viernes, 14 de marzo de 2014

Del Olmo y Bermúdez. Así se fabricó la verdad judicial






LA PERIPECIA EN LOS JUZGADOS

Libertad Digital

Luis del Pino/2014-03-13

Sólo tres condenados. Un solo autor material. Ni rastro de autores intelectuales. Esa es la verdad judicial del 11-M.






Hay una pregunta que resulta fundamental para ver en qué han quedado las investigaciones judiciales y policiales que con tanta frecuencia se invocan para decir que "el 11-M es ya cosa juzgada". La pregunta es: ¿a cuánta gente se ha condenado por el 11-M?
Repasemos la historia:
A lo largo de la instrucción del sumario, se detuvo a un total de 116 personas por su presunta relación con los hechos. Todas, o prácticamente todas, las detenciones se produjeron mientras la Comisión 11-M estuvo abierta en el Congreso: cada pocos días se detenía a algún grupo de magrebíes y el entonces ministro de Interior, Alonso, salía a dar explicaciones a los medios sobre esa "trama islamista" cuyos tentáculos parecían crecer y ramificarse de semana en semana. Esa catarata de detenciones y esas comparecencias del ministro Alonso se terminaron, como por arte de magia, en julio de 2005, cuando la Comisión 11-M echó el cierre sin haber aclarado a los españoles nada de nada.
De esos 116 detenidos, sólo 29 personas (9 de ellas españolas) llegaron a juicio. Los demás, un total de 87 personas, fueron exonerados de cualquier tipo de cargo. Es decir, durante la instrucción del sumario se detuvo a 87 personas no relacionadas con la trama del 11-M. Por regla general, a esos detenidos se los ponía en la calle a los pocos días o semanas de su detención. Eso sí, sin rueda de prensa del ministro Alonso en la que se ofreciera ningún tipo de explicación.
De los 29 imputados que llegaron a juicio, sólo 28 lo terminaron, ya que tanto la Fiscalía como todas las acusaciones retiraron durante el juicio en la Audiencia Nacional todos los cargos contra uno de los hermanos Moussaten, que quedó inmediatamente en libertad.
De los 28 imputados que llegaron al final del juicio, 7 fueron absueltos por la Audiencia Nacional, con lo que sólo hubo 21 condenados en primera instancia. Cinco de esos 21 condenados fueron inmediatamente puestos en libertad al acabar el juicio en la AN, al haber cumplido ya la pena de prisión impuesta por el tribunal.
Tras la revisión de la sentencia por parte del Tribunal Supremo, las 21 condenas quedaron reducidas a 18. Así pues, solo quedaron 18 condenados en segunda instancia, cuatro de ellos españoles.
¿Y cuántos de ellos fueron condenados por el 11-M? Pues hay exactamente 3 condenados por el 11-M: Emilio Suárez Trashorras, Jamal Zougham y Otman El Gnaoui. Todos los demás condenados, un total de 15, lo han sido por diversos delitos (p.ej. falsificación, tráfico de explosivos, ...), pero no por los hechos del 11-M. Y buena prueba de ello es que sólo esos tres mencionados fueron condenados a indemnizar a las víctimas de la masacre. Los restantes 15 condenados no tuvieron que pagar un euro a las víctimas, porque no se los condenó por el atentado.
Y de esos tres condenados por el 11-M, solo hay 1 condenado por colocar una bomba: Jamal Zougham. A los otros dos se los condenó por participar en el suministro de explosivos, pero no por la colocación de las bombas.
Así pues, el demoledor resumen es que, después de 10 años de investigaciones en torno al mayor atentado terrorista de nuestra historia, en el que se colocaron 12 bombas que asesinaron a 193 personas... la versión oficial solo identifica a un único colocador de las bombas de los trenes, y solo se ha condenado a tres personas: un español confidente policial, y dos marroquíes, ninguno de los cuales es islamista.

Los testigos falsos

Jamal Zougam es el único condenado como supuesto autor material de la masacre de Madrid, el único condenado por colocar una bomba en los trenes. No hay ninguna prueba física que vincule a Zougam con la masacre: ni huellas dactilares en ningún escenario del crimen, ni rastros de ADN, ni llamadas cruzadas con ninguno de los demás procesados. De hecho, El Mundo y Libertad Digital demostraron que la noche anterior al atentado, cuando nos dicen que los terroristas estaban montando las bombas, Jamal Zougam estuvo tranquilamente haciendo gimnasia, como era su costumbre, hasta las 12 de la noche, en un gimnasio de la Plaza Elíptica de Madrid. Este dato lo conocía la Policía (puesto que se incautó de los datos informáticos sobre entradas y salidas del gimnasio), pero no se incorporó al sumario del 11-M, ni se le comunicó al juez Del Olmo.
Asimismo, después del atentado, Jamal Zougam continuó trabajando tranquilamente en su tienda, sin intentar huir ni esconderse, lo que tampoco cuadra con su supuesta participación en la masacre. En lo único en que se ha basado la condena a más de 40.000 años de cárcel de Zougam en el testimonio de dos amigas rumanas que dicen que le vieron en uno de los trenes atacados.
Pero hay indicios abrumadores de que esos testimonios no son veraces:
  1. A Zougam lo reconocieron más de media docena de testigos en los trenes, portando supuestamente una mochila bomba. Ninguno de los testigos declaró haberlo visto "colocar" ninguna bomba. Simplemente "reconocieron" ante la Policía a Zougam como alguien que portaba una mochila en los trenes.
  2. Esos testimonios eran contradictorios entre sí e incoherentes, porque si todos los testigos que "reconocieron" a Zougam estuvieran en lo cierto, el marroquí tendría que haber estado en al menos tres trenes simultáneamente, lo cual es imposible. Por ello, el juez instructor y el tribunal terminaron descartando todos los testimonios, salvo dos: los de dos amigas rumanas.
  3. En realidad, esos testimonios de las dos amigas rumanas también eran contradictorios e incoherentes entre sí. Y, de hecho, las dos amigas fueron cambiando de versión a lo largo del proceso. Pero se dio por bueno el testimonio.
  4. Una de esas dos amigas (testigo C-65) "reconoció" a Zougam tres semanas después de la masacre, cuando ya la foto de Zougam se había publicado en todas partes, y no habló para nada en sus primeras declaraciones (ante la Policía y el juez) de que fuera acompañada por otra amiga.
  5. Esa otra amiga (testigo J-70) es una mujer a la que por dos veces le denegaron los técnicos del Ministerio de Interior la condición de víctima, llegando a poner en cuestión, incluso, que viajara en los trenes. Sin embargo, quince días después de la segunda denegación, y cuando ya había pasado más de un año de los atentados, dice que se acuerda de haber visto a Zougam, tras lo cual se le reconoce la condición de víctima, se le otorga la nacionalidad y se le da una indemnización de casi 50.000 euros.
  6. El marido de la primera testigo (C-65) también dijo que viajaba en los trenes, pero en un tren diferente que su mujer, y se le reconoció la condición de víctima.
  7. El hermano de C-65 también dijo que viajaba en los trenes, junto al marido de C-65, pero a él no se le reconoció la condición de víctima, debido a lo inverosímil de su relato.
  8. Otra hermana y un primo de C-65 también intentaron hacerse pasar por víctimas del 11-M, pero en ese caso no solo no se les reconoció que iban en los trenes, sino que el propio juez Juan Del Olmo pidió que se dedujera testimonio contra ellos por simulación de delito.
En la actualidad, las dos amigas rumanas se encuentran imputadas por falso testimonio, tras la querella que el propio Jamal Zougam planteó contra ellas.

martes, 11 de marzo de 2014

La derrota de la conspiración




 

/Libertad Digital/11-M 

Cuando se cumplen diez años del 11-M, si algo está claro es que las teorías conspiratorias han sido derrotadas. Para tranquilidad de todos, los medios que han tratado de sembrar dudas sobre las investigaciones de la masacre no han conseguido su propósito de inocular dudas en la sociedad española acerca de la verdad judicial.
Y es que todo está claro en la instrucción sumarial de aquel caso, por mucho que algunos hayan intentado hacer caja a costa de buscarle tres pies a un gato que no los tiene.
1) Si los trenes del 11-M –es decir, los escenarios del crimen– fueron comenzados a achatarrar menos de 72 horas después de la masacre (en vez de conservarlos, como se hizo con el metro accidentado en Valencia o el tren accidentado en Santiago), no fue con el objetivo de destruir pruebas, sino porque no se consideró necesario conservarlos. ¿Para qué, si todas las investigaciones están claras?
2) Si no se adjuntaron al sumario actas de las muestras recogidas en los trenes fue porque se traspapelaron o porque no se consideró necesario adjuntarlas, no porque existiera una deliberada voluntad de ocultación.
3) Si los centenares de muestras de los trenes recogidas y llevadas a la sede de la Unidad Central de Tedax tampoco aparecen es porque, una vez determinados por otros medios los datos relevantes sobre el caso, no hizo falta inventariar esas muestras.
4) Si, habiendo 12 focos de explosión, no fuimos capaces de encontrar ni un solo fragmento de explosivo, ni un solo resto de los detonadores usados, ni un solo trocito de los iniciadores empleados, ni un solo jirón de las bolsas donde las bombas estuvieran contenidas... es porque tuvimos mala suerte y no quedó nada de nada de las 12 bombas que estallaron.
5) Y si no se enviaron a la Policía Científica las muestras para su análisis, como marca el protocolo, no es porque no se quisiera analizar esas muestras, sino porque los Tedax tenían un minilaboratorio que no contaba con equipamientos especializados, pero que con las prisas se consideró que era más que suficiente.
6) Si al juez no se le envió un análisis pormenorizado de loscomponentes químicos encontrados en los focos de explosión fue porque, al fin y al cabo, el magistrado tampoco tiene por qué entender de química, de modo que no tiene sentido aburrirle con detalles técnicos.
Además, ¿qué más da todo eso? ¿Acaso no encontramos en una comisaría de policía, 18 horas después de la masacre, una bomba sin detonar? ¿Para qué necesitamos entonces las muestras de los trenes, las actas de recogida o los análisis de laboratorio? ¡Las bombas de los trenes eran como esa que apareció en la comisaría, como no puede ser de otro modo!
7) Es verdad que no hay en todo el sumario ningún testimonio de nadie que viera esa bomba en las estaciones de tren, ni en el trayecto entre las estaciones y la comisaría donde apareció la bomba. Pero ¿qué hay de raro en eso? ¡Se trasladaron centenares de bultos de las estaciones a la comisaría ese día! Está claro que esa bomba aparecida en comisaría venía de las estaciones, porque ¿de dónde iba a venir, si no?
8) Los medios defensores de la conspiración han señalado que esa bomba tenía dos cables sueltos, por lo que no era una bomba real, sinoun simulacro. Pero eso es una tontería: es verdad que tenía dos cables sueltos, pero porque los terroristas se olvidaron de conectarlos.
9) Tampoco hay nada de raro en el hecho de que esa bomba aparecida en comisaría tuviera metralla, mientras que en los 193 muertos del 11-M no se detectó metralla de origen terrorista. ¿Qué problema hay? Puede que los terroristas se equivocaran con ese artefacto y, de la misma manera que se dejaron dos cables sueltos, metieran metralla en esa bomba y en las otras 12 no. O puede que los miles de clavos y tornillos que contuvieran las doce bombas que sí estallaron en las estaciones se volatilizaran todos. ¡Las cosas de los explosivos son muy complicadas!
10) Y en cuanto a que en esa bomba hubiera una tarjeta telefónica que no hacía falta para que la bomba funcionara, pero que nos permitió empezar a identificar culpables a toda prisa, pues ¿qué quiere que le diga? Los terroristas eran unos chapuceros y se dejaron ahí esa pista delatora, sí. Tuvimos suerte. Gracias a esa providencial tarjeta hemos podido encarcelar a algún canalla.
Independientemente de las chapuzas y las casualidades, el caso es que encontramos milagrosamente esa bomba. Así que, aunque no se conservara ninguna muestra de los trenes, está claro que las bombas de los trenes tienen que ser como la que apareció en comisaría.
Por tanto, en los trenes se usó Goma2-ECO, porque eso es lo que tenía la bomba de la comisaría. Y en los trenes se usaron teléfonos móviles como iniciadores, porque en la bomba encontrada en la comisaría había un teléfono móvil. Y vale ya de conspiranoias.
11) Es verdad que, después de 10 años, sólo hay en la cárcel un único condenado por poner bombas en los trenes, pero al fin y al cabo otros 7 islamistas se suicidaron en Leganés, y si se suicidaron sería por algo. Y seguro que los que faltan hasta completar la lista de 13 colocadores de bombas murieron en Irak o Afganistán, o en alguno de esos sitios a los que los islamistas suelen ir a combatir a Occidente.
12) Y sí, también es verdad que el Tribunal Supremo dijo que no se podía determinar qué participación tuvieron los 7 muertos en Leganés en los hechos del 11-M, y que gracias a eso las víctimas del 11-M no han podido demandar por la vía civil a los herederos de esos muertos de Leganés, pero eso no son más que formalismos jurídicos que en nada afectan a la verdad judicial. ¿No se suicidaron en Leganés? Pues entonces no pueden ser sino culpables, aunque no se sepa muy bien de qué. Y está claro que ellos tuvieron que poner alguna bomba, porque si no, ¿quién las iba a haber puesto?
13) Y en cuanto a lo de que no se les hiciera autopsia a los muertos de Leganés para ver si efectivamente se habían suicidado, ese argumento no son más que ganas de enredar. ¿De qué otra manera podrían haber muerto, salvo suicidándose? Entonces, si está claro que sólo podrían haber muerto suicidándose, ¿para qué perder el tiempo haciéndoles una autopsia, por mucho que lo marque la Ley?
14) Tampoco hay nada raro en el hecho de que el octavo habitante de ese piso de Leganés, Abdelmahid Bouchar, que escapó a la carrera del piso atravesando el cordón policial, no fuera considerado colocador de las bombas por el tribunal. Está claro que, si se escapó del piso, es porque no sería tan malo como los otros que había dentro, así que el hecho de que él no colocara ninguna bomba no quiere decir que los otros siete no la colocaran.
Los medios de la conspiración, en su paranoia, han intentado incluso echar basura sobre los testigos protegidos que nos permitieron condenar al único colocador de bombas que hay en prisión, Jamal Zougham. Pero está claro, para aquel que no tenga muy mala intención, que Jamal Zougham es culpable.
15) Es verdad que se le detuvo por vender las tarjetas telefónicas de las bombas y que resulta un poco raro que un miembro del comando terrorista venda las tarjetas a sus compañeros de comando, en lugar de dárselas directamente, pero es que el que uno sea islamista no quiere decir que no pueda ser roñoso.
16) Y es cierto también que el vender tarjetas no es delito, y que no había un motivo sólido para su detención inicial, pero es que luego aparecieron, en los meses sucesivos, hasta ocho testigos que dijeron haberle visto en los trenes, así que es normal que le mantuviéramos en la cárcel. El que esos reconocimientos fueran contradictorios (porque, si todos los testigos dijeran la verdad, Jamal Zougham tendría que haber estado en al menos tres trenes simultáneamente), no tiene importancia. El Tribunal Supremo se quedó con dos de esos ocho testimonios, y resolvió así la contradicción.
17) Y sí, es cierto que Jamal Zougham estaba en un gimnasio la noche anterior a los atentados, mientras se supone que sus compañeros de comando fabricaban en una casa de Morata de Tajuña las bombas, pero de ahí no se deduce nada. A lo mejor su papel en el asunto era de mero colocador de bombas, no de fabricante.
18) Pretender echar basura sobre las declaraciones de las dos testigos protegidos indica la baja catadura moral de los medios conspiranoicos. ¿Qué más da que las testigos cambiaran sucesivamente de versión en sus declaraciones? ¿Qué más da que una de las testigos no reconociera a Zougham hasta trece meses después de la masacre? ¿Qué más da que algunos familiares de la otra testigo fueran denunciados por el juez Del Olmo por intentar colarse como falsas víctimas del 11-M? Todo eso no son más que intentos de desprestigio, porque está claro que esas testigos vieron lo que vieron: a Jamal Zougham paseando por el tren con una mochila, aunque la familia de Zougham jure que a esa hora estaba en su casa durmiendo.
Así pues, todo está claro: Jamal Zougham y los de Leganés (excepción hecha del que salió corriendo del piso), más algunos otros que tampoco importa demasiado quién son exactamente, colocaron en los trenes trece bombas que eran como esa que apareció en una comisaría de Vallecas 18 horas después de la masacre. Y no hay más misterio.
Y por lo que respecta a quién ideó y ordenó aquella masacre (lo que los medios conspiranoicos llaman el "autor intelectual"), el que no tengamos ningún nombre concreto no quiere decir nada. ¿No está claro que los de Leganés eran islamistas? Pues entonces alguien, en alguna de esas redes de islamismo internacional, decidió en algún momento atentar contra España, y no tiene demasiada importancia que fuera un Mohamed, un Abdelmahid o un Yousef quien diera la orden. El Tribunal Supremo ha dicho que esa célula del 11-M no guardaba relación jerárquica con Al Qaeda, pero eso es lo de menos, porque el caso es que eran islamistas, como se demuestra por su suicidio en Leganés.
19) Y para aquellos que insisten en sembrar dudas sobre cosas que están claras, el que a los dueños de la casa de Morata de Tajuña donde se montaron las bombas (cuya pertenencia a Al Qaeda sí está demostrada) no se les llegara siquiera a imputar en el proceso, tan solo significa que tenemos un sistema garantista y democrático. Y para nada puede deducirse de ahí que el atentado no guarda relación con el islamismo.
Nos ha costado diez años, pero por fin las teorías de la conspiración han sido desbaratadas. Porque, a menos que uno sea uno de esos periodistas que buscan enriquecerse jugando con el dolor de los españoles y con la memoria de aquel atentado, nadie que lea esta sencilla descripción de los hechos puede albergar ni la más mínima duda sobre lo que sucedió aquel 11 de marzo y sobre las investigaciones posteriores.

La zafiedad del juzgador

Libertad Digital

 - 10:41:35 - 


Ayer, el periódico El Mundo publicaba una entrevista con el juez Gómez Bermúdez, sobre
quien recayó la responsabilidad principal de juzgar el caso del 11-M. La entrevista está llena de momentos gloriosos, como cuando dice que no recuerda si pensó en procesar al comisario Sánchez Manzano por falso testimonio. ¡Claro, hombre! ¿Quién va a acordarse de un detalle tan nimio como si pensaste en procesar a un alto mando policial por mentir en el mayor atentado terrorista de nuestra Historia?
O como cuando dice Gómez Bermúdez que no ha indagado quién tuvo la idea de atentar el 11-M. ¿Para qué vas a indagar esas tonterías, hombre? ¿A quién le importa quién tuvo la idea? El muerto al hoyo y el vivo al bollo, que dice el refrán.Ayer, el periódico El Mundo publicaba una entrevista con el juez Gómez Bermúdez, sobre quien recayó la responsabilidad principal de juzgar el caso del 11-M. La entrevista está llena de momentos gloriosos, como cuando dice que no recuerda si pensó en procesar al comisario Sánchez Manzano por falso testimonio. ¡Claro, hombre! ¿Quién va a acordarse de un detalle tan nimio como si pensaste en procesar a un alto mando policial por mentir en el mayor atentado terrorista de nuestra Historia?
O como cuando dice el juez que el libro de su entonces mujer, Elisa Beni, fue inoportuno. ¡Qué elegancia la suya, echándole el muerto a su señora! ¡Eso es un hombre! Porque nadie puede creerse, claro está, que él estuviera al tanto del libro que su señora preparaba. Seguro que lo escribía en secreto y al pobre Gómez Bermúdez le pilló por sorpresa la publicación.
O como cuando niega que él prometiera enviar a los mandos policiales perjuros "caminito de Jérez", a pesar de los testimonios de abogados y de víctimas que estaban presentes cuando dijo aquello.
Aunque quizá lo más escandaloso sea esa frase en la que dice que daría igual que el explosivo utilizado el 11-M hubiera sido Titadyn en vez de Goma2-ECO. ¡Por supuesto, hombre! ¡Daría lo mismo! ¡Qué importa que se usara un explosivo u otro!
¿Cómo que daría igual el explosivo, señor juez? No daría en absoluto igual, oiga. Para empezar, si se hubiera usado un explosivo distinto de la Goma2-ECO, querría decir que una tercera parte del sumario, todo lo referido a la trama asturiana, pasaría a no tener nada que ver con el 11-M, porque en aquella mina de Asturias lo que se usaba era Goma2-ECO.
Pero además, si en los trenes no se hubiera usado Goma2-ECO, entonces la prueba fundamental del caso, la mochila de Vallecas, quedaría (¡más aún!) acreditada como prueba falsa, y todo lo que de ella se deriva (es decir, todo el sumario) se vendría abajo. Y no solo habría que poner en libertad a todos los condenados, sino que además habría que abrir diligencias para ver quién colocó aquella prueba falsa, aquella falsa bomba que apareció en una comisaría de policía.
Como también habría que determinar quién colocó Goma2-ECO en la famosa furgoneta Kangoo que apareció en Alcalá de Henares en la mañana del 11-M. Y también habría que dilucidar quién suministró la Goma2-ECO con que se hizo volar el piso de Leganés.
¿Cómo que daría igual el explosivo utilizado, señor Gómez Bermúdez? ¿Y usted dice que es juez?
Pero en realidad, lo más triste es que Gómez Bermúdez no está mintiendo. Esa frase suya no es torpeza judicial, sino un lapsus probablemente debido a los nervios de la entrevista, y que indica la verdadera naturaleza del proceso del 11-M: la verdad judicial estaba prefijada de antemano, y las pruebas eran irrelevantes.
Por eso han dado igual todas las evidencias de falsificación de pruebas que hemos ido poniendo sobre la mesa a lo largo de estos años. Aunque hubiéramos publicado una fotografía de un mando policial o de un agente del CNI fabricando la mochila de Vallecas, hubiera dado lo mismo. Eso es, ni más ni menos, lo que Gómez Bermúdez está dando a entender con su respuesta.
Y en esas manos ha estado el juicio del 11-M, queridos oyentes: en manos de un juez cuya señora escribe un libro sobre el juicio y él tiene ahora la cobardía de lavarse las manos y descargar sobre su señora la responsabilidad.
En manos de un juez que miente al negar las promesas de justicia que hizo delante de víctimas del atentado, por muchos testigos que haya.
En manos de un juez que cree que podemos creerle, cuando afirma no recordar si pensó en procesar a mandos policiales por falso testimonio.
En manos de un juez que dice que no se ha molestado en indagar quién tuvo la idea de cometer el mayor atentado terrorista de nuestra Historia.
En manos de un juez, en fin, que reconoce que el arma del crimen le parece irrelevante a la hora de determinar la culpabilidad o inocencia de los presuntos culpables.
En esas manos estamos, señores.

Y lo peor es darse cuenta de que, en realidad, Gómez Bermúdez no es otra cosa que un "mandao", un fiel sirviente de aquellos que, desde el poder político, tanto han hecho para que los españoles sigamos sin saber quién mató a 193 compatriotas el 11 de marzo de 2004.

sábado, 8 de marzo de 2014

Gabriel Moris: "Bermúdez nos dijo que nos olvidáramos de los moritos"






"HABLÓ DE UNA MENTE DIABÓLICA"

Libertad Digital

Víctima del 11-M, Gabriel Moris presenta este sábado la conclusión de la campaña en Change.org para investigar la masacre. Supera las 55.200 firmas.


ESRADIO 
El programa Sin Complejos de esRadio ha contado este sábado con la intervención de Gabriel Moris, víctima del 11-M e impulsor de la campaña en "Change.org" para reabrir la investigación del 11-M. Una campaña que ha cosechado más de 55.200 firmas hasta ahora. Este sábado Moris ha presentado a las 11 de la mañana el balance de su campaña de recogida de apoyos a través de internet.
Tras la entrevista publicada en el diario El Mundo este viernes con el juez Javier Gómez Bermúdez, en la que niega que dijera aquello de que algunos testigos irían "caminito de Jerez" a más personas que no fuera un grupo de estudiantes de COU, Moris recuerda cómo el mismo Bermúdez, en su despacho, le dijo a él mismo y a un grupo de víctimas que "nos olvidáramos de los moritos", porque no habían sido ellos los que habían cometido el atentado.
Ahora, Bermúdez expresa su pleno convencimiento de que Jamal Zougam es culpable porque tiene la certeza personal de que es un yihadista. Además, considera que la autoría intelectual corresponde al "alqaedismo". En cambio, en aquellas conversaciones con Moris y otras víctimas, dijo que "el atentado se había debido a una mente diabólica". Para Moris, la actitud de Bermúdez no es más que "una cruel burla".
Pese a todo, Gabriel Moris es optimista y cree que la situación creada este año en torno al décimo aniversario de la masacre "no es totalmente negativa". Percibe Moris que se está poniendo en evidencia que la "verdad del 11-M es muy distinta a la que hasta ahora nos habían dicho". Finalmente, ha manifestado su deseo de que las firmas recogidos para que se vuelva a investigar el 11-M se convierta en un libro que complemente "la memoria histórica" en las bibliotecas españolas.

Gómez Bermúdez y la campaña para enterrar el 11-M



EDITORIAL 

Libertad Digital


Las respuestas del juez Javier Gómez Benítez en la entrevista publicada ayer por el diario El Mundo contienen una serie de medias verdades y flagrantes mentiras que ponen aún más de manifiesto la tremenda estafa intelectual y judicial del 11-M. El magistrado encargado de juzgar los atentados de marzo de 2004, cometidos a escasos tres días de unas elecciones generales que se aventuraban reñidas, dio ayer nuevas muestras de que el caso se cerró en falso porque a ni a la clase política ni a las instituciones le interesa conocer la auténtica verdad sobre un hecho que cambió profundamente la Historia de España.
Gómez Bermúdez acreditó ayer de nuevo que dictó sentencia sin conocer a los verdaderos impulsores de los atentados ni el arma del crimen, con sus respuestas evasivas sobre la primera cuestión aludiendo a un fantasmagórico y novedoso alqaedismo y su desdén inaudito hacia la necesidad de saber qué explotó en los trenes porque, para él, ese dato crucial carece de relevancia. El magistrado insistió, sin que el entrevistador le preguntara por ello, en descartar la hipótesis de la participación de la ETA en los atentados como si esa fuera la principal prueba de convicción que desmontaría su sentencia, cuando el hecho es que desde los medios de comunicación que insistimos en que se conozca la verdad del 11-M se han aportado suficientes indicios para cuestionar la versión oficial sin necesidad de recurrir a conjeturas como la que tanto preocupa a Gómez Bermúdez.
Pero es en el tratamiento otorgado a los mandos policiales que mintieron a sabiendas en sus testimonios donde el magistrado sigue mostrando una desfachatez impropia de un miembro destacado de la judicatura. En lugar de perseguirlos de acuerdo con las leyes, tal y como anunció ufano durante el juicio con su referencia a que irían caminito de Jerez, Gómez Bermúdez dice ahora que pudieron faltar a la verdad en cuestiones de poco relieve y que esa actitud no tiene relevancia penal. Es su convicción personal sobre la honradez del comisario Sánchez Manzano, esgrimida en la entrevista, lo que carece de interés, no el hecho de que testificara en falso, una acción, premeditada o no, que debería haber sido castigada a instancias del propio tribunal de acuerdo con lo establecido en la legislación penal para los casos de perjurio.
El presidente del tribunal que juzgó los atentados del 11 de marzo de 2004 puso ayer de manifiesto que las únicas pruebas que los españoles han de aceptar para dar por buena la sentencia son él, sus convicciones personales y su integridad profesional, y ello a pesar de que él mismo confesó al diario El Mundo haber recibido presiones de "terceras personas" a las que se negó a identificar.
Gómez Bermúdez ha dado inicio a una campaña para enterrar definitivamente el 11-M al cumplirse una década de los atentados, a la que ya se ha sumado el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza. Sus declaraciones de ayer son, con seguridad, sólo un aperitivo de lo que queda por venir.

jueves, 6 de marzo de 2014

No olvidaremos lo inolvidable


11-M 

Libertad Digital


Nos acercamos al décimo aniversario del mayor atentado de la reciente historia de España y de Europa. No hay señales en el panorama informativo que presagien ninguna conmemoración especial. El 11-S recibe un tratamiento muy distinto en EEUU, incluso en Europa y en España. ¿Es normal esto? Creo que no.
Las víctimas del terrorismo, y muy especialmente las del 11-M, somos las olvidadas, ninguneadas, utilizadas y divididas, de todos los colectivos sociales.
He dirigido un correo a dos asociaciones de víctimas con esta pregunta: ¿consideran que el 11-M, diez años después, se puede considerar un caso resuelto? En el mismo pregunto si hay acciones judiciales, previstas o en curso, para avanzar algo en el conocimiento de los hechos. Al menos hay una causa abierta. Espero con impaciencia una respuesta. Creo que nada puede interesar más a las víctimas de un crimen que descubrir y ajusticiar al criminal. Sin esa finalidad, el resto de las razones que justifican su existencia palidecen. Cada cual puede hacerse su propia reflexión.
Nada me agradaría más que poder felicitar, diez años después de los atentados, a todas las instituciones del Estado por su eficacia en la investigación y enjuiciamiento de este crimen de lesa humanidad. Yo soy el primero en lamentar que mis deseos no se hayan hecho realidad. En cambio, los profesionales de la sanidad, los voluntarios, etc., tuvieron un comportamiento lleno de profesionalidad y de humanidad. Nuestro sincero y constante reconocimiento y agradecimiento a todos ellos.
La misma pregunta que he formulado a las víctimas la trasladaría a las instituciones. Sería muy interesante contrastar las respuestas o los silencios de las asociaciones de víctimas y de todos los representantes de los ciudadanos, máxime teniendo en cuenta que casi todos los actores, tanto las víctimas como los responsables de la seguridad, son los mismos de diez años atrás.
Al leer las vidas y las ilusiones que segaron los enigmáticos autores de la matanza, vuelvo a constatar la monstruosidad que fue aquello. Digo "enigmáticos" porque en la sentencia no figuraba más que un condenado como autor material. Sentencia que está recurrida por éste, al parecer con argumentos sólidos a favor de su inocencia.
¿Es concebible un atentado así, sin autores? ¿Hay alguna razón para no seguir investigando hasta el total esclarecimiento de los hechos y la condena de todos los responsables, ya sea por acción o por omisión?
Resulta muy triste constatar, habiendo perdido un hijo, que, en el ecuador de la prescripción de los delitos, los responsables de la seguridad, de la investigación y de la justicia sólo saben callar y olvidar. Máxime tratándose del atentado que cambió la historia de España.
En el último Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo celebrado en Madrid, al acabar el acto de clausura, una víctima se dirigió a un candidato a la presidencia del Gobierno de España pidiéndole que prometiera investigar el 11-M; la respuesta fue afirmativa. Hoy, esa víctima preside la AVT y ese candidato preside el Gobierno de España. Los que nunca olvidaremos lo inolvidable tampoco olvidamos aquella promesa realizada a una víctima, en presencia de otras muchas.
Desde España y el resto del mundo se reclaman esa investigación. Entren en la página de change.org "Petición al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia Nacional": unas diez mil razones avalan la imperiosa necesidad de que las víctimas y el pueblo conozcan la verdad de los hechos y se haga Justicia.

lunes, 3 de marzo de 2014

Fernando Reinares: «El atentado del 11-M se gestó en Pakistán más de dos años antes»


La voz de Galicia.es

«Irak no fue la causa, pero sí un pretexto del que Al Qaida se aprovechó»




Fernando Reinares en el Real Instituto Elcano de Madrid, donde tuvo lugar la entrevista. BENITO ORDÓÑEZ
Catedrático de Ciencia Política y unos de los mayores expertos en terrorismo yihadista, Fernando Reinares acaba de publicar,¡Matadlos!, Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España (Galaxia Gutenberg), cuando está a punto de cumplirse su décimo aniversario. Es fruto de cinco años de investigación exhaustiva, que va más allá del sumario judicial, pues se basa en documentos e información de servicios de inteligencia europeos, norteamericanos, del sur de Asia y el norte de África y entrevistas con sus miembros y con antiguos líderes yihadistas que tuvieron contactos con la red del 11-M. La descoordinación policial, las lagunas judiciales, la deficiente cooperación internacional y la falta de concienciación sobre este tipo de terrorismo resultaron fatales.
-¿Cuándo se decidió atentar en España?
-La decisión de atentar en España se tomó en Karachi, Pakistán, en diciembre del 2001. El atentado del 11-M se gestó allí, más de dos años antes de que tuviera lugar. La tomó Amer Azizi, que se confabuló con Abdelatif Mourafik para vengarse de los españoles del modo más mortífero. Por hallarse en Irán Azizi no fue detenido al desmantelarse en noviembre del 2001 la célula de Al Qaida en España liderada por Abu Dahdah y del que él era su hombre de confianza, creada en 1994 y con muy importantes conexiones internacionales.
-¿Por qué?
-El motivo fundamental fue vengarse por el desmantelamiento de la célula de Abu Dahdah y por el número importante de operaciones contra el terrorismo yihadista que España había realizado. Esta decisión fue ratificada en febrero del 2002 en Estambul, en una reunión que mantienen delegados de los grupo islámicos combatientes marroquí, tunecino y libio, que optan por trasladar la yihad a otros ámbitos donde consideran que tienen mejor oportunidad y lo definen así: allí donde residen o de donde proceden nuestros militantes.
-¿Cómo influyó la participación española en la guerra de Irak?
-Al inicio del otoño del 2003 el directorio de Al Qaida aprueba y facilita la comisión de los atentados del 11-M. Esto ocurre en el momento en que a la motivación de venganza y a la razón de oportunidad se añade un criterio de estrategia, cuando los atentados pueden ser enmarcados por Al Qaida en su estrategia de generar división entre los países occidentales y distanciar a las poblaciones de sus gobiernos en el contexto de la guerra Irak. Irak no fue la causa del 11-M, pero sí un pretexto del que Al Qaida sacó un importante provecho.
-¿Si España no hubiera participado habría tenido lugar el 11-M?
-Sí, porque para cuando se inicio la guerra de Irak la decisión de atentar en España ya estaba tomada, un año y cuatro meses antes, y la red del 11-M empieza a formarse un año antes. La decisión de venganza, es decir matadlos hasta que dejen de perseguiros, como dice el Corán, estaba tomada. Quizá hubiera variado algo el modus operandi.
-¿Qué papel jugó Bin Laden?
-Cuando Al Qaida da su visto bueno, el modo en que se comunica a los principales nodos de la red del 11-M es a través de un mensaje de Bin Laden que difunde Al Yazira el 18 de octubre del 2003. Lo curioso es que está dirigido al pueblo americano, pero en un momento hay una mención a España, que es la clave de la aprobación explícita.
-¿Hubo falta de coordinación entre los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado?
-Si las unidades de la Guardia Civil que estaban llevando a cabo investigaciones de tráfico ilícito de explosivos hubiesen compartido sus datos con las que investigaban sobre tráfico de drogas y si la Guardia Civil se hubiera intercambiado información con el Cuerpo Nacional de Policía, que seguía investigando la célula de Dahdah, habrían saltado todas las alarmas y podría haber permitido desbaratar los preparativos de los atentados. Hubo un déficit de coordinación interna y entre cuerpos que resultó fatal el 11-M.
-¿Qué impresión tuvo el 11-M? ¿Cuándo supo que eran atentados yihadistas?
-Estaba en Miami en una conferencia sobre terrorismo, pero tan pronto me di cuenta de que había sido un atentado en serie, con alta letalidad, cuatro blancos y en una fecha 11 inmediatamente me incliné a pensar que estábamos ante un atentado yihadista. Ya en mi libro Terrorismo global, de febrero del 2003, escribí que España iba a ser blanco del terrorismo yihadista.
-¿Podría haber ahora otro 11-M?
-Otro 11-M sería mucho más difícil, aunque no es descartable. La amenaza del terrorismo yihadista no ha remitido, aunque ahora esté más focalizado en las zonas de conflicto como Siria.