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viernes, 10 de diciembre de 2010

Rabat entierra sin permiso de la familia al español asesinado en El Aaiún


MARRUECOS LO NIEGA

Según ha confirmado su hermano a Libertad Digital, el español asesinado durante el ataque a Gdeim Izik ha sido enterrado por Marruecos sin informar a su familia. Fue sacado durante la noche de la morgue en la que lleva un mes, sepultado en el más absoluto secretismo sin respeto siquiera al rito musulmán

El ciudadano saharaui, de origen español, presuntamente asesinado por Marruecos
2010-12-10
Libertad Digital
BÁRBARA AYUSO

"Fueron unas cuarenta personas y se lo llevaron" cuenta Lahmed Moulud Ali, hermano de Baby Hamday Buyema, a Libertad Digital. Hace más de un mes que el cadáver de su hermano, asesinado durante el asalto al campamento de Gdeim Izik, permanecía en una morgue de El Aaiún.

La familia de Baby está destrozada. Lahmed relata que durante la noche, "unas cuarenta personas, muchos de ellos policías, y Rachid Douihi" – ex gobernador de la wilaya de la capital del Sáhara Occidental- "se llevaron el cuerpo de mi hermano"."No sabemos exactamente dónde está enterrado", se lamenta su hermano. "No hay justicia, no pueden hacer eso".

Todo el entierro ha podido llevarse a cabo gracias a que la mujer de Baby es marroquí, y apoya la postura de Rabat. Ella podría haber sido la única persona asistente a la sepultura, que "ni siquiera respetó el rito musulmán, que dice que para enterrarlo debe haber luz solar" cuentan desde la Liga Española Pro Derechos Humanos. Esta escisión dentro de la familia del difunto Baby tiñe de confusión todo el asunto.

Lo que más agrava la situación es que, además del secretismo con el que se ha procedido a su sepultura, en el mes que Baby ha estado en la morgue, aún no se le ha practicado la autopsia. "Lo enterraron como ellos quieren, para que no se sepa lo que pasó, lo que han querido es ocultar lo que hicieron". La familia considera que con este gesto, Rabat trata de dar carpetazo a cualquier tipo de investigación sobre las circunstancias de su muerte.

Lahmed, que reside en España, lleva intentando desplazarse a El Aaiún desde el pasado día 8, cuando le notificaron el asesinato de su hermano. Y confiesa a Libertad Digital que no imaginaba este desenlace: aún tenía esperanzas de poder ver a su hermano antes de su entierro, o por lo menos "que nos dejaran a los hermanos acudir", asegura. Pero nada más lejos de la realidad.

Ahora, sus sospechas son claras: cree que Marruecos le ha enterrado "deprisa y corriendo, como ellos han querido" para "ocultar lo que hicieron". Baby, según denunciaron los presentes en los disturbios, fue asesinado por un coche de Policía que le pasó varias veces por encima. Al borde de la muerte, fue socorrido por varios saharauis, momentos que quedaron filmados en un vídeo hecho público por varias asociaciones de derechos humanos.

"Y España como siempre, no hace nada"

Además, la familia de Baby afirma sentirse nuevamente traicionada por el Ejecutivo español. "No han hecho nada, no se han puesto en contacto con nosotros a pesar de que hay una investigación en curso", asegura refiriéndose a la querella que interpuso en la Audiencia nacional.

Comandada por la Liga española de Derechos humanos, se querelló contra tres ministros marroquíes y el gobernador de El Aaiún por los delitos de lesa humanidad, genocidio, asesinato, lesiones y torturas. "Nunca me han llamado", insiste Lahmed, a pesar de que la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, afirmó que se investigaría lo ocurrido con el ciudadano de origen español.

La responsable de la diplomacia española aseveró que había solicitado a Marruecos "esclarecer las circunstancias de la muerte del ciudadano español Baby Hamday Buyema" hace casi un mes. No obstante, Jiménez no quiso condenar la muerte, amparándose en "la falta de datos". "No quieren que el mundo sepa lo que han hecho", remata Lahmed.

Marruecos lo niega

Sin embargo, las autoridades de El Aaiún aseguran que el entierro se ha producido con la autorización de su familia y el respeto a los procedimientos correspondientes.

El Gobierno local confirma a Efe que el sepelio se produjo ayer noche, pero añaden que tuvo lugar "tras las notificaciones pertinentes y la presencia de algunos familiares".

Según las mismas, algunos allegados de la víctima no solo acudieron al sepelio, sino que en declaraciones a la televisión local afirmaron también que la muerte de Hamadi, que tenía documentación española, "había sido un accidente".

La versión oficial facilitada a mediados de noviembre por el ministro del Interior marroquí, Taib Cherkaui, apuntaba que el joven, fallecido durante el desmantelamiento del campamento de protesta saharaui de Gdaim Izik, murió atropellado.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

CiU salva a Zapatero de debatir sobre el Sáhara


AGUSTÍN YANEL / Madrid/El Mundo

El PP lamenta que rechacen lo que pide toda la oposición y Llamazares sospecha que el Gobierno «tiene algo que ocultar»

Zapatero embustero

El Gobierno y el PSOE lograron ayer, gracias al apoyo de Convergència i Unió (CiU), que ni José Luis Rodríguez Zapatero ni la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, tengan que comparecer en el Congreso para informar de los incidentes ocurridos durante el desmantelamiento de un campamento de saharauis en El Aaiún, hace un mes, por parte de la policía marroquí, y de la gestión del Gobierno español.

Los demás grupos de la oposición se mostraron a favor de que se celebren esas dos comparecencias, porque las consideran necesarias, pero los nacionalistas catalanes votaron con los socialistas en la Junta de Portavoces en contra de que se lleven a cabo, y ganaron.

Hace dos semanas, el PSOE consiguió que fuera rechazada una petición de comparecencia de Zapatero presentada por ERC e IU-ICV, porque el diputado peneuvista José Ramón Beloki apoyó a los socialistas en su negativa. Pero este parlamentario votó sin consultar con su grupo, que sí considera necesaria esa comparecencia, por lo que el PNV presentó una solicitud que fue la rechazaba ayer por la Junta.

El PSOE contó con el apoyo de Ciu para rechazar que comparezca Zapatero y, a continuación, los nacionalistas catalanes también respaldaron a los socialistas en su negativa a aceptar que acuda a la Cámara por el mismo asunto la ministra de Asuntos Exteriores, como había solicitado el Grupo Mixto.

La petición de que comparezca Trinidad Jiménez ya había sido admitida por la Junta con anterioridad, y estaba sólo pendiente de fijar la fecha, pero socialistas y convergentes no consideraron ayer que sea necesaria.

El portavoz del PSOE, José Antonio Alonso, explicó en rueda de prensa que esas comparecencias no son necesarias aún, porque la ministra Jiménez ya ofreció explicaciones en la Cámara hace dos semanas y desde entonces no ha habido «ninguna novedad que justifique esta comparecencia».

En CiU opinan exactamente lo mismo, aunque la diputada Conchita Tarruella, que asistió a la reunión de la Junta en representación de esa formación, se limitó a votar en contra de la petición sin explicar sus razones.

El socialista Alonso no dio importancia a este apoyo de CiU, que cree puntual y concreto. No lo ve como un anuncio de que, a partir de ahora, los nacionalistas catalanes vayan a apoyar al PSOE en lo que queda de legislatura, sino que lo atribuyó simplemente a que las dos formaciones políticas tienen la misma posición en este asunto.

Desde el PP, su portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, lamentó que socialistas y convergentes no aceptaran ayer «lo que era una petición del resto de grupos políticos». «PSOE y CiU se niegan a que haya explicaciones en el Pleno del Congreso», afirmó.

El diputado Gaspar Llamazares, de Izquierda Unida, opinó que si el Gobierno se niega a aceptar estas comparecencias «da la impresión de que tiene algo que ocultar».

Recordó que la ministra Jiménez se comprometió en su día a volver al Congreso cuando tuviera en su poder «informaciones acreditadas» sobre lo sucedido en El Aaiún, y se preguntó si no le bastan los informes de Amnistía Internacional o Human Right Watch

jueves, 2 de diciembre de 2010

Los últimos días del Sahara español: una historia verdadera


LO QUE NO CUENTA LA PRENSA

Libertad Digital

Por Domingo Soriano

Es difícil encontrar en la prensa española un asunto que genere tanta unanimidad como el del Sahara. De derecha a izquierda, prácticamente todos los medios editorializan en contra de Marruecos y a favor de que el Gobierno español presione para encontrar una solución justa al conflicto.

Se ha impuesto una interpretación según la cual se hace a la parte, el Frente Polisario, representar al todo, el pueblo saharaui, y convierte a aquél en bueno por el dicho que dice que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Sin embargo, hay que ser cauto a la hora de identificar a dicho grupo armado con el conjunto de los habitantes del Sahara Occidental. Hasta que no haya unas elecciones libres (o se convoque de una vez ese referéndum del que siempre se habla) no se sabrá en quién deposita el pueblo saharaui su confianza. Mientras tanto, seguirá siendo el único grupo organizado del territorio y, por tanto, la contraparte del Gobierno marroquí. Es algo inevitable, pero no debería hacernos olvidar de dónde viene el Polisario, cómo se formó y por quién está constituido.

Por circunstancias familiares, conozco a numerosos funcionarios que vivieron los últimos años del Sahara español. Todos ellos hablan de la suerte que tuvieron de servir en esa tierra y de convivir con los saharauis, de los que destacan su hospitalidad. Sus recuerdos están llenos de cariño y afecto cuando se refieren a sus vecinos; pero la cosa cambia cuando se les pregunta por el Frente Polisario.

¿Por qué es importante distinguir el Sahara y los saharauis del Polisario? Pues porque esta organización, en sus orígenes, fue un grupo terrorista que mató a muchos españoles. No se debe ni se puede confundir al tranquilo pueblo saharaui, cordial, hospitalario y sencillo, con un grupo que en su momento combatió al Estado español y ahora pretende que sea el Estado español quien le ayude a salir de la situación en que se encuentra, en buena medida por sus propias culpas.

Seguro que tampoco tienen buena opinión de este grupo los familiares de aquellos de nuestros soldados que cayeron en enfrentamientos con dicho grupo, una de cuyas prácticas habituales era levantar la bandera blanca de rendición y, sólo después de comprobar que nuestros hombres, en consecuencia, se les acercaban sin intención de combatir, abrían fuego. Podríamos hablar igualmente de los ataques de que fueron objeto varios pesqueros canarios, en episodios donde también corrió la sangre.

Muchos de los españoles que defienden con justicia la causa saharaui han decidido correr un tupido velo sobre aquellos hechos, esgrimiendo para ello justificaciones relativas a la Guerra Fría (el Polisario tenía en la prosoviética Argelia a su principal aliado), el atraso de la región, la existencia de una dictadura en España y la lucha por la independencia de la colonia.

Hassán II.La Marcha Verde

La situación fue peor a raíz de la Marcha Verde que organizó el entonces rey de Marruecos, Hassán II, aprovechándose de las dificultades políticas españolas derivadas de la enfermedad de Franco y el cambio de régimen. Rabat contaba con el apoyo de Washington (todos mis conocidos cuentan siempre la anécdota de las cajetillas de tabaco de color verde con versos del Corán y el "Made in Usa" que se distribuyeron a los componentes de aquella marea humana), deseosa de contrarrestar la influencia soviética en la zona.

El mayor peligro estaba detrás de las mujeres y los niños que mostraban los telediarios. Las unidades marroquíes que habían luchado contra Israel volvieron a su país derrotadas pero bien entrenadas, lo que suponía un claro peligro para el monarca alauí, que decidió conformar con ellas la retaguardia de la Marcha Verde. No era mala idea, habida cuenta de las ganas de desquite que tenían.

A pesar de todo, los españoles entonces residentes en el Sahara con los que he podido hablar me aseguran que estaban dispuestos a correr los riesgos que fueran necesarios para defender el territorio y a los saharauis. La gran sorpresa llegó cuando nuestro ejército, que había organizado un triángulo defensivo en la frontera con Marruecos, la ciudad de Smara y Cabo Bojador, pidió al Polisario que vigilara las posibles incursiones en su retaguardia. Los mandos militares y políticos españoles decidieron olvidar por un instante las tropelías polisarias a fin de contribuir a la libertad del pueblo saharaui. Sin embargo, se encontraron con que los polisarios no quería implicarse: la defensa del territorio –decían– era una obligación de la metrópoli, y ni siquiera estaban dispuestos a hacer labores de vigilancia. Es decir, que cuando el Frente Polisario tuvo ocasión de dar la cara por su pueblo, con oportunidades reales de tener éxito, no quiso arriesgarse, en parte por no aparecer como aliado de la potencia colonial.

En aquellos años, las utopías colectivistas seguían manteniendo su atractivo, y a ellas se entregaban con fervor tanto los progresistas europeos como la plétora de grupos de liberación nacional que esos mismos progresistas apoyaban en el Tercer Mundo. Cuando un mando militar español pedía a un polisario contactar con la dirigencia del grupo, la respuesta solía ser que todos los saharauis eran interlocutores válidos. Es sólo un ejemplo de una política visionaria y utópica, muy dependiente de la prosoviética Argelia, país que siempre ha tenido un papel fundamental en el conflicto y que en aquel primer momento no ayudó, precisamente, a su resolución.

Y es que en esos años el Sahara Occidental se convirtió en un pequeño campo de batalla de la Guerra Fría. Los argelinos, enemigos tradicionales de Marruecos, veían en el Polisario al futuro gobernante de un territorio que le proporcionaría una salida al mar al sur del reino alauita y más próxima a la parte de su propio territorio mejor provista de materias primas.

Con esta situación nacional e internacional, es difícil saber si el Gobierno español pudo comportarse de manera diferente a como lo hizo. Los que vivieron los últimos días del Sahara español aseguran que siempre les quedará la espina clavada de no haber conseguido la independencia del pueblo saharaui. Algo por lo que la mayoría estaba dispuesta a luchar hasta las últimas consecuencias... y a pesar del Polisario.

Por eso, cuando aparecen los representantes de este grupo en televisión asegurando que tienen el apoyo solidario de países como Venezuela o Nicaragua; cuando Willy Toledo se pasa un mes en Tenerife de la mano de Aminatu Haidar; cuando todos los grupos anti-liberales europeos se solidarizan con él y con su lucha por los derechos de su pueblo... es un buen momento para pedirle que se defina, que explique cómo será el Sahara independiente que buscan, qué pasaría tras ese referéndum que piden de forma constante y qué tipo de democracia impondrían.

¿El enemigo de mi enemigo es mi amigo? Pues según y cómo. La deuda española es con el pueblo saharaui; con el Frente Polisario, todas las cuentas están más que saldadas.

Marruecos dice estar «orgulloso» del desalojo del campo saharaui


MARÍA RAMÍREZ / Bruselas

El Mundo

El Frente Polisario acusa a España de intentar «lavarse las manos» en el Sáhara

Corresponsal

Zapatero embustero

Frente a los eurodiputados y a los periodistas en Bruselas, el ministro de Exteriores marroquí sonreía, intentaba mantener un tono suave en su correcto francés y pedía paciencia a su público mientras tomaba un café o fumaba en un descanso. Pero en una tensa sesión parlamentaria y en una aún más tensa rueda de prensa, acabó haciendo una lista de recriminaciones.

La Comisión de Exteriores de la Eurocámara escuchó ayer a las dos partes del conflicto del Sáhara Occidental, con un representante del Frente Polisario y el jefe diplomático del régimen alauí, aunque fuera separados por otro debate para que no se cruzaran. Aún así, el saharaui, Mohamed Salem Ouldsalek, se entretuvo a la salida y se encontró con la delegación marroquí presidida por el canciller, Taïb Fassi-Fihri. El saharaui dijo en árabe «buenos días, señor ministro»; el marroquí replicó «buenos días». No se pararon ni se estrecharon la mano.

La sesión parlamentaria fue igual de fría y, a ratos, menos cortés que este encuentro. Interrogado con una intensidad a la que no está acostumbrado en Rabat, Fassi-Fihri abroncó a los eurodiputados y dijo estar «orgulloso» de la acción de su Gobierno en la evacuación forzada del campamento de El Aaiún a mediados de noviembre. «El campo fue desmantelado de manera pacífica. No creo que en ningún país europeo se hubiera hecho de forma tan pacífica», aseguró el ministro, que se quejó de la falta de alimentos o la entrada masiva de vehículos. «Si hubiera un muerto, por favor, denme su nombre», espetó el ministro, que definió la información sobre desaparecidos o torturados como «mentiras puras y duras». «La gente está buscando muertos, pero es que no hay», insistió.

En rueda de prensa, el diplomático marroquí atacó a enviados y corresponsales españoles. Según él, la periodista de EL MUNDO Ana Romero «no fue expulsada» de Marruecos, sino que «su misión había terminado» al haber sobrepasado «ampliamente» su «autorización» de estancia «temporal». El ministro también criticó a El País por haber escrito que él admitía «implícitamente las torturas», y defendió la expulsión del corresponsal de ABC por haber «cometido una falta profesional grave» al describir como «un genocidio» los asaltos marroquíes. La sociedad española, según el ministro, «ha tomado partido» por su sentido de «culpabilidad» al haber abandonado el Sáhara y los «complejos» que le impiden ser imparcial. «No nos escucháis, no queréis escucharnos», recriminó a la prensa.

Durante su intervención parlamentaria, Fassi-Fihri también acusó a los eurodiputados de «usar palabras a la ligera». «Ustedes repiten lo que dice Argelia y lo que dice el Frente Polisario. Ustedes ya han decidido y no escuchan», dijo ante parlamentarios que murmuraban o sonreían «con sarcasmo», según el ministro. Todos los eurodiputados que intervinieron, menos los franceses o del PSOE, criticaron abiertamente a Rabat.

El representante marroquí estuvo a punto de no acudir a la cita de ayer por una resolución sobre el Sáhara Occidental aprobada la semana pasada por el Parlamento. El edulcorado texto pactado por casi todas las fuerzas políticas pide una investigación internacional sobre los abusos en El Aaiún y denuncia los ataques contra la prensa, aunque se limita a una condena genérica de la violencia. Raúl Romeva, eurodiputado de ICV, subrayó la «lamentable campaña previa para desvirtuar el contenido» del texto, que aún así Marruecos describe como «precipitado, injusto y desequilibrado».

Ouldsalek, del Frente Polisario, alabó al Parlamento, pero criticó a los gobiernos. Se quejó de que «España ha intentado sin éxito lavarse las manos de su responsabilidad postcolonial» y «Francia actúa como apoderado de Marruecos». Según el representante saharaui, el desalojo violento del campamento de El Aaiún es consecuencia de «muchos años de abandono y de aquiescencia silenciosa a los abusos marroquíes». Luis Yañez, del PSOE, contestó que España ya no es «potencia administradora» del Sáhara.

El portavoz saharaui pidió apoyo a la UE para un territorio «a la vuelta de esquina de Europa» y evocó «muertes» y «torturas», aunque reconoció la falta de información sobre lo ocurrido el mes pasado. «Tememos que haya habido una matanza…No os puedo decir lo que ha pasado con exactitud», dijo.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Pesadilla en El Aaiún


ANA ROMERO
Madrid

El Mundo

«Como no me movía se me explicó que el acuerdo era igual que el francés: 'Le Monde' y 'Le Figaro' sólo estuvieron 48 horas»
«No hubo una masacre. ¿Pero por qué nos ocultaron que, atados con grilletes a las camas, allí estaban los heridos?»
El representante español «me arrebató los móviles para que no hablara con 'periodistas y activistas'. Y ese fue el final»

Zapatero embustero

Lo de menos ha sido la expulsión y la ansiedad de no saber si los policías que te conducen al aeropuerto van a girar y te van a llevar a un sitio desagradable. Qué más da otro periodista español al que se le echa de Marruecos. Eso es ya algo habitual. Poco importa también la angustia de ese día y esa noche pasados en el antiguo casino de oficiales españoles en El Aaiún sin saber lo que se estaba fraguando. O el escalofrío que recorre el cuerpo cuando alguien grita: «Si sales a la calle te van a matar. ¿Me entiendes? Te van a matar». Y luego te encuentras con que, efectivamente, tienes que salir a la calle, pase lo que pase.Sigue en página 24

Editorial en página 3


Lo peor han sido los 10 días vividos en un lugar donde, desde el momento en el que bajas del avión, respiras una represión que termina por acogotarte. El miedo es frío, y poco a poco, se va acomodando en el cuerpo. En el corazón, que te late más deprisa. En el estómago, que se te hace un nudo. En la espalda, que te duele.

Eso que antes era normal en la capital administrativa del Sáhara Occidental -un estado policial ejercido por Marruecos- se ha multiplicado exponencialmente tras los acontecimientos del 8 de noviembre. El resultado: el periodista que quiera trabajar ahora allí tiene que aprender, rápido, a hacerlo como se hacía antes, de la manera en la que trabajaban esos viejos reporteros enviados a la antigua Unión Soviética y que querían hablar con disidentes. Periodismo a la antigua cuando pensábamos que internet había acabado con él.

Un duro trabajo que implica cambiar de coche, bajar de uno y subir a otro, meterse en un taxi y luego en un segundo y en un tercero. Que incluye tumbarse en los asientos traseros de los vehículos, llevar ropa local en el bolso (para las mujeres, una ventaja) y vestirse detrás de unos cristales tintados. Que obliga a apuntar los números de teléfono en un papel que luego se rompe en mil pedazos en caso de registro. Que agudiza los sentidos. Que hace apurar esas llamadas fugaces (no pueden sobrepasar los 40 segundos) que los saharauis hacen desde un locutorio para indicarte un lugar o para darte una noticia. Es indispensable enterarse a la primera. Después no se puede devolver la llamada. Hay que hablar poco y disimular mucho: qué hace quién puede significar que ahora es el momento para encontrarse con alguien.

Aún así, inevitablemente, al salir de las casas, ahí estaban de nuevo. Los siniestros policías de paisano. Chicos jóvenes en su mayoría. Vestidos de oscuro y tocados con gorro de béisbol. Apostados frente al hotel y en el hall. Interviniendo crónicas. Preguntando al conductor que viene de vacío por el paradero de la periodista. El wali ahora defenestrado; Mohamed Jelmus, me dijo que el continuo seguimiento se hacía por mi seguridad. Seguramente.

Sobre todo, para defenderme de las mafias saharauis o de esas milicias armadas cercanas a Al Qaeda que habían tomado el campamento de Gdeim Izik y habían secuestrado a las 20.000 personas que estaban allí. Ésa es la versión que nos dieron los marroquíes de lo que ocurrió el pasado 8-N. Versión que dimos cuando el ministro del Interior, Taieb Cherkaoui, vino a Madrid con el vídeo en la maleta. Una estafa parecida al acuerdo alcanzado por los gobiernos de España y de Marruecos para que dos periodistas de los dos primeros medios escritos -EL MUNDO y El País- viajaran a El Aaiún. Con libertad total, nos dijeron. Así, fue una sorpresa recibir, apenas 24 horas después de llegar, la oferta de entrevistar en Rabat al ministro de Asuntos Exteriores, Taieb Fassi-Fihri. Yo acababa de entrevistarlo apenas dos semanas antes, y al periódico le pareció que la noticia estaba en El Aaiún, no en un despacho en Rabat. Mi compañero de fatigas, Tomás Bárbulo (autor del magnífico libro La historia prohibida del Sáhara), fue enviado a Rabat a hacer la entrevista-trampa. Nunca más volvió a El Aaiún. EL MUNDO declinó la invitación.

Ahí empezaron los problemas. Como no me movía de El Aaiún, se me explicó que el acuerdo alcanzado por los gobiernos de España y de Marruecos era el del «modelo francés»: Le Monde y Le Figaro estuvieron 48 horas en El Aaiún (los lectores podrán comprobar si buscan sus crónicas en internet lo que éstos alcanzaron a hacer). Era la primera vez que oía que el trato Madrid-Rabat incluía una limitación temporal de apenas dos días. «Si lo llegamos a saber, no venimos», fue nuestra respuesta. «Tu misión aquí ha terminado», fue la de Marruecos.

La misión, sin embargo, no terminó ahí. Y fue entonces cuando empecé a comprender el tamaño de la estafa con la que habíamos sido atraídos a la última colonia de África. Entendí el engaño que resultó ser la visita guiada a la morgue del Hospital Militar. Allí nos llevaron al día siguiente de llegar para enseñarnos la morgue y demostrarnos que no había sitio para más de seis cadáveres. Efectivamente, en El Aaiún no hubo un masacre. Pero, ¿por qué nos ocultaron que, atados con grilletes a las camas, allí estaban los heridos del campamento? ¿Por qué no nos dijeron que sus familias no sabían nada de ellos, que los daban por desaparecidos?

Caminé por los pasillos del Hospital Militar, con fuerte olor a desinfectante, ajena al suplicio de Mohamadu Yadasi, al que finalmente pude entrevistar en el dormitorio de su casa después de cambiar dos veces de coche. Mohamadu, un enfermero saharaui que sufre epilepsia, habla un castellano cervantino que aprendió de los maestros españoles en el colegio de La Paz. En el campamento le rompieron la tibia y lo dejaron siete días sin recibir sus medicamentos. Tardó cuatro días en recuperar la conciencia. Cuando lo hizo, estaba esposado en cruz a la cama del hospital. Si me hubiera ido a las 48 horas, como supuestamente habían acordado Madrid y Rabat, no habría empezado ni a oler lo que pasa realmente en El Aaiún. No habría conocido a Yadasi ni a su mujer, Maymuna, ni a sus tres hijos -Noor, de ocho años, y los gemelos Mohamed y Aya, de seis-.

Si hubiera aceptado el señuelo de la entrevista con Fasi Fihri, no habría sabido la situación en la que están los 132 presos de la Cárcel Negra. El wali nos dio las cifras, pero nada más. Para entrevistar a uno de los siete abogados de los detenidos tuve que internarme de nuevo en las callejuelas de los barrios saharauis. Para saber que a los presos los han violado con botellas, les han orinado encima y los han golpeado incluso cuando los curaban de las heridas. Tampoco habría hablado, en medio de la noche y oculta en un coche, con la chica negra (descendiente de esclavos) de 25 años a las que tres agentes violaron «por ser saharaui».

Tantas cosas que no habría contado si me hubiera ido antes. No, la misión no había terminado. El lunes iba a haber entrevistado a ocho heridos de bala que están cuidadosamente escondidos en las entrañas de El Aaiún. Por eso el domingo por la tarde decidieron terminarla a la fuerza. «¿Es usted la periodista Ana Romero?», me preguntó una señora marroquí cuando me acercaba al hotel. Acababa de bajarme del coche de Aminatu Haidar. «No, ésa no soy yo», respondí. Acompañada de un hombre con chilaba, me siguió al hotel. Una vez dentro, preguntó en la recepción, y me abroncó por negar mi identidad. «Tiene usted que irse de aquí inmediatamente», señaló, al tiempo que se identificaba como directora de Comunicación del Gobierno regional de El Aaiún.

Llamé al depositario de España, Mariano Collado, que llegó enseguida. Collado le pidió que se identificara y me dijo que dejara de hablar con ella, que ya lo haría él. Le dije que no me iría sin una orden escrita de expulsión y me senté a su lado a escribir la última crónica desde El Aaiún. Ella me intentaba distraer. Yo no levanté la cabeza del portátil. La supuesta directora de Comunicación se marchó diciendo que volvería pronto con la orden.

Collado me ofreció irme con él a la Depositaría para evitar que corriera la misma suerte que el enviado de Radio Exterior de España, Guillaume Bontoux: Collado estaba delante cuando la policía le dijo al periodista que se podía quedar, pero dos horas más tarde, cuando el reportero dormía, entraron en su habitación, lo despertaron y se lo llevaron al aeropuerto.

La idea de pasar la noche esperando a que alguien entrara en la habitación del hotel no me parecía demasiado atractiva. Hice la maleta y me marché a la Depositaría. Durante el tiempo que estuve allí, Collado llevó la negociación con los marroquíes. Cuatro veces vinieron a la puerta, cuatro veces él los hizo marchar. A medida que pasaba el tiempo, la preocupación de Collado aumentaba. «Me lo han dicho claro, me han dicho que te van a matar. Hay sicarios en la calle», me dijo al tiempo que me conminaba a marcharme de El Aaiún por mi seguridad y por la suya. Llegado un punto, me arrebató los móviles para que no hablara «con periodistas y con activistas» dentro de la Depositaría.

Ése fue el final. Volví a coger mis cosas, abrí la puerta de la Depositaría y volví a salir a la calle. Buscaba un taxi para regresar al hotel. No hubo tiempo. Me esperaban varios coches para llevarme al aeropuerto. La condición que pusimos venía con ellos en una carpeta rosa fucsia. La orden de expulsión de Marruecos por ser una «grave amenaza para la seguridad nacional». Tres copias, ninguna para mí. Aún tendría que enseñar, una por una, todas mis posesiones. Las fotos, el ordenador, el módem, los blocs de notas, el libro de Bárbulo (corrió un serio peligro), la arena del desierto «marroquí», según murmuró la mujer policía que registró mis enseres.

Viajé acompañada, y acompañada estuve hasta que dejé Marruecos, ayer, vía Casablanca. Mañana hará dos semanas que desde Madrid y desde Rabat nos invitaron a viajar a El Aaiún para informar libremente sobre lo que allí está ocurriendo. No, la misión aún no ha acabado. Desde la distancia, seguiremos informando.

martes, 30 de noviembre de 2010

Rabat expulsa a la enviada de EL MUNDO


EL MUNDO / Madrid

La periodista Ana Romero recibe una orden escrita de las autoridades marroquíes
Ha informado durante diez días de los sucesos ocurridos en la capital saharaui

Zapatero embustero

Después de 10 días de presiones cada vez más desagradables, las autoridades marroquíes obligaron ayer a la enviada especial de EL MUNDO Ana Romero a abandonar territorio saharaui, porque representa, literalmente, «una grave amenaza para la seguridad nacional» de Marruecos.

La tajante orden de expulsión, escrita en tres o cuatro folios y que contenía numerosos preceptos legales, le fue presentada ayer por la tarde a la periodista por el número dos del wali o gobernador de la provincia de El Aaiún.

Inmediatamente después de firmar el escrito, Ana Romero fue escoltada por cuatro coches policiales hasta las dependencias del aeropuerto de la capital administrativa del Sáhara Occidental. Allí cogió un avión de Royal Air Maroc con destino a Casablanca, vía Agadir. Hoy espera estar de regreso en España.

El hostigamiento contra la enviada fue continuo hasta el final. Después de sufrir un profuso registro de sus pertenencias -incluido el ordenador y la cámara de fotos- un policía de paisano protagonizó un duro enfrentamiento con Ana Romero, cuando le dijo que sabía más de lo que decía y que hablaba no sólo francés sino también árabe.

Después de redactar y enviar la crónica sobre los terribles secretos que oculta la tristemente famosa Cárcel Negra, publicada el lunes, la corresponsal internacional de EL MUNDO recibió la visita de una funcionaria marroquí -que dijo ser directora de comunicación en El Aaiún- que le informaba de que debía abandonar inmediatamente la ciudad. No se identificó ni mostró ninguna orden escrita de expulsión. Se marchó y no regresó nunca más.

Apareció entonces por el hotel Mariano Collado, el Depositario de los Bienes Culturales españoles en el Sáhara. Es un funcionario español muy conocido en El Aaiún. Collado convenció a la experimenada enviada especial para que se fuera con él a la residencia, al afirmar con mucho nerviosismo y vehemencia que su integridad física estaba amenazada y que debía salir cuanto antes de la ciudad.

«¡Si sales a la calle, te van a matar!», porfiaba el funcionario español. Sus palabras aumentaban la tensión ya existente. Finalmente Ana Romero pasó la noche del domingo al lunes en la residencia de Collado, casi sin pegar ojo.

Ayer, a media mañana, el vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, contactó con el ministro del Interior marroquí, Taib Charkhaoui, y con el titular de Comunicación, Jalid Naciri, para reclamar garantías de seguridad para la enviada especial de EL MUNDO a El Aaiún, e insitir de nuevo en la necesidad de que Rabat permita el libre acceso de la prensa al territorio saharaui.

Las gestiones de Rubalcaba fueron confirmadas desde Presidencia. En Moncloa aseguraron tener la plena convicción de que la enviada del periódico no sufriría daño personal alguno, pero en ningún caso se aventuraron a afirmar que Rabat le permitiría seguir desarrollando su trabajo de información, informa MarisaCruz.

Actitud muy distinta fue la que demostró el nuevo equipo del Ministerio de Exteriores. EL MUNDO intentó contactar sin éxito a las 12.00 horas con la directora general de Comunicación Exterior. Ante la falta de respuesta, las llamadas se dirigieron a funcionarios de menor rango pero con estatus diplomático.

En estos intentos la contestación fue inmediata. Uno de los diplomáticos aseguró no tener noticia alguna de la situación en la que se encontraba Ana Romero en el Sáhara, pero se prestó a realizar gestiones. El segundo diplomático conocía los pormenores del caso por las denuncias hechas desde la Cope por el director de este periódico y, pese a no formar ya parte de la Dirección General de Comunicación Exterior, también se dispuso a ayudar.

Tres horas después de la primera llamada, el periódico fue informado por un funcionario de que la jefa de Comunicación Exterior por fin había telefoneado a la residencia del Depositario de Bienes Culturales de España, donde se encontraba la periodista, para preguntarle detalles de lo acontecido en los últimos días, sin más. El Ministerio, tras este contacto, aseguró «no saber» por qué razón Marruecos exigía la salida inmediata de la periodista del territorio del Sáhara.

Ana Romero ha permanecido en El Aaiún 10 días desde que fuera invitada por las autoridades marroquíes para ver con sus propios ojos lo que había ocurrido en la ciudad tras el violento desmantelamiento de un campamento de protesta a las afueras de la ciudad, ocurrido el 8 de noviembre. Al día siguiente, El Aaiún vivió al día siguiente una de las peores jornadas de su historia. Rabat confirma que murieron 11 agentes entre policías y gendarmes y dos civiles, uno de ellos con pasaporte español. Fuentes saharauis hablan de 39 cadáveres.

La periodista entró el 20 de noviembre junto con su colega de El País Tomás Bárbulo, quien dejó El Aaiún un días antes. Desde entonces arreció el acoso hacia la enviada especial de EL MUNDO para que abandonara tierras saharauis.

El ministro marroquí de Comunicación, Jalid Naciri, criticó ayer en Rabat la cobertura de los enviados especiales a El Aaiún de los diarios españoles El País y El Mundo. Naciri anunció que Rabat llevará ante la justicia española las «calumnias» recogidas por El País en una entrevista al ministro de Exteriores, Taib Fasi Fihri.

A Ana Romero primero le comunicaron que «su misión había terminado», luego fueron un paso más allá al anunciarle de forma oral que Rabat le había retirado la autorización para trabajar como periodista. No contentos con ello, varios agentes policiales intentaron después requisar su cámara de fotos, la misma con la que ha aportado pruebas de los abusos contra los derechos humanos perpetrados en las últimas semanas en hospitales y cárceles.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Los secretos terribles de la Cárcel Negra


ANA ROMERO/ El Mundo
El Aaiún

Uno de los abogados de los 130 presos saharauis describe sus torturas y vejaciones

Zapatero embustero

Durante los cinco días que estuvieron desaparecidos, los violaron con botellas, los obligaron a beber su propia orina y les orinaron encima. Del 9 al 13 de noviembre, los 130 presos que ahora se encuentran en la tristemente famosa Cárcel Negra de la capital del Sáhara Occidental estuvieron retenidos sin cargos, sin acceso a abogados, y sin que sus familias supieran dónde estaban. Todo ese tiempo fueron maltratados en pleno centro de El Aaiún, en la comisaría de la wilaya (situada casi enfrente de la iglesia) y en el cuartel general de la gendarmería.Sigue en pág. 30

Enviada especial

«Traían enfermeros para que los curasen y poder seguir pegándoles», explica uno de los siete abogados que asiste al grupo de presos, y que sólo ha tenido acceso a ellos, por primera vez, el pasado miércoles.

Cuando ingresaron en la cárcel, pensaron que había acabado el horror. Se equivocaron. Allí los esperaba un grupo especial de agentes ajeno al penitenciario. Los desnudaron a todos como hacían los nazis antes de meter a los judíos en las cámaras de gas. Sólo se trataba, sin embargo, de aterrorizarlos. Les manosearon los genitales, les explicaron cómo los iban a violar y les escupieron. Después vino una rutina en la que están instalados desde entonces: escupitajos, insultos y bofetadas.

Desde el pasado jueves, en El Aaiún hay dos investigadoras de Amnistía Internacional elaborando un informe sobre los abusos perpetrados por Marruecos contra civiles saharauis durante y después del asalto al campamento de Gdeim Izik, el pasado 8 de noviembre. El Gobierno marroquí les ha negado la entrada en la cárcel para entrevistar a los presos y comprobar el relato de los abogados.

Entre los 130 reos hay dos mujeres y un menor de 18 años. Un grupo de 15 (entre ellos las dos mujeres) fueron apresados en el puerto de El Aaiún, a 25 kilómetros de la capital. El resto, en el campamento de Gdeim Izik. «A los cinco días los llevaron ante el Tribunal», continúa el abogado, que prefiere no ser identificado, aunque cuando esta periodista sale de su casa los policías de paisano están apostados en la acera de enfrente y lo tienen perfectamente fichado.

«Iban descalzos, ensangrentados y con la ropa hecha jirones. Despedían un olor espantoso». Una de las mujeres tiene ocho hijos. La segunda también es madre, pero el letrado no sabe el número exacto de hijos que tiene. Los presos están acusados de reunión armada, banda criminal e incitación a la violencia con causa de heridos y muertes. Tres de ellos se enfrentan también a la acusación de amenaza de la seguridad de la integridad nacional.

«Si se les aplica la legislación marroquí, pueden ser condenados a penas de entre 20 y 30 años de cárcel e incluso la pena de muerte», explica el abogado. «Sólo la presión internacional puede hacer que las penas sean más suaves e incluso que los excarcelen».

Ahora están en el llamado periodo de investigación, un tiempo que puede alargarse oficialmente hasta un año. ¿Sirve de algo la defensa de siete abogados saharauis voluntarios? El letrado sonríe. «Sinceramente, no. Es un gesto, una forma de que los presos no se sientan completamente abandonados y que piensen que alguien les está ayudando».

El abogado, con su hija de seis años como testigo de la conversación, sabe de lo que habla. Él estuvo desaparecido desde marzo de 1976 hasta junio de 1991. «Yo he muerto muchas veces pero he sobrevivido. Cuarenta y dos de mis compañeros murieron para siempre». Estamos en un barrio que se llama Beguna. Ese mismo nombre es el del centro de detención donde estuvo desaparecido durante 15 años y seis meses. El Gobierno de Marruecos construyó la casa en la que vive y las que la rodean para compensar al letrado y a las otras víctimas por los daños causados.

La violencia volvió ayer a El Aaiún, según fuentes saharauis. La policía entregó a su familia el cadáver de un joven que ha fallecido en la Cárcel Negra. Esta muerte provocó disturbios que finalizaron con cinco saharauis gravemente heridos en el hospital civil Mulay Hasan ben Mehdi. Los policías antidisturbios volvieron al centro de la ciudad. Iban en coches abiertos con escudos de plástico.

Construida en los años 50, cuando el Sáhara estaba bajo protectorado español, la Cárcel Negra pasó a manos de Marruecos cuando este país ocupó el territorio. Las asociaciones de defensa de los derechos humanos llevan años denunciando las torturas que allí se producen, así como las condiciones de insalubridad en las que se hacinan los presos. El último preso saharaui que murió en la Cárcel Negra a consecuencia de las torturas sufridas fue Mohamed Barka Bouceta, de 35 años, en 2002. El activista apenas pasó 15 días de condena en el recinto cuando murió, un 27 de noviembre, informa Rosa Meneses. Un informe de la Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis (Afapredesa) ya alertaba en 2002 de las condiciones infrahumanas en las que convivían los presos, que entonces eran más de 700 -entre ellos, 140 saharauis-, en ocho celdas comunes. Lo llamaron entonces «un infierno mundano».

domingo, 28 de noviembre de 2010

Los hospitales, instrumento de represión


ANA ROMERO / El Aaiún/el Mundo

Marruecos ha convertido los centros sanitarios en lugares de detención ilegal
Impone un boicot sanitario en El Aaiún, impidiendo la entrada a médicos voluntarios

Enviada especial

Zapatero embustero

Las muñecas de Mohamadu Yadasi están marcadas por las esposas con las que ha estado atado a una cama del Hospital Militar durante los últimos 18 días. «Me llamaban gamberro, imbécil, burro y otras palabras callejeras que no voy a usar por respeto a usted», dice Yadasi, de 46 años, en un castellano muy poético, salpimentado con vocablos antiguos y dichos típicos.

Yadasi es el enfermero epiléptico cuya desaparición denunció este miércoles en EL MUNDO su mujer, Maymuna Haidad, de 41 años. El viernes a las 18.00 horas reapareció en su modesta casa, casi tres semanas después de ser visto por última vez en el campamento Gdeim Izik.

Yadasi, que dice tener la tibia rota por dos heridas de bala, compartió la habitación con otros tres saharauis heridos en el campamento. Uno es Chtuki Otman, de 27 años, cuya casa no está lejos de la suya. «Pasé mucho miedo pensando que en cualquier momento venían a matarme», afirma Otman, que es el joven cuya imagen ha dado la vuelta al mundo porque fue colgada en YouTube mostrando una herida de bala bajo el pecho derecho.

«Nos decían que somos unos perros, unos nómadas, y que los marroquíes han traído la civilización aquí», agrega el joven mientras muestra el vídeo titulado «La policía marroquí iba armada». En árabe, llamar a alguien perro es uno de los peores insultos imaginables.

Casos como los del quijotesco enfermero y el del joven de internet muestran otra cara de la represión ejercida por Marruecos contra los saharauis durante y después del desmantelamiento del campamento de protesta pacífica instalado durante un mes a las afueras de El Aaiún: el uso de los hospitales como centros de detención ilegal y de maltrato.

«Al cuarto día nos dejaban atados de una sola mano para comer», explica Yadasi en referencia a una práctica que, dice, los policías marroquíes denominan «el número cinco». Según qué guardianes les tocara, su vida era mejor o peor. Había uno que se apiadaba de ellos y los soltaba para rezar. Otro, sin embargo, llamaba «Osama bin Laden» a uno de los cuatro, que tiene una barba larga, y no le dejaba orar. «Un día hubo un conflicto entre militares y gendarmes», cuenta Otman. «Los militares querían pegarnos, y los gendarmes no les dejaron. A partir de ahí, un gendarme se quedaba siempre por la noche de vigilancia».

Rabat ha impuesto un bloqueo sanitario a la ciudad impidiendo la entrada de médicos voluntarios. Dos doctoras belgas, Anne Collier y Marie-Jeanne Wuidar, llegaron a El Aaiún el pasado sábado 20 por la mañana. Al mediodía, ya estaban en una comisaría siendo despachadas de vuelta a Bruselas vía Agadir. «Si no tuvieran algo que esconder nos dejarían trabajar», señala Collier, que trabaja para una organización llamada Solidaridad Socialista.

Por eso, son enfermeros saharauis voluntarios los que van a las casas a cuidar a los heridos. «Yo he cuidado a heridos de mi familia, pero muy calladamente», señala Ahmed, un enfermero que habla un español casi perfecto. Según fuentes saharauis, escondidos en domicilios de El Aaiún hay personas heridas que tienen miedo de ser detenidas y llevadas a los hospitales.

Oficialmente, Marruecos no usó armas de fuego durante el 8-N. Los testigos con los que ha podido hablar EL MUNDO aquí confirman que las armas fueron usadas en la ciudad ante el temor de que los saharauis se hicieran con el control de El Aaiún. Este periódico ha visto fragmentos de bala extraídos en secreto por un enfermero saharaui. Una saharaui mostró también a este diario balas recogidas en los tejados de las casas provenientes de los helicópteros que sobrevolaron El Aaiún a lo largo del 8-N.

En peor situación están los detenidos en la Cárcel Negra, de donde salen todo tipo de historias siniestras. Por primera vez esta semana, sus familiares han podido visitarlos. A Laabiedi Salek, de 21 años, lo vieron su madre y su tía, ambas presentes en casa de Yadasi. «Había dos rejas entre nosotros y una distancia de unos cinco metros», afirma su tía, que no da su nombre. «Nos saludamos durante unos cinco o 10 minutos. No se le veía bien». También acudió a la cita la mujer de un saharaui que trabaja en el Ayuntamiento y que recibe el apodo de El Gordo.

«Sólo pudo verle la parte de arriba y lo hizo de lejos», señala una testigo. Se quejó de tener las piernas rotas. «El pobre Gordo tuvo mala suerte: fue al campamento la última noche para que su familia aprovechara para ir a comprar alimentos a la ciudad y le cogió el asalto». Su historia recuerda a la del español Ahmed Yedu Salem Lecuara.

Lo más duro sigue siendo para las familias que tienen miembros desaparecidos. Por ejemplo, Lalla Husein Hadad, una señora mayor que se echa a llorar en brazos de esta periodista. No sabe nada de sus dos hijos: Daich y Najem Uld Sidi Uld Daf, de 32 años y 25 años. Se teme lo peor. Son independentistas.

Pero la casa de Yadasi era ayer una fiesta. Posó con su mujer en su habitación, recibió a amigos y familiares, y se despidió así: «Dios, Patria y hamada [desierto pedregoso]. Los marroquíes nos tratan mal desde el 75. Que se larguen de aquí. Nuestro futuro es el divorcio».

sábado, 27 de noviembre de 2010

La Fiscalía subordina la causa sobre el Sáhara a la investigación marroquí


MANUEL MARRACO / Madrid/El Mundo

Ve delitos de lesa humanidad, pero pide no admitir las querellas sin preguntar a Rabat

La Fiscalía de la Audiencia Nacional considera que los recientes acontecimientos en El Aaiún encajan en varios delitos de lesa humanidad, pero deja en manos de Marruecos la decisión de abrir una investigación en la Audiencia Nacional.

Así se desprende del escrito remitido ayer por el Ministerio Público al juez Ismael Moreno, que ahora debe resolver si admite a trámite las dos querellas presentadas por hechos vinculados al desalojo del campamento Dignidad, el pasado 8 de noviembre.

La propuesta del fiscal Pedro Martínez Torrijos al magistrado es que, antes de pronunciarse, libre una comisión rogatoria preguntando a Marruecos si ya ha puesto en marcha una investigación, algo que cerraría la puerta a la jurisdicción española.

Y Marruecos ya ha abierto esa investigación, según comunicó su ministro del Interior a Alfredo Pérez Rubalcaba en su reciente visita a Madrid. Así lo transmitió expresamente el vicepresidente primero del Gobierno en la rueda de prensa posterior: «La Fiscalía [marroquí] ha abierto una investigación [...] Vamos a esperar a que termine para ver los resultados», dijo Rubalcaba, haciendo un resumen de la vía por que ahora parece discurrir la Fiscalía dirigida por Javier Zaragoza.

Otra cosa es que esa investigación sea, como exige la ley española y refleja el fiscal, «eficaz»; sobre todo teniendo en cuenta que uno de los querellados es el propio ministro que anunció la investigación, al que acompañan los de Exteriores y Defensa, además del gobernador de El Aaiún y un mando policial.

El principio de subsidiariedad -la Justicia del lugar del delito es preferente- es el único escollo para que España abra una investigación, Los otros dos requisitos se cumplen sobradamente: que los hechos encajen en un delito de persecución universal y que exista un vínculo con España.

Respecto al primer aspecto, el fiscal considera que, pese a su «imprecisión», las querellas describen delitos de lesa humanidad, recogidos en el artículo 607 bis del Código Penal. En este caso, relacionados con asesinatos, traslados forzosos y detenciones ilegales.

Martínez Torrijos, fiscal coordinador de las causas de jurisdicción universal, lo resume así: «La actuación policial se dirige contra un colectivo muy determinado, asentado en una localización concreta, colectivo que reúne los requisitos para ser considerado grupo nacional o étnico [...]. En segundo lugar, la operación policial, al menos aparentemente, no tiene otra finalidad que suprimir el asentamiento Gdeim Izik, Campamento de la Dignidad, sin que se aprecien otras motivaciones diferentes. En tercer lugar, se ha aportado un mínimo de prueba de las violaciones de los derechos humanos denunciadas».

En cuanto a la conexión española, resulta evidente, dado que Baby Handay Buyema -el saharaui fallecido en torno al cual gravitan las dos querellas- era de nacionalidad española. Es más, el fiscal apunta que «no es descartable la existencia de otras víctimas de nacionalidad española, sobre todo si atendemos a la especial relación del pueblo saharaui con la nación española». En este punto, el escrito añade un aspecto que podría apuntar a la insuficiencia de la investigación marroquí, al hacer referencia a «la falta de información sobre el número y la identidad de las víctimas».

Una rápida respuesta de Rabat explicando que ya investiga los hechos contrastaría con lo sucedido en la causa que mantiene imputados a 13 altos cargos marroquíes por el presunto genocidio saharaui. El juez Baltasar Garzón la abrió en 2007 y desde entonces Marruecos se ha negado a responder a las reiteradas peticiones de colaboración en la línea de la propuesta ahora por la Fiscalía.

Al margen de las precauciones que se hayan podido tomar en un asunto tan delicado, lo cierto es que la fórmula empleada por la Fiscalía ha sido la habitual en otros casos de jurisdicción universal: antes de pronunciarse sobre la jurisdicción española debe comprobarse si la jurisdicción preferente ya está en ello.

No ocurrió así en la querella ya admitida por genocidio. En esa ocasión el fiscal del caso respaldó la apertura inmediata de la investigación, sin esperar a que Marruecos informara sobre sus propias investigaciones.

viernes, 26 de noviembre de 2010

La Eurocámara condena los sucesos de El Aaiún y pide una investigación internacional


Alerta Digital

El Parlamento Europeo (PE) condenó la violencia registrada en el desmantelamiento marroquí del campamento saharaui de Gdaim Izik, cerca de El Aaiún, y exigió una investigación internacional. Los eurodiputados aprobaron en una votación a mano alzada la resolución que habían pactado previamente todos los grupos políticos. En la resolución no se censura explícitamente la actuación de las autoridades marroquíes, pero sí se “deplora” la pérdida de vidas y se lamentan los ataques a la libertad de prensa, por lo que se exige a Rabat que permita el libre acceso al Sahara Occidental a periodistas, observadores y organizaciones humanitarias.

El texto, con el que el PE fija su postura oficial sobre los sucesos de El Aaiún, expresa la “máxima preocupación” de los diputados por “el deterioro de la situación en el Sahara Occidental”. Además, deplora “la pérdida de vidas humanas y expresa su solidaridad a las familias de las víctimas, heridos y desaparecidos”, al tiempo que llama a las dos partes a “mantener la calma y a abstenerse de más violencia”.

La Eurocámara “toma nota de la apertura de una comisión de investigación del Parlamento marroquí para arrojar luz sobre el desarrollo de los hechos”, pero considera que “las Naciones Unidas serían la instancia más adecuada para llevar a cabo un investigación internacional que esclarezca los sucesos, las muertes y las desapariciones”.

El Parlamento “lamenta los ataques a la libertad de prensa e información que sufrieron muchos periodistas europeos” y “deplora” la prohibición de entrada al Sahara Occidental que sufrieron prensa y diputados nacionales y europeos. En este sentido, “demanda al Reino de Marruecos que permita el libre acceso y movimiento en el Sahara Occidental a la prensa, los observadores independientes y las organizaciones humanitarias”.

Además, los parlamentarios piden a la ONU un mecanismo de protección de los derechos humanos en el Sahara y expresan su “preocupación” por las detenciones y supuestas agresiones a defensores saharauis de los derechos humanos.

Por último, expresan su apoyo a las negociaciones en busca de una “solución política justa, duradera y mutuamente aceptable” para poner fin al conflicto con conformidad a las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El texto aprobado hoy rebaja las críticas a Marruecos que planteaban de entrada algunas fuerzas, que ayer volvieron escucharse durante el debate celebrado en Estrasburgo (Francia).

Sin embargo, para el Frente Polisario la resolución supone una “gran victoria”, según aseguró a Efe su representante para Europa, Mohamed Beissat. Está previsto que la próxima semana representantes marroquíes y saharauis comparezcan ante la comisión de Asuntos Exteriores de la Eurocámara para dar sus versiones de los hechos registrados en las últimas semanas.

jueves, 25 de noviembre de 2010

La falsa pista de Al Qaeda


ANÁLISIS
ROSA MENESES

El Mundo

EEUU confirma que el Frente Polisario no tiene vínculos con la red terrorista, desmintiendo las afirmaciones de Marruecos

Zapatero embustero

Tras los disturbios de El Aaiún, Marruecos ha vuelto a tratar de vincular al Frente Polisario con Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Rabat asegura que los saharauis acampados en Gdeim Izik estaban «secuestrados» por «milicias armadas» y que durante los disturbios que siguieron el desmantelamiento del campo (el 8 de noviembre), esos grupos atacaron a las fuerzas de seguridad marroquíes con técnicas que tildó de propias de Al Qaeda.

En Madrid, el ministro del Interior marroquí, Tayeb Cherkaui, sugirió incluso que esas «milicias armadas» podían estar formadas por terroristas de AQMI. No es la primera vez que Rabat explota la amenaza islamista para dibujar a los saharauis como terroristas y exponer al Polisario como un movimiento en la órbita de la red de Bin Laden.

Hace casi un año, cuando AQMI secuestró a tres cooperantes españoles en Mauritania, Marruecos afirmó que uno de los captores era un antiguo miembro del Frente Polisario y llegó a situar a los rehenes en territorio del Sáhara Occidental. Algo que quedó desmentido posteriormente incluso por las informaciones que tenía el CNI sobre la situación de los secuestrados.

La realidad es que nada relaciona al Frente Polisario con AQMI ni a la lucha independentista del pueblo saharaui con las prácticas terroristas. La pista del terrorismo islamista en el conflicto del Sáhara es falsa: Ningún informe oficial relaciona al movimiento con la rama de Al Qaeda implantada en el Sahel. El propio coordinador del Departamento de Estado de EEUU para la lucha Antiterrorista, Daniel Benjamin, confirmaba la semana pasada que no existen elementos de AQMI en el Sáhara Occidental e incluso iba más allá asegurando que la red terrorista no tiene una agenda para expandirse en este territorio.

Lo dijo un responsable de un país, EEUU, que ha designado a AQMI y su bastión en el Sahel como nuevo frente de batalla de la lucha antiterrorista y que tiene, por tanto, una gran cooperación militar con Marruecos y Argelia en este contexto. Los expertos en terrorismo coinciden en situar el santuario de las células de AQMI en el norte de Mali, mientras que señalan que hay una ausencia de actividad en Marruecos y Argelia. Queda excluido también el territorio del Sáhara Occidental (gran parte ocupado por Marruecos).

Argelia es señalado como el Estado más importante en la lucha contra AQMI en el Sahel, dado que comparte fronteras con Mauritania y Mali (los más afectados) y está en condiciones de liderar la lucha contra la red terrorista, dado que tiene un Ejército capaz y bien organizado, según los analistas consultados. Argelia, además, es el principal apoyo del Frente Polisario y, como tal, no permitiría que éste siquiera coqueteara con el islamismo militante. Hay que recordar que en Argelia se libró una guerra contra los grupos islámicos armados en los 90 y que éstos fueron derrotados.

En una reciente reunión de expertos organizada por el Ministerio de Defensa y el CIDOB en Barcelona, se concluyó que AQMI mantiene una limitada capacidad para realizar actividades terroristas más allá del área oeste del Sahel. Expertos del Ministerio del Interior español admiten que AQMI tiene una libertad de acción restringida a la franja saheliana y que actualmente su capacidad para realizar actos terroristas en Europa -incluso en el Magreb- es muy menguada.

Como movimiento, el Polisario siempre ha estado lejos de la retórica salafista del islamismo radical. Se trata de un movimiento nacionalista y de carácter socialista que nunca ha apelado a la guerra santa (yihad) sino a la autodeterminación del pueblo saharaui. Una organización con una rama militar bien disciplinada que se enfrentó al Ejército marroquí bajo las reglas estrictas de un conflicto armado: sin coches bomba ni kamikazes.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

LA ONU CONOCIA LOS PLANES DE MARRUECOS DE PROVOCAR LA MASACRE EN EL AAIUN



24 Noviembre, 2010

Marruecos informó a la ONU de que asaltaría el campamento de El Aaiún

Los miembros de la Minurso llegaron al lugar tres días después de la tragedia

Los mandos de las fuerzas de la ONU destacadas en el Sáhara Occidental fueron informados de forma extraoficial por las autoridades marroquíes de que el día 8 asaltarían el campamento saharaui de Agdaym Izik. A pesar de ello, no acudieron al lugar de la tragedia hasta tres días más tarde, cuando el asentamiento ya había sido desmantelado. Así lo reconoció ayer Alexander Ivanko, principal asesor político del representante especial del secretario general de la ONU y jefe de la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental), el egipcio Hany Abdelaziz.

“Los marroquíes no nos informaron oficialmente, pero teníamos indicaciones de que el desalojo se podía producir”, admite Ivanko en el cuartel general de la Minurso, en El Aaiún. “El jefe de la misión fue tres días después, pero allí ya no quedaba nada”.

Cuando, horas más tarde del asalto al campamento, miles de saharauis iracundos se lanzaron a las calles de El Aaiún y comenzaron a incendiar coches y apedrear edificios, las fuerzas de la ONU no intervinieron. Tampoco actuaron poco después, cuando bandas formadas por cientos de colonos marroquíes acompañados por policías violaron, destrozaron y robaron los domicilios y los negocios de los saharauis. Simplemente, se encerraron en el cuartel, que fue inmediatamente rodeado por las fuerzas marroquíes, o permanecieron en sus hoteles y domicilios. Ivanko justifica así esta actitud pasiva: “No tenemos armas, y nuestra primera responsabilidad es proteger a nuestro personal”.

El día 14, la Minurso envió a la sede de la ONU en Nueva York un informe de 27 páginas, que fue utilizado poco después en los debates del Consejo de Seguridad. Ivanko señala dos datos que aparentemente fueron incluidos en el texto a pesar de que los miembros de la fuerza de paz no presenciaron los enfrentamientos porque estaban recluidos. El primero es que no vieron armas de fuego en manos de los marroquíes que reprimieron a los saharauis. Y el segundo es que entre las fuerzas del orden que cargaron contra los alborotadores no había militares. Esta última afirmación es crucial, porque la presencia de militares en los enfrentamientos habría supuesto una ruptura del alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario.

La Minurso es un organismo polémico. Es una de las pocas misiones de Naciones Unidas que carece de un mandato legal para fiscalizar el cumplimiento de los derechos humanos tanto en la zona ocupada por Marruecos como en la controlada por el Frente Polisario. Fue creada en 1991, tras la firma del alto el fuego entre ambos contendientes, con la misión de organizar un referéndum de autodeterminación entre los saharauis. Desde entonces ha empleado a más de 4.000 observadores militares y a varios cientos de funcionarios civiles y ha consumido un presupuesto cercano a los 1.000 millones de dólares, sin lograr su objetivo original. Ivanko reconoce implícitamente ese fracaso: “Nosotros completamos en 2004 el trabajo de identificar a los votantes, pero dado que las dos partes no se ponen de acuerdo sobre el referéndum, las listas han sido enviadas a la sede de la ONU de Ginebra. Ahora nos limitamos a supervisar el alto el fuego, a fomentar medidas de confianza entre Marruecos y el Frente Polisario y a retirar las minas plantadas en el territorio durante la guerra”. Para esa tarea cuenta con 450 personas, la mitad de las cuales son militares de varias nacionalidades, entre los cuales no figuran españoles.

Fuente original: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Marruecos/informo/ONU/asaltaria/campamento/Aaiun/elpepiint/20101124elpepiint_8/Tes

Marruecos presiona a la enviada de EL MUNDO para que deje El Aaiún: 'Su misión ha terminado'


ANA ROMERO
El Aaiún

El Mundo

Zapatero embustero

«Enséñeme la autorización escrita». El agente que sale del primero de los dos furgones recibe por respuesta que tenemos permiso del Gobierno de Marruecos para trabajar libremente. El salvoconducto es, sin embargo, sólo oral. Nada

satisfecho, el policía repite la pregunta. Quizá para animarnos a producir el inexistente papel salen de los vehículos todos sus inquilinos, que son muchos, de azul y verde.

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Enviada especial

El desagradable encuentro en una pequeña plaza de un barrio saharaui en El Aaiún lo resuelven, curiosamente, los mismos policías de paisano que nos siguen a diario desde el momento en que salimos del hotel. También, una oportuna llamada telefónica al Ministerio del Interior.

Han pasado tres días y el trabajo periodístico para el que vinimos aquí se complica. «Usted no está acreditada para trabajar aquí», habían dicho los gendarmes.

Una cosa es informar en apenas 48 horas sobre lo ocurrido el 8-N -no hubo masacre y en la cárcel están detenidas 132 personas- y otra muy distinta es seguir hurgando por los rincones de la ciudad para recoger los testimonios de los civiles saharauis.

Según el Gobierno marroquí, los medios españoles fuimos invitados a seguir el mismo esquema que los franceses. Los dos primeros diarios galos (Le Monde y Le Figaro) y un tiempo limitado e impuesto por ellos. Le Monde estuvo aquí 48 horas y Le Figaro cuatro días.

El diario EL MUNDO mantiene que el acuerdo aceptado nunca incluyó una limitación temporal y ha decidido permanecer en El Aaiún más tiempo.

El periódico El País ha aceptado la invitación del Gobierno de Marruecos para ir a Rabat y entrevistar al ministro de Asuntos Exteriores, Taib Fassi-Fihri.

En medio de una algarabía que dura ya desde el lunes, un funcionario de Exteriores explicó así a esta enviada el estado de la cuestión: «Tu misión en El Aaiún ha terminado».

El cuentagotas mediático continuó ayer por la noche y se abrió al mundo anglosajón: tres periodistas del TheNew York Times llegaron al hotel más céntrico de la ciudad, donde se alojan también fuerzas de seguridad de Marruecos e integrantes de la misión de Naciones Unidas.

El equipo del diario estadounidense incluye a dos reporteros y un fotógrafo. A El MUNDO y El País se les negó la entrada con fotógrafos el pasado viernes cuando éstos ya estaban en el aeropuerto de El Aaiún. A todos se les obligó a regresar a Las Palmas, de donde venían, y sólo pudieron volver a entrar los redactores.

Según los periodistas estadounidenses, ellos tienen previsto marcharse hoy mismo.

Justo ayer por la mañana, la Gendarmería de Marruecos se retiró de El Aaiún. Las calles circundantes a la arteria central fueron reabiertas y sin las fuerzas paramilitares la ciudad presentaba un aspecto mucho menos amenazante que hace tan sólo un día.

Fuentes del Ministerio de Interior marroquí no explicaron si la retirada de los efectivos policiales es temporal.

martes, 23 de noviembre de 2010

"Nos sentimos engañados por los socialistas valencianos"




18:34 (23-11-2010) /La gaceta

Los saharauis que la noche del lunes fueron desalojados de la sede del PSPV-PSOE acusan a los socialistas valencianos de "tirar balones fuera" en el conflicto en El Sáhara.

Los saharauis que la noche de este lunes fueron desalojados de la sede del PSPV-PSOE en Valencia han señalado que se sienten "engañados" por los socialistas valencianos, a quienes han acusado de "tirar balones fuera" con el comunicado leído en la mañana de este martes por la portavoz de Inmigración y Ciudadanía en las Cortes Valencianas, Clara Tirado, y han calificado de "ruin y cobarde" lo ocurrido anoche.

En la mañana de este martes permanecían frente a la sede del PSPV una veintena de personas, entre saharauis y activistas, junto a las pancartas 'Marruecos asesina. España se arrodilla' y 'Genocidio consentido'.

La portavoz del grupo, Nadira Mohamed, ha señalado, en declaraciones a Europa Press, que los socialistas "nos engañaron" porque sobre las 21.00 horas "nos dijeron que no tenían ningún problema en que durmiéramos en la sede" y les pidieron que se quedaran menos personas por motivos de seguridad. "Decidimos tenerlo en cuenta, nos quedamos 16 personas dentro y los demás se fueron a casa", ha aseverado.

Mohamed ha explicado que sobre las 00.10 horas apareció el subdelegado del Gobierno en Valencia, Luis Felipe Martínez, con cuatro miembros de la policía secreta, que les pidieron que se marcharan de la sede. "No entendíamos nada porque los socialistas nos habían dejado estar, se lo hicimos saber y nos dijo que los socialistas les habían mandado un comunicado pidiendo que nos desalojaran de la sede".

Ante esta situación, los saharauis decidieron realizar una "resistencia pacífica y no movernos", según ha relatado Nadira Mohamed, quien ha añadido que, a continuación, acudieron tres coches de policía, tres furgonetas de antidisturbios y dos coches de la policía secreta.

Los agentes accedieron a la sede del PSPV, "nos sacaron a rastras uno por uno" y ya fuera les "amenazaron" con denunciarlos si permanecían en la calle, ha continuado la portavoz. Los saharauis se mantuvieron en las inmediaciones hasta las 2.15 horas, momento en el que se trasladaron con sacos de dormir y mantas frente al edificio de Blanquerías, donde han pasado la noche.
Concentración consulado

Nadira Mohamed ha precisado que ninguna de las tres peticiones del grupo de saharauis -reconocimiento de la República Arabe Saharaui Democrática, cese de la venta de armamento "ilegal" a Marruecos y respeto a las resolucones de las Naciones Unidas- fue recogida por los socialistas valencianos en las comunicaciones públicas que realizó el PSPV este lunes y por eso decidieron pasar la noche en la sede de Blanquerías.

"Aún así, seguían transmitiendo un mensaje de positividad de que no tenían problema con que pasáramos la noche, que podíamos ser 16 personas pero no más por motivos de seguridad, y luego nos engañaron", se ha lamentado la activista.

Respecto al comunicado leído por Clara Tirado, ha aseverado que como "siempre echarán balones fuera, querrán quitarse la culpa de esto, pero la fuerza del Derecho y la fuerza de los saharauis está y hay algo que ellos no van a conseguir quitarnos, que es la justicia y la fuerza que tenemos".

"Qué nos puede pasar a nosotros aquí, si nuestros jóvenes en las zonas ocupadas cuando salen, salen dispuestos a morir. ¿Aquí que nos va a pasar? ¿Pasar frío? Estamos dispuestos. ¿Que nos peguen? Dispuestos. ¿Multas? Las que quieran, pero aquí vamos a estar, para que nuestros compañeros, hermanos y amigos de las zonas ocupadas sepan que estamos aquí por ellos y que si ellos no pueden hablar aquí estamos nosotros", ha apostillado.

También ha indicado que no tienen previsto mantener ningún contacto más con los representantes del PSPV. "No queremos tampoco, después del acto tan ruin y cobarde que hicieron anoche no merece la pena tener ningún contacto ya, anoche ya dejaron clara su posición", ha remachado.

Zapatero, inquieto por el Sáhara


MANUEL SÁNCHEZ / Madrid

El Mundo

Militantes del PSOE empiezan a movilizarse para pedir una condena contra Marruecos

Zapatero embustero

José Luis Rodríguez Zapatero sigue preocupado por la situación del Sáhara y de cómo afecta a buena parte de su electorado, y ayer dedicó una buena parte de su intervención en la Ejecutiva Federal del PSOE a relatar cómo ha actuado su Gobierno y a pedir al partido que explique a los ciudadanos esta actuación.

Zapatero incidió, según fuentes consultadas, en recordar que su Gobierno ha multiplicado por cuatro las ayudas al pueblo saharaui; que ha mantenido la misma posición en este conflicto que todos los países del mundo, exigiendo transparencia a Marruecos y la defensa de los derechos humanos; que la prudencia ha sido buena consejera porque no se corresponden los datos que se tenían los primeros días con los que se tienen hoy, y que, pese a todos los incidentes, el Gobierno mantiene la interlocución con Marruecos, con Argelia y con el Frente Polisario.

El secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, se esforzó, en la conferencia de prensa posterior a la Ejecutiva, en seguir el mandato de Zapatero y justificar la posición del Ejecutivo español en este conflicto.

Así, Iglesias anunció que este jueves la secretaria de Política Internacional del PSOE, Elena Valenciano, recibirá a plataformas de apoyo al Frente Polisario en España para explicarles la posición de «responsabilidad» que ha mostrado el Gobierno desde que Marruecos desmanteló el campamento saharaui a las afueras de El Aaiún. Al encuentro, además, es probable que también asista la ministra de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez.

El objetivo de este encuentro, según fuentes consultadas, es tratar de explicar que el PSOE sigue defendiendo su postura prosaharaui y que sigue haciendo todo lo posible por buscar una solución rápida al conflicto que, en opinión de toda la dirección del partido, «debe ser necesariamente consensuada».

El dirigente socialista explicó que para el partido es muy importante seguir manteniendo esta interlocución y explicar de forma clara que el Ejecutivo ha actuado de forma «correcta» en todo este conflicto.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Trinidad Jiménez pide al Parlamento Europeo que no condene a Marruecos


Apela a la "sensatez" de los diputados

Está en Bruselas como ministra de Exteriores de España, aunque por sus gestiones podría pasar por ministra marroquí. Trinidad Jiménez pidió a los eurodiputados que sean "sensatos" y apoyen "soluciones" en su posicionamiento sobre el Sahara. Sin eufemismos: que no condenen al régimen de Rabat.

2010-11-22
ld/efe / LIbertad Digital

El pleno del PE decidió este lunes modificar el orden del día de su pleno de Estrasburgo para pronunciase el próximo jueves sobre la situación en el Sahara Occidental, en lugar de hacerlo en diciembre como estaba previsto.

Jiménez pidió que los miembros del PE adopten su resolución "sabiendo cuál es la dimensión de la situación y cuál es la vía más razonable para apoyar soluciones". "Espero que cualquiera que sea la cuestión que se vote, que ayude a solucionar la situación... confío en la sensatez de los miembros del Parlamento Europeo", insistió la titular de Exteriores, quien hoy asistió a un Consejo de Ministros comunitarios.

Aún así, la ministra recalcó que no debe entrar en el contenido de lo que el PE pueda aprobar, por respeto a lo que haga esa institución en el ámbito de sus competencias. Jiménez continuó hoy en Bruselas los contactos informales sobre esta cuestión, como continuación de las conversación ha tenido en los últimos días con los responsables de Exteriores de EEUU, Francia, Suecia y Reino Unido.

La ministra conversó con la Alta Representante de la UE, Catherine Ashton, según indicaron fuentes comunitarias. La UE tiene previsto debatir a fondo esta cuestión durante el Consejo de Asociación con Marruecos del próximo 13 de diciembre, para el cual se espera la asistencia del ministro marroquí de Exteriores, Fasi Fihri.

Jiménez dijo que Marruecos todavía no ha respondido a la solicitud española para que se investiguen las circunstancias de la muerte en los disturbios ocurridos el pasado día 8 en El Aaiún del español de origen saharaui Baby Hamday Buyema. Además, señaló que todavía no se ha podido concluir el proceso de identificación del cadáver. "Hasta ahora ha sido difícil incluso establecer la identificación, porque no son coincidentes los nombres con la cédula de identidad y la persona", explicó la ministra.