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sábado, 19 de marzo de 2011

Revés de Estrasburgo al laicismo masónico: Los crucifijos en las escuelas no violan los derechos humanos


Alerta Digital

Revés al laicismo masónico. Italia ha vencido la batalla jurídica de los crucifijos en las escuelas. La Gran Sala del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha decidido que exhibir las cruces en las aulas no viola el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus creencias y el de la libertad de pensamiento y religión de los alumnos.

La sentencia, que ha salido adelante con 15 votos a favor y dos en contra, señala que Italia no infringe el Convenio Europeo de Derechos Humanos y actúa dentro de los límites en el ejercicio de sus funciones en el terreno de la enseñanza, al mantener los crucifijos en las escuelas públicas. El fallo pone fin al caso Lautsi.

Los 17 magistrados de la Gran Sala han adoptado esta decisión tras revisar una sentencia previa del propio Tribunal de Estrasburgo, de noviembre de 2009, que estableció que la presencia obligatoria de crucifijos en las aulas públicas era contraria a los derechos de padres y alumnos.

La sentencia de la Gran Sala conocida este viernes es firme y contra la misma no cabe recurso, y llega después de que el Colegio de cinco jueces de la Gran Sala aceptara la petición del Gobierno italiano de que esa instancia reexaminara el caso. Los jueces que han firmado el fallo son los elegidos a título de Francia, Grecia, Reino Unido, Dinamarca, Andorra, Malta, Eslovenia, Croacia, Estonia, Rusia, Noruega, Finlandia, Suiza, Chipre, Irlanda, Bulgaria e Italia; ninguno de ellos participó en la anterior sentencia.

La demanda contra la presencia de la cruz en el aula fue presentada en Estrasburgo en julio de 2006 por Soile Lautsi, una ciudadana italiana residente en Abano Terme (a 55 kilómetros de Venecia) con sus dos hijos, que entonces tenían 11 y 13 años y que en el curso 2001-2002 estuvieron matriculados en el instituto público Vittorino da Feltre de esa localidad. Defensora del principio de secularidad, Lautsi presentó sin éxito una reclamación en el centro al comprobar que cada clase exhibía un crucifijo. Posteriormente, llevó su reclamación a las autoridades regionales, que elevaron el caso al Tribunal Constitucional.

En diciembre de 2004, ese tribunal dijo no tener jurisdicción sobre el asunto, pero un tribunal administrativo falló después contra la demandante, al entender que el crucifijo es un símbolo “de la identidad italiana”, así como de los principios de igualdad, libertad y tolerancia. La sentencia de la Sala del Tribunal de Estrasburgo apoyó posteriormente a Lautsi, al afirmar que la presencia del crucifijo en las aulas públicas “podría interpretarse fácilmente por alumnos de todas las edades como un signo religioso” que podría resultar “molesto” para los practicantes de otras religiones o los ateos. Según el fallo, “el Estado debía abstenerse de imponer creencias, incluso indirectamente, en lugares con personas a su cargo o particularmente vulnerables” y “se debía observar una neutralidad confesional en el contexto de la educación pública”.

La Gran Sala celebró el pasado 30 de junio una vista en la que diez Estados apoyaron a Italia y en la que el representante de esas naciones, John Weiler,de confesión judía, afirmó que el crucifijo es un símbolo tanto nacional como religioso, “respetado también por la población laica”. Los representantes italianos señalaron en esa audiencia que la demandante era una “militante atea” que buscaba “imponer en la escuela su concepto personal de laicismo”. La defensa de Lautsi argumentó que la presencia de los crucifijos supone “la tiranía de la mayoría” y una “injerencia estatal en la libertad de pensamiento, conciencia y religión”.

jueves, 27 de enero de 2011

Portar un crucifijo podría ser motivo de despido laboral a partir de la nueva Ley de Libertad Religiosa



Alerta Digital

Para que triunfe el mal sólo es necesario que los buenos no hagan nada. Eso debió pensar el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero al diseñar toda una batería de propuestas tendentes a demoler el andamiaje sobre el que se edificó la cultura y la moral españolas durante siglos. Ajeno ya a cualquier propósito de mejora de la crisis, el ejecutivo central sólo obedece al firme propósito de destruir la fe católica para el establecimiento de un humanismo laico que corrompa el alma humana y convierta a las personas en objetos susceptibles de ser manipulados en nombre del Estado.

La última de las aportaciones de la logia gubernativa contra la influencia católica en España ha sido la Ley de Libertad Religiosa, cuya aprobación está prevista para antes del verano. Con esta ley, a cuyo borrador ha tenido acceso AD, el Gobierno prentende herir de muerte a la institución católica en España, en beneficio de otras creencias ajenas a nuestro acervo histórico y a nuestro universo afectivo.

Se pretende de entrada regular la presencia de simbología católica en los espacios públicos. Así, cualquier español podrá ser detenido si exhibe un crucifijo en una institución dependiente del Estado. Asimismo, será motivo de despido laboral la tenencia de objetos católicos, tales como medallas, postales, rosarios… De la Ley de libertad religiosa no se librará ni el propio Rey, quien no podrá dar su tradicional discurso navideño junto a ningún símbolo que se identifique con la festividad.

El disparate es aún mayor al definirse con la nueva ley los derechos de musulmanes y judíos, quienes podrán tomarse libres las jornadas de viernes y sábado. El empresario que se oponga a ello por motivos estrictamente económicos podría ser severamente sancionado.

El Gobierno pretende también definir la naturaleza de las festividades religiosas. A este respecto, fuentes de la Conferencia Episcopal creen que la ley será el primer paso para terminar prohibiendo el carácter público de los edificios religiosos y de la propia religión católica. En este sentido y de acuerdo con la nueva norma, la festividad de la Inmaculada (8 de diciembre) desaparecería de nuestro calendario festivo.

La Ley de Libertad Religiosa pretende también el reforzamiento del papel de los líderes de las distintas confesiones “en la promoción de la cultura de la paz y la cohesión social” (SIC).

Pero el punto más polémico y delirante de la nueva ley será el poder que se arroga el Estado para supervisar hasta los sermones pronunciados en los oficios católicos. Es decir, si se considera que las prédicas de un sacerdote no concuerdan con el ideal laico del gobierno, se abre la posibilidad de entablar acciones legales contra el sacerdote ‘díscolo’. Ni Stalin se atrevió a tanto.

Incluso algunos altos cargos del gobierno defienden la imposición a los curas de un manual de principios doctrinarios que deberán ser defendidos en los pulpitos, tales como la ideología de género, la democracia, la libertad (según la entiende el Gobierno), el pacifismo e incluso algunos supuestos abortivos y eugenésicos.

Por último la Ley de libertad religiosa pondrá fin a los funerales católicos de Estado y revisará el concordato español con la Santa Sede.

martes, 4 de enero de 2011

El laicismo, peste de nuestro tiempo




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Es en esta “era”, en la que el hombre alcanzó su máxima libertad e independencia, cuando el hombre tiene una mayor inseguridad interior, viviendo en medio de angustias e incertidumbres, y llenando los divanes de psicólogos y psiquíatras. Una encuesta en Estados Unidos muestra que a comienzos del siglo XX, alrededor de un 3% de los americanos tenía problemas psicológicos, mientras que ahora llegamos al 30%.

La pérdida de valores morales, que no han sido sustituidos por los discursos superficiales sobre ética y libertad, es una característica más acentuada en este comienzo del siglo XXI. El laicismo, más que cualquier ideología, ha destruido lo que el ser humano tiene de más profundo. La humanidad recuerda al célebre personaje de “Los hermanos Karamazov” de Dostoievski que decía: “Si Dios no existe, todo está permitido”. Y ese “todo” genera el “vacío de la plenitud” y la sensación de que viviendo sólo para sí mismo se está cosiendo con una aguja sin hilo.

El ser humano sin Dios y sin Fe no consigue explicar las cuestiones más elementales del ser humano. ¿Quién soy? ¿Por qué vivo? ¿De dónde vengo? ¿a dónde voy? ¿cuál es el significado de la existencia? ¿por qué existe el universo? ¿quién lo creó…? y otras preguntas que jamás fueron respondidas por los adoradores de la Razón, la diosa entronizada por Robespierre, y que sólo produjo ruina y muerte, por que era una diosa creada por el hombre.

La situación en España

Por otro lado, el laicismo radical que nos encontramos en la actualidad en España constituye una utilización del poder del Estado para fundar una sociedad como si todos los ciudadanos fueran ateos, sin aceptar la realidad de la libertad religiosa y sus repercusiones en la vida social y pública.

En la España de hoy se detecta el interés por extender un modo de vida en el que la referencia a Dios sea considerada como una deficiencia en la madurez intelectual y en el pleno ejercicio de la libertad.

Se hace necesario que la comunidad católica española se comprometa en desenmascarar el nacional-laicismo que se nos trata de imponer, pues no deja de ser un fundamentalismo que nada tiene que ver con la sana laicidad. Con el apoyo total del Estado, estas maniobras laicistas pretenden desestructurar la familia cambiando sus valores fundamentales por otros calificados de “progresistas”.

Desde hace unas décadas, las ideologías laicistas quieren hacer suyo el concepto de familia. Poco a poco, esas mismas ideologías van introduciendo variaciones sobre las notas esenciales del matrimonio, hasta vaciar incluso su carácter de alianza entre la complementariedad de los sexos. De hecho, el respeto y protección de la familia se fundamenta en su contribución al bien común y a la mejora de la sociedad.

En ese sentido, se equivocan gravemente quienes afirman que la familia basada en el matrimonio heterosexual pertenece a “un modelo conservador y del pasado”. Con el pretexto de acoger la ‘diversidad familiar’ y sus derechos, los promotores del laicismo han realizado una maniobra de desestructuración familiar. Nunca en la historia se ha dado algo como lo que ha ocurrido entre nosotros.

Educación para la Ciudadanía

Asimismo, tenemos que denunciar que la asignatura de “Educación para la ciudadanía” es otra estrategia del laicismo, que busca adoctrinar a los jóvenes en materia de sexualidad y familia, cambiándoles sus convicciones por otras nuevas que estén acordes con el nuevo marco que se autoproclama progresista. Para ello quieren comenzar “por los niños en edad escolar”.

Otras de las maniobras del laicismo son los ataques e injurias al estamento católico por parte de determinados grupos que llevan su libertad ideológica más allá de lo que es admisible, sin que se atrevan nunca a utilizar esa libertad para atacar ni cuestionar los postulados del islam que son contrarios a nuestro concepto de la libertad y de la dignidad humana.

Los cristianos firmemente comprometidos en la defensa de nuestra fe no deben dejarse engañar por activismos radicales y ser conscientes de que tras esas campañas progres en favor del laicismo se esconde su profundo odio a la llamada salvadora de Cristo Resucitado, principio y fin de nuestra existencia al servicio de Dios y no sólo de las normas interesadas creadas por algunos hombres.