la Cámara vasca


    Llama «fascista» a Borja Sémper (PP) ante la pasividad de la presidenta nacionalista

    La entrada de los representantes de EH Bildu al Parlamento Vasco con la camiseta de Herrira fue la primera imagen de un Pleno que, aun trufado de constantes apelaciones a la convivencia entre vascos, dejó ver el endurecimiento del discurso y las formas que la izquierda abertzale está mostrando en la Cámara de Vitoria. El ejemplo más claro ocurrió a mediodía, cuando alguien desde esta bancada, identificado por el PP como Hasier Arraiz, presidente de Sortu, gritó «¡fascista!» a Borja Sémper.

    El Pleno debatía sobre la propuesta de PNV y PSE de crear un Instituto de la Memoria y la Convivencia llamado a coordinar las políticas públicas en torno a las vulneraciones de derechos humanos habidas desde la Guerra Civil hasta la actualidad, incluyendo la dictadura, ETA y el «contraterrorismo ilícito». EH Bildu había anunciado su respaldo crítico al texto, y el PP y UPyD su voto en contra aunque con la voluntad de plantear enmiendas parciales.

    En la última intervención del debate, el portavoz popular se dirigió al de EH Bildu: «No es cierto, señor [Julen] Arzuaga. No tuvo la misma responsabilidad el que me quiso asesinar a mí que yo. No tuvo la misma responsabilidad usted, que justificaba políticamente los asesinatos de ETA, que el resto de esta Cámara, que nunca justificamos ningún atentado». En EH Bildu algunos sonrieron –«no se sonrojaban cuando ETA asesinaba y tenían que justificarlo, cómo se van a sonrojar ahora que tienen que justificar lo que ETA hizo cuando ya no mata»– y Sémper miró otra vez al ex abogado de presos, que había contrapuesto la «violencia» del Gobierno en su operación contra Herrira con la «voluntad de desarme» manifestada por ETA.

    «ETA no ha mostrado ninguna voluntad, señor Arzuaga. ETA ha sido derrotada. Y lo mismo que ha sido derrotada ETA militarmente, van a ser derrotadas por el Estado de Derecho las ideas que ha defendido ETA. No les quepa la menor duda». Ahí se oyó el grito: «¡Fascista!». Sémper se quejó a la presidenta: «¿Va a permitir usted, que me llame fascista?», a lo que Bakartxo Tejeria ni siquiera respondió.

    Ante su indiferencia, Gorka Maneiro (UPyD) se levantó y se quejó por el insulto «a un parlamentario absolutamente democrático». Sémper volvió a pedir a la presidenta que exigiera la retirada del insulto, por la «dignidad» de la Cámara. Tejeria le contestó que entonces habría que borrar la palabra fascista de las actas de los plenos anteriores. «¿Está de acuerdo? ¿No? Pues se queda como está», le espetó en euskera. Curiosamente, una hora y media después, Tejeria daba otra versión: no había actuado porque no había oído el insulto ni podía identificar al responsable.

    Para cuando llegó la «aclaración», el PP ya había preparado un escrito formal en el que denuncia la «dejación» de sus responsabilidades ante la «intimidación» sufrida por Sémper y pide que Tejeria inicie un expediente sancionador por infracción leve contra Arraiz o quien corresponda, que podría implicar su suspensión durante un máximo de un mes. Iñaki Oyarzabal fue más allá al cargar contra «la actitud penosa» del PNV. Preguntó: «¿Se construye la convivencia mirando para otro lado?».

    Torturas «impunes» y Ertzaintza

    > Toda la Cámara salvo EH Bildu aprobó un texto que valora el compromiso de la Ertzaintza desde su origen en la defensa de la democracia y la libertad. La coalición votó ‘no’ porque, según Pello Urizar, los agentes han torturado con «impunidad». El PNV puso el grito en el cielo pero se unió a ellos para rechazar que su Plan de Paz tenga que incluir este reconocimiento.

    La presidenta

    En su legislatura inaugural, el primer presidente del Parlamento vasco, Juan José Pujana, era muy estricto para guardar el orden de la cámara. Durante un debate sobre la Central de Lemóniz, el único parlamentario del Partido Comunista de Euskadi, Roberto Lertxundi, se refirió a Santiago Griñó, uno de los dos parlamentarios de Alianza Popular que compartían con Lertxundi el Grupo Mixto, como «mi tovarich Griñó».
    «Señor Lertxundi», tronó Pujana, «haga el favor de retirar ese apelativo por el decoro de la Cámara». Tuvo que explicar Griñó al airado presidente que tovarich era un término ruso que significa camarada, apelativo afectuoso que «yo le acepto y le agradezco». No era Pujana uno de los presidentes más romos que ha tenido el Parlamento vasco y tenía una cultura de hechuras clásicas, pero su especialidad era el griego, más que el ruso; no se puede estar en todo.

    Han presidido el Parlamento siete hombres y mujeres entre Pujana y la de ahora. Bakartxo Tejeria debe de tener otros saberes y capacidades, pero su fuerte no es la capacidad de discernimiento. Se debatía la creación del Instituto de la Memoria y la Convivencia, asunto muy apropiado para que el presidente de Sortu, antiguo y nuevo batasuno, le gritara desde su escaño «fascista» al portavoz de los populares vascos, Borja Sémper, al término de su intervención.

    El interpelado se volvió hacia la presidenta y preguntó: «¿Va usted a permitir que se me llame fascista en el Parlamento vasco?» Tejería se hizo la sorda y siguió con la sesión cuando el diputado Maneiro denunció que «un representante de EH Bildu ha llamado fascista a un parlamentario absolutamente democrático». La presidenta le hizo saber que no tenía la palabra y le ordenó sentarse. El insultado Sémper se dirigió a la presidenta para pedirle que se retirara la expresión «fascista», por la dignidad de la Cámara.

    Y entonces ella brilló con la luz propia que irradian los astros y advirtió que habría que retirar todo lo que se ha dicho en otras sesiones, confundiendo el insulto desde el escaño con la crítica desde la tribuna, la censura a un parlamentario sin civilizar con quemar los diarios de sesiones. Además, añadió después del incidente, ella no había «escuchado» el insulto. Evidentemente quiso decir «oído».

    Pujana no sabía lo que quería decir tovarich, pero tenía una idea de lo que era el decoro de la Cámara y conocía el artículo 120 del Reglamento que lo amparaba. Tejería no parece conocer el reglamento y siempre lo mal aplica en el mismo sentido. Al final de la jornada, Egibar y Mintegi, pareja ideal, –juntos de la mano se les ve por el jardín–, suscribían una resolución conjunta contra la operación policial que desmanteló Herrira.

    Antes habían votado juntos que la Cámara anime a la Policía a mantener su compromiso con la legalidad democrática, como si hiciera falta semejante cosa. Pello Urizar, ex secretario general de EA, y ahora menestral de Bildu, denunció «la impunidad policial» que ha existido durante años, seguramente cuando él era socio del PNV en Lakua y compartían tareas de Gobierno. Y también responsabilidades, claro.

    El senador de Bildu Iñaki Goyoaga defiende a dos detenidos de Herrira

    El fiscal pide 14 prisiones incondicionales y el juez acuerda cuatro eludibles bajo fianza

    El senador de Bildu Iñaki Goyoaga defendió ayer en la Audiencia Nacional a dos de los 18 detenidos en la operación del pasado lunes contra Herrira, la red de apoyo a presos de ETA. Goyoaga accedió a la Cámara Alta el pasado mes de enero con gran polémica, ya que la Policía y la Fiscalía le sitúan en Halboka, el frente de abogados de ETA, con unas actividades muy próximas a las de Herrira. El senador ha sido abogado habitual de etarras y fue absuelto de terrorismo hace menos de un año.

    A lo largo de la jornada, el fiscal Miguel Ángel Carballo fue pidiendo el ingreso en prisión incondicional de 14 de los detenidos. Finalmente, el juez Eloy Velasco acordó enviar a cuatro a prisión eludible bajo fianza de 20.000 euros. Los afectados, que preguntaron si podían pagar en efectivo en ese instante, quedaron libres a las pocas horas.

    Todos los detenidos deben presentarse quincenalmente en comisaría y tienen prohibido salir de España y participar en actos de enaltecimiento u otros que puedan interpretarse como de control de presos etarras, según lo autos dictados ayer por Velasco. Todos están imputados por pertenencia a organización terrorista, financiación terrorista y actos de enaltecimiento del terrorismo. Según la Guardia Civil, la Fiscalía de la Audiencia y el juez, Herrira fue la organización encargada de sustituir a las ilegalizadas Gestoras pro Amnistía y Askatasuna. Los cuatro que Eloy envió a prisión (Jon Garay, José Manuel Ugartemendia, Jesús María Aldumberri y Nagore García) son quienes más se habían significado en las actividades de Herrira.

    En las comparecencias, el fiscal advirtió a los detenidos que si participaban en alguno de los habituales actos de recibimiento o apoyo a etarras que organiza Herrira pediría otra vista para reclamar su ingreso en prisión.

    Según explicaron fuentes jurídicas, los detenidos se negaron a responder al juez y al fiscal. Solo dijeron que no pertenecían a ninguna organización terrorista y que sus actividad en Herrira no estaban dirigida a enaltecer el terrorismo.

    En algunos casos, esas afirmaciones eran significativas. Uno de ellos tiene una condena suspendida por hacer pintadas a favor de ETA. En cuanto a los defendidos por Goyoaga, Antonio Fernández Hernando fue condenado en 1984 a 28 años de prisión por asesinato y otros delitos terroristas. El otro representado por el senador fue Ibon Meñika, condenado en dos ocasiones en la Audiencia, la última por pertenencia a organización terrorista. Ellos fueron dos de los 14 para los que el fiscal Carballo pidió prisión incondicional.

    A pocos metros de la Audiencia, un grupo de amigos y familiares aguardaban a los detenidos, que iban saliendo con cara de susto, tras haber escuchado al fiscal pedir su encarcelamiento. También se desplazaron hasta el tribunal para apoyarles los miembros de Amaiur Xabier Mikel Errekondo y Txelui Moreno.

    Además de afirmar que «ETA no se plantea su disolución», el informe de la Guardia Civil que desencadenó al operación indica que, desde la tregua, la banda «exige una negociación técnica con el Ejecutivo, en la que se reserva los dos aspectos fundamentales que permanecen bajo su estricto control: los presos y las armas». En ese contexto sitúa a Herrira, que el año pasado «se presentó públicamente como organización referente y dinamizadora del ámbito de apoyo a presos de ETA en el exterior de las cárceles».

    jueves, 3 de octubre de 2013

    Las testigos del 11-M rehúsan aclarar su versión ante la juez

    No contestaron a ninguna de sus preguntas, ni tampoco al fiscal ni a las acusaciones. Su abogado no las interrogó

    NO quisieron responder a las acusaciones que representan a Jamal Zougam y a su familia, lo que era previsible. Lo era mucho menos que rehusaran contestar también a la juez y a la fiscal, silencio llamativo tratándose de un procedimiento por posible falso testimonio. La estrategia de defensa se completó cuando su abogado ni siquiera las interrogó para que aclarasen su versión acerca de los nuevos hechos que han motivado su imputación. Las testigos rumanas del 11-M C-65 y J-70 comparecieron ayer como imputadas y se limitaron a ratificar que vieron a Zougam en el tren, pero evitaron solventar las sospechas que la Audiencia de Madrid proyecta sobre la credibilidad de la prueba de cargo contra el único condenado por colocar las bombas en el mayor atentado de nuestra Historia.
    Las dos mujeres llegaron a los juzgados de la plaza de Castilla protegidas por un despliegue de seguridad específico para su traslado. La juez llamó primero a J-70, que apareció con el rostro cubierto por un pañuelo. La testigo anunció que pensaba acogerse a su derecho a no declarar, con el siguiente mensaje: «Señoría, soy víctima del 11-M. Llevo 10 años sufriendo mentiras y me ratifico en todo lo que dije en el juicio». Al mismo tiempo, entregó una prenda de abrigo que, según aseguró, era la que vestía el día de la matanza, con el objetivo de acreditar que, efectivamente, estuvo allí. Ninguna de las acusaciones había cuestionado esa circunstancia, que además es inatacable.

    Después, entró la C-65, que repitió idéntico entrecomillado. En total, la diligencia se prolongó durante poco más de 40 minutos, incluyendo el retraso de media hora con el que dio comienzo. A continuación, se celebró una vista de medidas cautelares. Los abogados de Jamal Zougam, Eduardo García Peña y Francisco Andújar, pidieron libertad provisional bajo fianza de 10.000 euros, prohibición de salir de España, retirada del pasaporte y la obligación de comparecer semanalmente en el juzgado, con el argumento principal de la falta de colaboración de las imputadas para resolver un asunto que afecta a las expectativas de un recluso condenado a pasar 40 años en prisión.

    No fue ninguna sorpresa que la fiscal Rosa Mayoral se opusiera ni que lo hiciese el abogado defensor, Gonzalo Boye, como tampoco lo fue que la juez Belén Sánchez las denegara, al no apreciar riesgo de fuga y al considerar que el silencio en el interrogatorio no puede interpretarse en contra del imputado en la fase de instrucción. Y así es: otra cosa sería que esta misma estrategia se repitiera en el acto del juicio oral, hacia el que camina lentamente el procedimiento. La ausencia de explicaciones por parte de las imputadas aboca a la juez a agotar la investigación y a decidir en ese momento si eleva el asunto a un juzgado de lo Penal.

    Lo que sin duda evitaron ayer las testigos fue incurrir en alguna nueva contradicción entre ellas o en ofrecer alguna explicación de su peripecia que deje en mal lugar los nuevos documentos que lleguen al procedimiento o las próximas testificales.

    En el juicio del 11-M, no pudo preguntarse a la testigo C-65, porque no se conocía, si es cierto que fue remitida a la Policía desde el Consulado, donde, según aseguran fuentes de la investigación a este diario, afirmó que el 11-M viajaba con una mujer que no es J-70 y que la acompañaba en ese momento. O por qué su marido fue herido en un tren distinto al suyo, si hacían el mismo recorrido, y cómo es posible que su hermano fuera expulsado del procedimiento si aquél les dijo a los forenses que los dos iban juntos. Para resolver estas dudas había una oportunidad ayer que la testigo no quiso aprovechar.

    Del mismo modo, tampoco se pudo preguntar en el juicio del 11-M a la testigo J-70 si el hecho de haber sido rechazada como víctima tuvo alguna importancia para que se decidiera por fin a denunciar a Jamal Zougam, lo que sucedió 11 meses después del atentado tras múltiples trámites ante autoridades del Ministerio del Interior en los que no dijo haber visto a un terrorista en el tren, pero sólo 11 días después de recibir la notificación de que se quedaba fuera del derecho a las indemnizaciones y los papeles. Ayer podía haberlo aclarado, pero prefirió no hacerlo.

    Las circunstancias que se relatan en los párrafos precedentes son las «nuevas revelaciones que no pudieron ser tenidas en cuenta por el tribunal» del 11-M a las que se refería la Audiencia de Madrid cuando ordenó admitir la querella de Jamal Zougam contra las dos mujeres.

    La Audiencia mandó investigar si las testigos «pudieron confabularse con la finalidad de alcanzar ciertos beneficios personales y económicos faltando a la verdad en las manifestaciones que realizaron en la vista del juicio oral», y advertía de que Zougam recibió «una pena de extrema gravedad con fundamento, precisamente, en las declaraciones que ahora se reputan falsas y cuya falsedad, de resultar acreditada, daría lugar a la revisión» de la condena.

    Los autores del artefacto de El Pilar pueden ser los de La Almudena... o no

    La explosión de una bombona de camping gas en misa hirió levemente a una mujer

    Un artefacto de fabricación casera, elaborado con una bombona de camping gas, explosionó ayer en la basílica del Pilar de Zaragoza. En el momento de la explosión, que se produjo en la llamada vía sacra, entre el órgano y el altar mayor, a las 13.45 horas, el templo estaba abierto al público y finalizaba una de las misas.

    Sólo hubo un herido leve, una mujer que fue atendida al sufrir daños en el oído por el estallido. También se registraron desperfectos de diversa consideración en algunos bancos y en la parte posterior del altar, mientras que el suelo aparecía renegrido por el abundante humo.

    La basílica fue desalojada, al igual que la plaza del Pilar, el edificio del Ayuntamiento, los juzgados y los bares y comercios próximos. Se acordonó la zona y algunas calles fueron cortadas al tráfico hasta las 16.00 horas. El Cabildo lamentó y condenó «de forma contundente» la acción, mientras que la Delegación del Gobierno en Aragón transmitió un mensaje de tranquilidad a los ciudadanos en el que resaltó que la explosión del Pilar es un hecho aislado.

    Según fuentes de la investigación, el explosivo de ayer es similar al desactivado el pasado 7 de febrero en la catedral de La Almudena, en Madrid. Estaba compuesto por un detonador y 1.200 gramos de pólvora. Entonces, la colocación fue asumida por un grupo anarquista autodenominado Comando Insurreccionalista Mateo Morral que, en su reivindicación, indicó que el objetivo de la acción era «dar caña a la Monarquía borbónica en sus lugares sagrados». La investigación no contará con imágenes de los autores porque las cámaras instaladas no funcionaban.

    miércoles, 2 de octubre de 2013

    Bildu señala como ‘enemigos del pueblo’ a PP-PSE


    Garitano recupera el discurso ‘abertzale’ más duro por las detenciones de Herrira

    Diez minutos de incendiaria batalla política y hora y media de autocomplacencia por su gestión al frente de la Diputación. La intervención del diputado general de Guipúzcoa, Martin Garitano (Bildu), en el Pleno de política general de ayer en las Juntas Generales evidenció una vuelta de la izquierda abertzale a su segregador discurso del pasado, ése que tacha de enemigos del pueblo a PSE y PP y le exime a ellos de cualquier responsabilidad en toda la historia de violencia vivida en el País Vasco.

    La excusa utilizada para esta vuelta a su histórico victimismo ha sido la operación policial contra el colectivo de apoyo a los presos de ETA Herrira. Al hilo de las detenciones, el diputado general lideró esta vuelta a los mensajes de los tiempos del Pacto de Lizarra con un duro y visceral discurso en el que apuntó a PP y PSE como enemigos, al acusarles de ser «responsables» del «sufrimiento» del País Vasco y de «intentar arruinar la paz» con el impulso a «su estrategia de Estado para que este país no avance» hacia la paz y la libertad.

    «Usan palabras como democracia, paz, libertad e interés de la ciudadanía ¡Es mentira! Defienden la democracia de la Guardia Civil, quieren ahogar a este pueblo. Tienen miedo de que su España quede arruinada. Los vascos tienen derecho a decidir y, a falta de razón, reparten sufrimiento y dolor», aseveró Garitano.

    En sus acusaciones, denunció que «no es justo ni legítimo» que PP y PSE hagan «sufrir tanto a la ciudadanía» e intenten «acabar con nuestras sonrisas» con una oferta que se basa en «operaciones policiales y en arruinar la oferta de paz de este pueblo».

    Ante esta estrategia que busca tratar de «reventar y hacer saltar por los aires la convivencia» y la «situación de ilusión» que se ha generado en Euskadi, Garitano tendió la mano al PNV para dejar al margen las «diferencias y partidismos» y «responder como pueblo» a las «intolerables» operaciones policiales.

    Pero los peneuvistas no tardaron en rechazar este ofrecimiento ya que, según censuró su portavoz en las Juntas Generales, Markel Olano, Bildu ha roto la «mínima confianza» para una colaboración con su permanente «confrontación», que incluye descalificaciones personales.

    Antes de esta respuesta, Garitano, quien portaba en la solapa de la chaqueta un distintivo de apoyo a los presos de ETA, quiso dejar claro al Gobierno y a la Guardia Civil que, pese a las detenciones del lunes, «han perdido», ya que «han chocado contra el muro de la ciudadanía» vasca. «Los vamos a arrojar de este país. No los queremos, no los necesitamos, vamos a construir nuestro pueblo en paz y libertad», enfatizó.

    A la vista de su incendiario discurso, PP y PSE coincidieron en su respuesta de que las relaciones con Bildu han quedado heridas de muerte. La más explícita fue la portavoz socialista, Rafaela Romero, quien advirtió a Garitano que si no rectificaba su intervención «miserable y cargada de odio», quedarían «rotos todos los puentes» con su partido. «No vamos a permitir que señale a los socialistas como enemigos del pueblo vasco. No le hemos tenido miedo a Franco, ni a ETA, ni tampoco a Garitano ni a las acusaciones que nos haga», denunció indignada.

    Pero este aviso no tuvo ningún efecto en el diputado general, que en su turno de réplica se reafirmó en su «gravísima denuncia». Aseguró estar «muy cabreado» y «lleno de ira», si bien el tono fue más relajado que en su intervención matinal. El PSE no declaró rotas las relaciones con Bildu como tal, pero Romero sí alertó de que mientras no haya una rectificación «con los socialistas no avanzará mucho camino».

    El PP, por su parte, afirmó que la «estrategia de la provocación» del diputado general supone un regreso «a los tiempos más oscuros de la Euskadi negra y de plomo» y dificulta cualquier entendimiento. Su portavoz, Juan Carlos Cano, fue explícito y afirmó que Bildu necesitará «algo más que tiritas» para restablecer las relaciones.
    Por su parte, los 18 detenidos en la operación llevada a cabo en las sedes de Herrira comenzarán a partir de mañana a pasar a disposición del magistrado de la Audiencia Nacional Eloy Velasco. A todos ellos se les imputan los delitos de integración en banda armada, enaltecimiento y financiación del terrorismo.

    Una provocación

    El portavoz del Gobierno vasco y el presidente del partido que lo sustenta han coincidido al calificar la operación policial que desmanteló Herrira, el aparato de apoyo a los terroristas presos que sustituye a las Gestoras pro Amnistía. «Es una mala noticia», «un paso atrás» al que ellos se oponen, imaginándose Cristo entre los dos ladrones, con una posición críticamente equidistante entre ETA y el Gobierno del PP, exigiendo responsabilidades: a ETA que se disuelva; al Gobierno para que allane obstáculos.

    En realidad, Cristo no era equidistante; estaba más con Dimas, que era el buen ladrón. En realidad, los dirigentes del partido-guía estaban más cerca de la histeria del ama de casa de clase media-baja, un suponer, la madre de Manolito Gafotas: «Entre uno y otro me estáis volviendo loca. Un día voy a coger esa puerta y no me volvéis a ver el pelo».

    El 19 de junio de 2008, el Parlamento vasco aprobó la Ley 4/2008 de Reconocimiento y Reparación a las Víctimas del Terrorismo por 66 votos a favor (PNV, PSE, PP, EB, Aralar) y nueve en contra de EHAK (Partido Comunista de las Tierras Vascas), marca con la que Batasuna había burlado la ilegalización en 2005.

    El lehendakari era Ibarretxe; su consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, hoy miembro de Bildu; el presidente de su partido, Iñigo Urkullu; el presidente del BBB, Andoni Ortuzar. Ninguno de ellos parece acordarse de lo que aprobaron sus parlamentarios aquel 19 de junio en el que se cumplía el 21º aniversario del atentado de Hipercor. La Ley de Víctimas establecía en su artículo 4.b lo siguiente:

    «[Los poderes públicos] Adoptarán medidas apropiadas para garantizar la seguridad, el bienestar físico y psicológico y la intimidad de las víctimas y sus familiares y, en particular, para prevenir y evitar la realización de actos efectuados en público que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas o de sus familiares, exaltación del terrorismo, homenaje o concesión pública de distinciones a los terroristas, y actuarán de manera especial contra las pintadas y carteles de tal índole, y, en su caso, investigarán aquellos que puedan ser constitutivos de infracción penal, quedando abierta la posibilidad del ejercicio de la acción popular por la Administración de la Comunidad Autónoma del País Vasco para la defensa de este derecho».

    Herrira. Andoni Ortuzar debería leer con alguna atención el párrafo anterior, para reconsiderar algunas de sus declaraciones de ayer. Sostener que entre el Estado y ETA hay una partida de ajedrez en tablas (tablas infinitas, además) es bastante incompatible con la idea establecida de una ETA derrotada que abandona unilateralmente la actividad armada. Están dispuestos a jurar que no van a volver, y harían mejor en disolverse, pero el Gobierno no puede empeñarse en el cumplimiento de la Ley de Víctimas, esa provocación que aprobamos todos nosotros. Incluso Eguiguren.

    Interior calificó a una testigo del 11-M como ‘bastante dudosa’

    Los médicos rechazaron a J-70 como víctima porque no estaba «acreditada» ni su lesión ni su presencia en los trenes

    La testigo de nacionalidad rumana identificada como J-70, que fue clave para determinar la condena de Jamal Zougam como único autor material del 11-M, había sido calificada como víctima «bastante dudosa» por los médicos del Ministerio del Interior, que acabaron rechazándola y cerrándole las puertas a las indemnizaciones y a la regularización. El departamento que dirige Jorge Fernández ha remitido al juzgado su expediente completo, en el que se confirman y amplían todos los extremos publicados por este periódico, que eran desconocidos para el tribunal del 11-M cuando valoró su fiabilidad. Precisamente hoy, J-70 y su compañera C-65 comparecen como imputadas por falso testimonio.
    La documentación enviada por Interior a petición de los abogados Eduardo García Peña y Francisco Andújar revela que J-70 recibió por correo certificado en su domicilio la notificación de la negativa el 27 de enero de 2005. Sólo 11 días después, el 7 de febrero, acudió a la Audiencia Nacional y afirmó que había visto a un terrorista en el tren –lo que nunca antes había dicho en múltiples trámites ante la Policía y otras instituciones, e incluso una abogada– y que sería capaz de reconocerlo aunque hubieran pasado casi 11 meses desde el atentado. Culpó a Zougam, fue incluida por los forenses en el listado de víctimas y recibió una compensación de 48.000 euros.

    El testimonio de J-70 fue clave, porque sirvió para corroborar el de la amiga con la que asegura que viajaba en el tren de Santa Eugenia, la testigo C-65, que había acudido a denunciar al marroquí mucho antes: el 1 de abril de 2004. En esa declaración policial, C-65 no dijo que fuese acompañada por J-70, como tampoco lo dijo después, el 20 de mayo de 2004, ante el juez instructor del 11-M, Juan del Olmo.

    Zougam, la única persona a la que el tribunal halló culpable de colocar las bombas del 11-M, fue condenado a 40 años efectivos de cárcel bajo la única prueba de cargo, según admite el Supremo, del testimonio de dos personas que aseguran haberle visto con una mochila en el tren de Santa Eugenia: las testigos C-65 y J-70 (que en el juicio sí dijeron que iban juntas, en el quinto vagón). La Audiencia también consideró testigo de cargo a R-10 (un hombre, también rumano, que ni siquiera compareció en el juicio), pero el Supremo rebajó su importancia.

    En la primera comparecencia de J-70 en la Audiencia Nacional, que se produjo el 7 de febrero de 2005 ante el secretario judicial en la Oficina de Víctimas, la testigo aseguró que el terrorista «llevaba gafas y una gorra», circunstancias de las que nada había dicho su amiga C-65 en sus declaraciones anteriores.

    Dos abogados defensores intentaron durante el juicio del 11-M preguntar a J-70 acerca de su tardanza en declarar, lo que fue impedido por el presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, con el argumento de que «está en el sumario» que «esta testigo no aparece hasta que la reconocen en la Oficina de Víctimas».

    En realidad, había estado lejos de permanecer pasiva durante los 11 meses que transcurren desde el atentado hasta que acude a la Audiencia Nacional. Antes al contrario, pocos días después del 11-M ya solicitó en la Delegación del Gobierno sendos permisos de residencia y de trabajo provisionales, al amparo del decreto extraordinario del Ejecutivo de Aznar para inmigrantes irregulares que fuesen víctimas del atentado.

    Después, según el expediente del Ministerio del Interior, el 20 de julio de 2004 se desplazó personalmente a la sede de la Dirección General de la Policía para reclamar una indemnización y la regularización (o, en su caso, la nacionalidad). Aportó un parte médico fechado el 12 de marzo de 2004 y un justificante de ausencia en sus tareas de limpieza desde el 11 al 31 de marzo, firmado por la persona a la que prestaba ese servicio.

    Pocos días después, una abogada de Madrid presentó en el sumario del 11-M un escrito firmado por J-70 en el que solicitaba personarse como perjudicada.

    El 3 de agosto de 2004, los médicos que instruían ese expediente en el Ministerio del Interior emitieron un dictamen en el que consideraron «bastante dudosa la necesaria relación causal entre el atentado y las lesiones que manifiesta padecer la interesada». En septiembre, la testigo fue examinada por el Equipo de Valoración de Incapacidades que concluyó, nuevamente, que «no ha quedado acreditado el nexo causal entre las lesiones y los hechos de naturaleza terrorista».

    En esa situación, el jefe de la unidad instructora decidió el 27 de octubre ofrecer a J-70 la posibilidad de realizar alegaciones. La testigo lo hizo días después y entregó la misma documentación, además de una fotografía tomada en la estación de Santa Eugenia en la mañana del 11-M en la que ella asegura que puede vérsele junto a su amiga, la testigo C-65. Esa instantánea también obra en poder de este diario.

    La propuesta de resolución que emitieron los técnicos fue exactamente la misma. El 24 de enero de 2005, la subsecretaria del Interior, Soledad López, resolvió finalmente que «no ha quedado acreditada ni la existencia de lesión indemnizable al amparo de la normativa expuesta, ni la necesaria relación de causalidad con el hecho terrorista cometido el día 11 de marzo de 2004». El 27 de enero, J-70 recibió la notificación por correo certificado.

    Lo relevante, más allá de su consideración inatacable como víctima de los atentados que después de declarar contra Zougam sí consideraron probada los forenses de la Audiencia Nacional, es que durante todos los trámites expresados, la mayoría llevada a cabo personalmente, la testigo nunca dijo que hubiese visto a un terrorista en el tren. Según explicó ella misma a este diario, no lo hizo porque «tenía miedo». Once días después de ser rechazada como víctima, se decidió sin embargo a testificar.

    La defensa del marroquí no tuvo acceso durante la instrucción y el juicio del 11-M a esta información. El Tribunal Supremo admitió en su sentencia que habría sido relevante conocer por qué tardó 11 meses en declarar por primera vez: «En lo que se refiere a la testigo J-70, es cierto que la tardanza en comparecer a declarar, sin que su existencia se hubiera puesto de manifiesto por la otra testigo cuando, según declaran, viajaban juntas, puede introducir ciertas dudas acerca de las razones de su pasividad inicial, y de su presencia y actividad testifical posterior. Es forzoso reconocer que puede responder a razones perfectamente comprensibles. [...]. Para concluir que la conducta de la testigo no admite explicación razonable, es preciso, siendo posible, habérsela requerido, y que la que aporta no pueda admitirse desde perspectivas de racionalidad».

    Sin embargo, sí que se le requirió esa explicación durante el juicio, en dos ocasiones, y en ambas el presidente del tribunal impidió su respuesta.