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miércoles, 16 de octubre de 2013

Absuelven a los policías del Faisán de colaborar con ETA y sólo les condenan por revelar secretos

Año y medio de prisión

 Libertad Digital

La Audiencia Nacional ha condenado a Enrique Pamiés y José María Ballesteros a un año y medio de prisión y a cuatro años de inhabilitación.



Reveladora sentencia


 
Según la Audiencia Nacional, detrás del chivatazo a ETA hubo un delito de revelación de secretos pero no colaboración con la banda terrorista. Por esta razón, la Sección Tercera de la Sala de lo Penal ha condenado este miércoles al ex jefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamiés y al inspector jefe José María Ballesteros a un año y medio de prisión y cuatro años de inhabilitación por el soplo a ETA que se produjo el 4 de mayo de 2006 en el bar Faisán.
La red de financiación etarra -cuyo centro neurálgico era el bar Faisán (Irún)- estaba siendo investigada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desde el año 1998. Con el chivatazo se frustró la operación para detener a los responsables de la financiación de la banda terrorista.
No obstante, el tribunal que preside el magistrado Alfonso Guevara les absuelve del delito de colaboración con banda armada al justificar que el chivatazo se produjo después de que el Congreso de los Diputados el 17 de mayo de 2005 autorizase al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a negociar con la banda terrorista.
En este sentido, la resolución subraya que "no estamos ante una acción directa de los acusados para favorecer una actuación puntual de ETA o la actividad de la banda terrorista, sino que iba encaminada en un sentido distinto, pues la acción ejercitada fue guiada por la finalidad dentro del concepto de acción final, de que no se pudiera entorpecer el proceso que estaba en marcha para lograr el cese de la actividad de ETA".
Para absolver a Pamiés y Ballesteros de colaboración –un delito que conlleva penas de hasta diez años de cárcel-, los magistrados concluyen que en el presente caso no hubo una voluntad de realizar la conducta típica, la de favorecer la actividad de la banda terrorista (dolo intencional) cualquiera que sea el móvil.

El objetivo: "alcanzar la paz social"

La Sala añade que "la acción realizada por los acusados tendente a favorecer el proceso dirigido a hacer cesar la actividad de una organización armada (ETA) no puede considerarse que lesionó o puso en peligro el bien jurídico protegido" ya que según la Sección Tercera el bien jurídico protegido es la convivencia pacífica de los ciudadanos, o dicho de otro modo, "alcanzar la paz social"; algo que quedaría justificado con el proceso de negociación con la banda terrorista.
La Audiencia también rechaza aplicar en este caso la jurisprudencia que sostiene que para exista un delito de colaboración con banda armada no hay que compartir los fines o medios de la organización terrorista. "Consideramos que esta interpretación tan amplia no es aplicable en este caso" ya que el elemento del dolo de los acusados fue "totalmente distinto" al de favorecer la actividad de ETA.
Como hechos probados la resolución, con ponencia del magistrado Antonio Díaz Delgado, considera indubitado que el inspector José María Ballesteros fue quien pasó el teléfono a Elosúa dentro del bar Faisán el 4 de mayo de 2006 para advertirle de que se iba a producir la detención de los extorsionadores de ETA. La Sala llega al convencimiento de que "las personas que mantuvieron los contactos en el interior del bar Faisán eran policías, como lo son los dos acusados", siendo el exjefe superior Enrique Pamiés quien eligió a Ballesteros para dar el soplo.
Asimismo, la Audiencia explica que tras el análisis del registro de tráficos de llamadas de los teléfonos móviles, hay una concreta a las 11:23 donde no cabe duda de que la persona que le dio el móvil al dueño de Joseba Elosúa: "No puede ser otra que el acusado José María Ballesteros".
Para llegar a estas conclusiones, el tribunal apela a las "reglas de la lógica" y valora el contenido de la grabación entre Joseba Elosua y su yerno Carmelo Luquin en el que el primero advertía del soplo y el reconocimiento de Ballesteros de que estuvo en el 'Faisán', tal y como recogieron las cintas de videovigilancia de la policía.
De igual modo, considera "debilitada, por no decir poco creíble", la explicación ofrecida por Pamiés para justificar la presencia de Ballesteros en el 'Faisán', en referencia a la preparación de una cita que iba a mantener con un confidente etarra llamado 'El Romano'. Sin embargo, esta versión no fue ratificada en el juicio por el oficial de enlace entre la Unidad Central de Inteligencia (UCI) y la Gendarmería francesa ni por el comisario francés Cristian Pommes.

No ingresarán en prisión

De la misma manera, la sentencia sostiene que el interlocutor de la llamada con Elosúa, que le comunicó "la operación policial en marcha para detener el aparato de extorsión de ETA no puede ser otro que el acusado Enrique Pamiés". Por esta razón, el tribunal considera "autor material y directo de los hechos" a Pamiés mientras que a Ballesteros se le condena como "autor por cooperación necesaria" al contribuir al hecho criminal. Ambos han sido condenados a año y medio por revelación de secretos siendo la pena máxima para ese delito de tres años de cárcel.
En la resolución, el tribunal estima que el soplo del bar Faisán causó "un grave daño a la causa pública", independientemente de que dicho aparato de extorsión de ETA fuera detenido el 22 de junio de 2006 aunque en esa ocasión ya no se pudo incautar el dinero de la banda terrorista. Además, la Audiencia explica que "el obstaculizar y entorpecer una investigación policial en marcha conlleva la consiguiente pérdida de credibilidad de las instituciones públicas" por lo que los policías deben ser condenados por un delito de revelación de secretos.
Al no tener antecedentes penales y ser la condena menor de dos años los agentes no ingresarán en la cárcel y la inhabilitación no se hará efectiva hasta que la condena sea firme. Con esta sentencia se pone punto "final" a siete años de investigación judicial para un episodio entendido por una parte de la sociedad como uno de los mayores escándalos vividos en España en democracia. La propia Audiencia Nacional lo tildó en 2010 como un hecho 'de una gravedad sin precedentes en la historia de la lucha contra el terrorismo'. Contra esta sentencia cabe recurso ante el Tribunal Supremo.

viernes, 20 de septiembre de 2013

El fiscal anima a los policías del Faisán a delatar a sus jefes

«Espero que alguno haga lo mismo que Amedo hizo en el GAL» / Prefiere,sin embargo, que se les condene solamente por revelación de secretos

¡RECHACEMOS el catalanismo imperialista que sólo busca la anexión mediante la lengua de los territorios de Baleares, Aragón y Valencia y el sometimiento de sus poblaciones para recaudar sus tributos y esquilmar sus recursos!El fiscal del caso Faisán, Carlos Bautista, sostuvo ayer en su informe final que hay implicados «más arriba» que los dos policías del banquillo, y expuso el método para descubrirlos: «Vamos a esperar, si hay una sentencia condenatoria, a que algún coimputado haga lo que pasó en el GAL con el señor Amedo, es decir, hablar. Entonces, ya será otra cuestión». El fiscal mantuvo la petición con la que llegó a juicio: condenar a Enrique Pamies y José María Ballesteros, preferentemente, por revelación de secretos o, alternativamente, por colaboración terrorista. Durante una hora, Bautista defendió con vehemencia que el relato de hechos probados coincide al milímetro con la versión del equipo investigador, cuyas tesis asumió «íntegramente».

El fiscal sólo reconoció una «falla» en la investigación, muy alejada, eso sí, de las que esgrimen las defensas: que hay otros implicados aún no identificados o contra los que no hay indicios suficientes.

El ausente más evidente es el ex director de la Policía Víctor García Hidalgo, que llegó a estar procesado por encargar el soplo al ex jefe superior del País Vasco. Él sería el primer candidato si alguno de los acusados se decidiera a cantar, pero no sería el único. «Un cierto tufo a conspiración tiene esto», dijo el fiscal al recordar que aún hay teléfonos clave a los que no se ha podido poner nombre.

El Ministerio Público hizo una única modificación de su escrito de acusación y fue para sumarse a la tesis de los investigadores de que el chivatazo tuvo un móvil político. Donde antes se leía que ese móvil no estaba «debidamente acreditado hasta la fecha», ahora debe leerse que el chivatazo buscaba «no afectar una determinada estrategia de lucha contra terrorista». Es decir, no estropear la negociación con ETA que, según recordó el fiscal, tenía abierta en 2006 Rodríguez Zapatero. «La estrategia de la lucha antiterrorista pasaba por eso. Pero, claro, Pamies es el táctico, el que decide cómo se hace el soplo sobre el terreno. La estrategia la hace alguien que no está sobre el terreno...», prosiguió, volviendo a las ausencias en el banquillo.

«Me parece claro que se produjo, por medios criminales, ilícitos y delictivos, una coadyuvación a un objetivo que era legítimo: acabar con ETA mediante un proceso de paz», resumió, insistiendo en que hubo delito, pero haciéndolo bascular lejos de la colaboración a la vista de la intención final de los policías. Con la doble petición de condena por revelación de secretos y colaboración, el fiscal cumplía «a rajatabla» la orden del fiscal general de acusar por una colaboración en la que la Fiscalía de la Audiencia nunca ha creído.

El fiscal desmontó primero y ridiculizó después el elemento más novedoso del juicio: la coartada de Pamies y su confidente. No sólo el Romano debe al mando policial «la hacienda y la vida», lo que cuestiona su credibilidad, sino que el supuesto encuentro en el corazón del País Vasco francés el día del soplo no es creíble porque habría sido «un suicidio». «La cita es una falacia dentro de un bulo envuelto en una mentira», resumió.

No habría sido el Romano el único en mentir. «La señora Teresa ha mentido en el juicio para favorecer a Pamies», dijo rotundo, refiriéndose a la policía de San Sebastián que sirvió de «fuente» a Pamies. Pese a lo terminante de la afirmación, no pidió investigarla por falso testimonio.

El aún hoy jefe superior también debió de revolverse en la silla cuando el fiscal respondió a su frase del lunes de que usar su móvil oficial para el soplo «no se le ocurre ni al que asó la manteca». «Es verdad», concedió Bautista, «pero había cierta sensación de impunidad, o a lo mejor quien era el táctico [Pamies] decidió que quería una prueba contra el estratega [el que le dio la orden usando el mismo teléfono]. O la peor de las opciones, la chapucería nacional, como ya ocurrió en los GAL, cuando alguien gastaba los fondos reservados en el casino. A lo mejor cuando alguien juega a Harryel Sucio acaba convirtiéndose en Torrente».


Goodfellas 

El fiscal Carlos Bautista demostró ayer que conoce al dedillo el sumario sobre el chivatazo. Su exposición de los hechos, en su informe ante el tribunal, demuestra que no ha dejado nada a la improvisación y que su petición de condena a los acusados se basa en una convicción firme, que no deja resquicio a la duda.
Bautista, que ha reconocido que a veces ha llegado a soñar con escenas del chivatazo a ETA, tal era su obsesión sobre este delicado sumario, se permitió incluso algunas licencias que, sin embargo, no desentonaron con un relato preciso y metódico de lo que sucedió el 4 de mayo de 2006 en el bar Faisán.

Comenzó con una mención a la película de Ford CoppolaEl Padrino. Recordó la referencia del jefe de la mafia a «uno de los nuestros», para hacer comprender al tribunal el porqué de algunas declaraciones de jefes policiales. Probablemente, Bautista confundió El Padrino con Goodfellas (traducida como Uno de los nuestros), una película de Martin Scorsese. Un error que no le perdonará su jefe, Eduardo Torres-Dulce.

Pero, en efecto, Enrique Pamies es, para muchos policías, «uno de los nuestros», un funcionario que ha cumplido con su misión y que tiene un historial impecable en la lucha contra ETA.

En un momento de su intervención, Bautista expresó un deseo que llamó la atención del tribunal e incomodó a los acusados: «Que acaben hablando como Amedo en los GAL».

El fiscal está convencido de que Pamies era el «táctico que decidió la estrategia sobre el terreno», pero por encima de él había otros que decidieron lo que había que hacer. El Ministerio Público coincide con la tesis del responsable de la investigación, Carlos Germán, quien ha manifestado que el soplo tenía una «finalidad política».

Para Bautista, el chivatazo tenía como objetivo «evitar la detención de Gorka Aguirre (dirigente del PNV y miembro de la trama de extorsión) y no afectar a una determinada estrategia de lucha antiterrorista».

Es decir, que había un fin político indudable, que los autores intelectuales tenían que ser parte del Gobierno, que puso en marcha la negociación con la banda, pero que, por el momento, no se puede proceder contra ellos porque están protegidos por el silencio (la omertá) que mantienen los acusados.

Pero esa frase («no afectar a una determinada estrategia de lucha antiterrorista») es la que da pie al fiscal para no pedir condena por colaboración con banda armada o tan sólo considerarla como una alternativa al delito de revelación de secretos –por el que solicita entre un año y medio y dos años de cárcel–.

Bautista cree que los policías que informaron a ETA de la operación Urogallo no querían ayudar a la banda –colaboración–, sino que actuaban en el marco de un plan que contemplaba la desaparición de la misma, en línea con la política puesta en marcha por Rodríguez Zapatero.

Sin duda éste es un aspecto medular, que incluso puede considerarse como un incumplimiento de la orden que dio el fiscal general para que se incluyera el delito de colaboración en la petición del Ministerio Público. Bautista ha actuado en función de un principio: la colaboración supondría que el Gobierno socialista quiso ayudar a la banda con el proceso de negociación. Algo que parece lejos de la realidad.

casimiro.g.abadillo@elmundo.es

«Me dijo: ‘Para no fastidiar todo el proceso’»


El tribunal escuchó ayer el contenido de la baliza que grabó la conversación entre el dueño del Faisán, Joseba Elosua, y su yerno, Carmelo Luquin, de la que se concluyó que había habido un soplo.
Elosua.– Dice que no hable por el teléfono del bar con esa gente por lo menos, que lo tengo machacado. Me ha entrado agua [en argot, está pinchado].
Luquin.– Oye, no vas a decir que te he llamado yo, ¿eh?. Para no fastidiar todo el ‘proceso’. Que luego vamos a armar aquí un zipizape si dices que te he llamado yo. Pero si esto no depende de mí, que se rompa o no se rompa... Me llamaba como si yo fuera, no sé... algún...
Elosua.– Le he dicho yo: «Me ha parecido que usted estaba en el portal». Dice: «Sí, estaba para darte el recado». Es que éste me hubiera enganchado arriba, y sabrían dónde vivo.
Luquin.– Estaba en casa...
Elosua.– Estaba en casa. Y de la Ertzaintza no es, porque si fuera de la Ertzaintza... Gorka no...
Luquin.– Es un madero.
Elosua.– Es un madero. Además, me ha dicho: «Tienes policía ahí en la frontera, ¿eh? Para cogerle a José Antonio» [Cau fue arrestado también semanas después junto a Elosua, por su presunta implicación en la trama de extorsión etarra].
El tribunal tiene previsto concluir el juicio el lunes, tras escuchar los informes de las acusaciones y las defensas y dar la última palabra a los acusados.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

e El investigador del caso Faisán quiso borrar pruebas

  • Según su jefe
      EFE/La gaceta
    El Comisario Cabanillas ha confirmado hoy ante el juez que su subordinado y jefe de la investigación del soplo, Carlos Germán, quiso destruir pruebas del chivatazo.
  • José Cabanillas, comisario jefe de la Unidad Central de Inteligencia (UCI) cuando se produjo el chivatazo que en 2006 desmontó una operación contra ETA, ha ratificado hoy en el juicio del caso Faisán que Carlos Germán, su subordinado y jefe de la investigación del soplo, quiso destruir pruebas.
    Cabanillas ha declarado como testigo en la tercera jornada de la vista que se celebra en la Audiencia Nacional contra el ex jefe superior de la Policía en el País Vasco Enrique Pamies y el exinspector de Álava José María Cabanillas, que se enfrentan a penas de cárcel por revelación de secretos y colaboración con ETA.
    El 8 de febrero de 2011 Cabanillas declaró ante el juez Pablo Ruz que Germán le pidió hasta tres veces destruir la grabación de la conversación en la que el dueño del bar Faisán y presunto miembro de ETA, Joseba Elosúa, le cuenta a su yerno en el coche la llamada del chivatazo que mantuvo supuestamente con Pamies.
    Esta conversación precisamente es en la que se ha basado Germán para enmarcar el soplo en el proceso de negociación con ETA, ya que en ese momento Elosua le relató a su yerno que la persona que le dio el chivatazo le dijo: "No vas a decir que te he llamado para fastidiar todo el proceso. No vamos a hacer un zipi zape".
    Cabanillas, que ha declarado como testigo llamado por la defensa de Pamies, se ha ratificado "completamente" en sus palabras de febrero de 2011, aunque no ha dado más detalles sobre el asunto.
    Sí ha hablado sobre los días posteriores al chivatazo, cuando Germán le entregó la transcripción de la conversación del coche.
    El primer día del juicio, Germán dijo que cuando le dio los papeles a Cabanillas le dijo que consideraba que era su deber informar al juez de la Audiencia Nacional porque había habido una filtración y "tenía claro" que era policial, pero su superior le contestó que "no fuera a ningún lado, que ya irían ellos".
    Agregó que el juez Fernando Grande-Marlaska le llamó unos días después para hacerse cargo de la investigación, después de haber recibido la información de manos de Cabanillas.
    Hoy, este último ha sostenido una versión diferente ante el tribunal. "¿Es cierto que usted ordena a Carlos Germán no comunicarle al juez lo que había ocurrido el 4 de mayo?", le ha preguntado un abogado, a lo que ha contestado: "Al contrario, le estuve diciendo los días anteriores que fuera a denunciarlo, y el último día, en vista de que no había ido, fui yo".
    "Fui porque él no había ido, que era quien, con arreglo a la ley, tenía la obligación jurídica de comunicárselo al juez", ha añadido Cabanillas.

martes, 17 de septiembre de 2013

‘El chivatazo tuvo un móvil político’ dice el policía que lo investigó

Justo después de soltar la frase, el presidente del tribunal suspendió la sesión, así que las palabras quedaron flotando en la sala: «El chivatazo tuvo un móvil político», dijo ayer el jefe investigador en el primer día del juicio por el caso Faisán.
«Hubo una orden política de la filtración. No entra en cabeza humana que se le ocurra a un policía». Lo que en el fondo el comisario Carlos Germán le estaba diciendo al tribunal era que, siete años y cuatro meses después de los hechos, el banquillo estaba incompleto. Detrás de él no había ningún político, sólo los dos mandos policiales: el ex jefe superior del País Vasco, Enrique Pamies, y el inspector jefe José María Ballesteros.

Por el camino se quedó Víctor García Hidalgo, dirigente del PSE y entonces director general de la Policía, que llegó a estar procesado por dar la orden del soplo pero que acabó librándose de una acusación. Precisamente a él señaló el investigador: «Se recibió una orden política. ¿De quién? Del director general de la Policía concretamente; esa es nuestra convicción, no fue por iniciativa propia del jefe superior».

El jefe del equipo que investigó el chivatazo, que dijo haber recibido «amenazas» para no incluir una referencia a ese móvil político en sus informes, hizo esta afirmación cuando el fiscal del caso, Carlos Bautista, le preguntó por la figura de Gorka Aguirre, el fallecido dirigente del PNV que iba a ser detenido en la operación por entregar al dueño del Faisán dinero de la extorsión. «Era un personaje de mucha sensibilidad política». El día de la operación fallida, Josu Jon Imaz se reunía con José Luis Rodríguez Zapatero para dar el aval del PNV al proceso de paz.

El PSOE dispuesto a traicionar a España aceptando el Derecho a Decidir que le exigen los socialistas catalanesEl juicio había arrancado horas antes con la declaración del propio Pamies. «¿Recibió usted la orden política de parar la operación?», llegó a espetarle el fiscal del caso, Carlos Bautista, tras algunas preguntas menos directas. «No, para nada. Tampoco lo habría permitido». Y así siguió negando. Pese al hábil interrogatorio del fiscal, una tras otra, como si de un frontón se tratara, Pamies devolvió todas las preguntas acusatorias. «Jamás he hablado por teléfono con el señor Elosua», aseguró en referencia al dueño del bar, a quien supuestamente dio el soplo a través del teléfono que el otro acusado le habría entregado en mano.

El chivatazo provocó que la trama etarra cambiara ese día de guión y que los franceses se negaran a actuar pese a la petición española. «Tanto en Francia como en España nos engañaron vilmente. La única diferencia que existe es que en España se ha descubierto cuál fue el engaño y sabemos presuntamente quiénes fueron los autores», resumió ayer el jefe investigador.

Tras la declaración de Pamies, también Ballesteros negó su relación con el soplo. Admitió, tal y como recogen las cámaras, haber estado la mañana del 4 de mayo de 2006 en el bar Faisán, pero sólo para vigilar la frontera por orden de Pamies, que supuestamente quería comprobar si los pasos estaban tranquilos ese día. Ballesteros se refugió en los «no sé» y «no me acuerdo» ante las preguntas más espinosas.

El juicio prosiguió con la última baza que el ex jefe superior del País Vasco esgrime para sacudirse la acusación: la declaración de el Romano, un confidente etarra al que durante años de investigación Pamies se había negado a identificar. «Estaríamos poniendo en peligro la vida de esta persona, la seguridad de otras muchas y [supondría] quizás un retroceso irrecuperable en la lucha antiterrorista», llegó a decir Pamies al juez. Acorralado por los demoledores informes de la Policía y la Guardia Civil, ayer el confidente compareció a petición del propio Pamies.

Con el rostro oculto tras una cortina, el Romano confirmó la cita, pero quedó lejos de ofrecer una coartada sólida. Tras su corroboración genérica, el fiscal, la AVT y Dignidad y Justicia se lanzaron sobre los aspectos menos claros. Por ejemplo, el lugar elegido. El confidente explicó que había quedado para comer con Pamies en los alrededores de la estación de tren de Bayona, en el corazón del País Vasco francés. El lugar cuadra con la tesis del jefe superior de que envió a Ballesteros a controlar las fronteras próximas al Faisán, en Irún, pero muy poco prudente para que un etarra quede con un alto mando de la lucha antiterrorista. El fiscal sospechó: «¿No le parecía un sitio peligroso?». «Esa zona siempre es de mucho más riesgo que otras», concedió el Romano. Y más peligroso aún si, como dijo Pamies, su confidente estaba por entonces «apartado temporalmente» de ETA, que ya sospechaba de él. Ambos reconocieron que en sus casi 20 años de tratos habían tenido citas en lugares más tranquilos, como Burdeos, París y Lourdes.

A las acusaciones también les extrañó que el confidente hiciera un viaje tan largo, ya que residía en el norte de Italia. El teléfono al que le llamaba Pamies era italiano y por ahí también hurgaron. Primero, el Romano había dicho que no llevó móvil al encuentro, pero el fiscal le sacó una llamada entre la primera cita fallida y la que teóricamente tuvieron «tres o cuatro días después». Entonces el Romano rectificó y dijo que había dejado el teléfono en un lugar seguro y que lo había recuperado mientras aguardaba escondido en Francia a esa segunda cita.

En sus respuestas al fiscal, Pamies había declarado que el testigo que sustenta su versión «dependía económicamente» de él, que le hacía pagos periódicos, que le ayudaba con los papeles y que le protegía para evitar su detención, ya que por entonces estaba en busca y captura por la Audiencia Nacional.

Poco después, el jefe investigador valoraba ante el tribunal la coartada de Pamies y el Romano. «Es inverosímil».

>Vea hoy el videoanálisis de Casimiro García-Abadillo.

Los policías acusados no contestaron a las víctimas

Agentes de la Policía, además de sus sindicatos, arroparon a los mandos procesados en la primera jornada del juicio

Sorprendió y mucho. Los procesados no quisieron contestar a las preguntas de todo el mundo: solo al fiscal y a sus defensas. No tienen ninguna obligación. Pero sorprendió que no les dejaran voz a los abogados que representan a las víctimas del terrorismo. Tampoco pudo preguntar al ex jefe superior del País Vasco, Enrique Pamies, y al inspector jefe José María Ballesteros el letrado que representaba al Partido Popular. Pero eso sorprendía menos.

Y es que Pamies siempre ha estado en primera fila de la lucha contra ETA y sus actuaciones han permitido muchas desarticulaciones de comandos. Ahora, se ve sentado en el banquillo acusado de colaborar con aquellos a los que detenía. «Lo mismo le pasó a Galindo», recuerda maliciosamente alguno de los que ayer asistió entre el público a la primera sesión de uno de los juicios más esperados. Galindo era aquel general de la Guardia Civil que desarticuló más de 300 comandos de ETA pero que fue condenado por el secuestro y asesinato de los dos terroristas José Antonio Lasa y José Ignacio Zabala. El paralelismo no es muy acertado, por cierto.

Ayer, los policías no quisieron contestar ni a la Asociación de Víctimas del Terrorismo ni a la asociación Dignidad y Justicia, presidida por Daniel Portero, hijo del fiscal Luis Portero asesinado por ETA.

El juicio puso también de manifiesto la enorme división que este caso ha provocado en el seno de la Policía. A la sala acudieron numerosos agentes. Estaban representantes del Sindicato Profesional de Policía, al que pertenece Enrique Pamies, y del Sindicato Unificado de la Policía, del que es afiliado José María Ballesteros.

Pero no eran los únicos, en la sala había un numeroso grupo de agentes (de información), amigos de Pamies, con el que han compartido numerosas «batallas» en la lucha contra ETA.

Y en una sala separada estaban todos los integrantes del equipo investigador, liderado por el comisario Carlos Germán, quien prestó declaración ayer durante cuatro horas y aún hoy continuará haciéndolo. Las cuchilladas entre policías durante los años que ha durado la instrucción han sido constantes. Y las propias declaraciones y preguntas durante esta primera sesión del juicio lo ha dejado claro.

El investigador principal, Carlos Germán, deslizó veladas descalificaciones tanto a los imputados como a algunos de sus mandos. De hecho, este comisario narró durante su comparecencia las presiones que había sufrido por parte de sus superiores e, incluso, de las altas esferas de la Dirección General de la Policía. En la sala se evidenció la inmensa distancia entre los procesados y aquellos que les arropaban y los que representaban a las asociaciones de víctimas, la voz pública de los que más han sufrido a ETA y que ayer evitaban cruzarse en los estrechos pasillos de la sala con los que ahora están acusados de colaborar con la banda terrorista.

El despliegue mediático durante la jornada de ayer fue muy importante. Y la jornada de hoy se promete parecida. Y es que Carlos Germán deberá completar su declaración. Después acudirán el resto de policías que formó parte de aquel equipo de investigación encargada por el juez Grande Marlaska de tratar de desvelar el chivatazo. Y como plato fuerte del día, la declaración de Joseba Elosua, el dueño del bar Faisán que recibió el chivatazo en su establecimiento aquel 4 de mayo de 2006. Elosua es sospecho de formar parte del entramado de extorsión etarra.

Endeble coartada


Enrique Pamies (ex jefe superior de Policía en el País Vasco) y el inspector jefe José María Ballesteros, implicados en el chivatazo y acusados por la Fiscalía de colaboración con banda armada y revelación de secretos, no aportaron ayer, en su declaración ante la Audiencia, ningún argumento sólido que respalde su inocencia.
Pamies (agente al que se atribuyen cientos de detenciones de etarras) declaró con gran confianza en sí mismo, usando expresiones coloquiales («aluciné en colores») y a veces un punto retadoras (negó haber recibido instrucciones políticas: «no lo hubiera permitido»).

Pero su coartada –ratificada por su subordinado Ballesteros y por el testigo protegido conocido como El Romano– tiene más agujeros que un queso gruyer.

El ex jefe antiterrorista en el País Vasco reconoció ante el tribunal que se enteró de la operación Urogallo (que tenía como objetivo desmantelar el aparato de extorsión de ETA) el día anterior al chivatazo; es decir, el 3 de mayo de 2006. Y que, de hecho, le recriminó a Víctor García Hidalgo–director general de la Policía–, en una larga conversación que mantuvo con él esa misma noche, que Telesforo Rubio, el comisario general de Información, no le hubiese informado antes de esa importante redada.

Según Pamies, el día del chivatazo él tenía una cita con el confidente de ETA apodado El Romano en Bayona (casualmente, la misma ciudad en la que Elosua se citó con el recaudador de ETA José Luis Cau). Pues bien, su argumento para explicar por qué envió a Ballesteros al Faisán es que le encomendó que mirase a ver si había mucha Policía en la frontera, con objeto de mantener o no su cita con El Romano.

Era obvio que si sabía que estaba en marcha la operación Urogallo habría mucha Policía. Pero, además, lo lógico es que Ballesteros hubiera ido a Bayona, lugar de la cita, y no al bar donde (¡oh casualidad!) se iba a producir el chivatazo.

El inspector de Policía, que se había trasladado desde Vitoria para hacer esa supuesta labor de rastreo, reconoció haber estado ese día en el Faisán (no podía negarlo, ya que fue grabado por la propia Policía), justo a la misma hora –las 11.23– en la que alguien le pasó su teléfono móvil al dueño del bar, Joseba Elosúa, para informarle de que iba a haber detenciones. También a esa misma hora, el teléfono móvil de Ballesteros estaba en contacto con el teléfono de su jefe, Pamies.

Argumentó Pamies que usar su teléfono corporativo para parar una operación policial «no se le ocurre ni al que asó la manteca». Es cierto que, como experto antiterrorista, sabía que podía haber utilizado un teléfono prepago, por ejemplo, si quería no verse involucrado en una ulterior aunque improbable investigación. Pero ese mismo razonamiento se vuelve contra él: si usó su móvil corporativo fue porque era el mismo con el que habló con su jefe, el director de la Policía Víctor García Hidalgo. Era una forma de cubrirse, de blindarse.

miércoles, 1 de mayo de 2013

La AVT pide 8 años para el comisario de Huesca por el caso Faisán

Caso Faisán

Europa Press. Madrid|30/04/2013 a las 20:34  /Heraldo.es
La Asociación de Víctimas del Terrorismo incluye el delito de colaboración con manda armada en su acusación contra Pamies y Ballesteros por el chivatazo al aparato de extorsión de ETA.



Enrique Pamies Medina, exjefe superior de la Policía del País Vasco y actual comisario de Huesca.. HAEnrique Pamies Medina, exjefe superior de la Policía del País Vasco y actual comisario de Huesca.. HA
La Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) solicita la imposición de8 años y medio de cárcel para el exjefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamies y 8 años de prisión para el entonces inspectorJosé María Ballesteros al considerar que cometieron un delito decolaboración con banda armada y otro delito de revelación de secretos como responsables del 'chivatazo' al aparato de extorsión a la banda terrorista ETA, que se produjo en el bar Faisán de Irún (Guipúzcoa) el 4 de mayo de 2006.

En el escrito de calificación provisional de los hechos que ha presentado en la Audiencia Nacional, la asociación de víctimas también solicita para Pamies la imposición de una multa de 36.000 euros y cinco años de inhabilitación en su puesto. Para Ballesteros, la multa que se pide es de 25.200 euros y la inhabilitación de 4 años.

De este modo, la acusación popular acoge el criterio del fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, quien el pasado 19 de abril ordenó a la Fiscalía de la Audiencia Nacional incluir el delito de colaboración con organización terrorista en el escrito de acusación contra los dos mandos imputados de cara al juicio que se celebrará próximamente contra ellos.

La Fiscalía pide dos años de cárcel para Pamies y uno y medio para el entonces inspector José María Ballesteros por un delito de revelación de secretos, aunque incluye como alternativa una petición de cinco años de cárcel por colaboración con organización terrorista.

En su escrito, la AVT solicita la comparecencia de 106 testigos, entre ellos al dueño del bar Faisán, Joseba Elosúa y otros miembros de su familia, como su hijo, su esposa Avelina Llanos y su cuñado José Carmelo Lunquín. También pide la citación de una agente de la División Nacional Antiterrorista francesa y del periodista de La Razón José María Zuloaga. 

Además, pide que depongan en el juicio más de una veintena de peritos para que ratifiquen distintos informes realizados sobre el cruce de llamadas entre los investigados, cobertura de las mismas, la cinta videográfica que grababa la entrada al bar Faisán, diferentes estudios informáticos y un informe pericial antropométrico sobre si la persona que aparece en imágenes grabadas en el entorno del establecimiento es Ballesteros.

Consecuencias 
En su escrito, de 13 páginas, la asociación destaca hasta seis consecuencias de la actuación de los procesados. En primer lugar, que permitió frustrar el operativo contra el aparato de extorsión de ETA y también que se permitió que llegaran a la banda 54.000 eurosque el dueño del Faisán Joseba Elosúa tenía previsto entregar al miembro de la red Cau Aldanur, y que podrían haber sido aprehendidos.

También se dice que cuando se pudo llevar a efecto la operación contra el aparato de extorsión, 45 días más tarde, salvo un recibo justificativo del pago del impuesto a ETA intervenido Aldanur "no se halló ningún otro elemento indiciario en poder de los detenidos que corroborara la actividad delictiva desarrollada por los miembros de la red". Estos datos tampoco se encontraron tras dos años de intensas investigaciones.

Las víctimas advierten igualmente en su escrito que los agentes acusados permitieron a ETA acceder a una información que "de otra forma, nunca hubieran podido conocer" y que por ello "restringieron al mínimo las posibilidades de acceder al material objetivamente esperado en el momento de la concreción de las detenciones".

Hechos
Según el relato de hechos incluido por la AVT en su escrito, a través de una intervención en el teléfono del dirigente del PNV Gorka Aguirre se tuvo conocimiento de que éste concertaba una cita con el dueño del Faisán para el 3 de mayo de 2006 en una sidrería de Rentería (Guipúzcoa) donde también acudiría otro de los miembros de la red investigada, Ramón Sagarzazu.

Los investigadores intuían que en dicha cita Aguirre entregaría 54.000 euros a Elosúa procedente de un empresario extorsionado, que éste a su vez daría a Cal Aldanur cuando viniera de Francia.

Esa misma tarde, una vez producida la entrega del dinero, Pamiés tuvo conocimiento del operativo policial que se iba a poner en marcha y del que resultaría la detención de Aguirre, según el relato de la AVT. Dicho conocimiento provino de la llamada que le realizó el jefe provincial de San Sebastián, que le informó de la necesidad e utilizar Unidades de Intervención Policial (UIP) en el operativo. También obtuvo otros datos de otras conversaciones esa noche con la Jefa de la Sección de Análisis de la Brigada.

Por evitar entorpecer las negociaciones 
Así, según la AVT Pamies actuó "con la finalidad de evitar la detención del citado miembro del PNV, lo cual podría entorpecer odificultar las negociaciones que de facto se estaban llevando a cabo entre el estado español y la organización terrorista ETA". 

Con este objetivo, el exjefe superior de Policía contactó con José María Ballesteros, destinado en la Brigada de Información de Vitoria a las 00.06 del ya 4 de mayo "solicitándole que en la mañana del mismo día se desplazase hasta Irún y contactase con Joseba Elosúa para que, a través del teléfono, pueda proporcionar a este información sobre el objetivo de la investigación".

Añade el escrito que Ballesteros aceptó "a sabiendas de que lo solicitado constituía una actuación ilícita". Para justificar sus futuros actos el inspector realizó tres llamadas de teléfono a compañeros de la Brigada de Información de Vitoria.

Sigue el escrito que la mañana del 4 de mayo, y paralelamente a que los funcionarios encargados de la operación contra el aparato de extorsión se coordinaran, Ballesteros llegó a Irún y se dirigió a la casa de Elosúa,preguntando por la ubicación del Faisán a una señora que casualmente era la esposa del dueño del establecimiento.

A las 11.00 Elosúa salió del garaje de su casa en coche hacia el bar y en ese momento advirtió la presencia de Ballesteros, aunque no se produjo contacto entre ellos. Sigue el relato de hechos que el policía se dirigió después hacia el Faisán si bien por el camino llamó a Pamies para decirle que no había podido contactar con Elosúa en su domicilio.

Según mantiene la AVT, a las 11.17 aparece la imagen de Ballesteros en la cámara de videovigilancia que había sido colocada por la Policía frente al bar.

El agente entró por la puerta de atrás y se dirigió a Elosúa, quien le responde si quiere hablar con el padre o con el hijo "respondiéndole Ballesteros que con el padre y a continuación tras llamar al teléfono al señor Pamies siendo las 11.23 le pasa el teléfono al señor Elosúa, quien habla con Pamiés y este le informa de determinadas cuestiones relacionadas con la investigación llevada a cabo contra la red de extorsión, dándole datos y detalles muy recientes de dicha operación".

Entre esos detalles la AVT subraya el conocimiento de la comida realizada el día anterior en la sidrería, el hecho de que tuviera intervenido el teléfono, de que fuera consciente de la situación política, datos sobre otras personas investigadas y que no comente con nade la información que le está transmitiendo.

La conversación mantenida entre Pamiés y Elosúa determinó, según la AVT, que éste avisase a su cuñado Carmelo Luquin y se dirigiera a una lonja que posee en el municipio "donde los investigadores pensaban que se hallaban documentos relativos a la extorsión, así como sellos de ETA y dinero". Elosúa y su cuñado se desplazaron a Francia para contactar con Cau Aldanur y ponerle al corriente de lo acontecido. 

jueves, 25 de abril de 2013

Las recreaciones policiales del chivatazo a ETA


ENVIADAS A LA AUDIENCIA NACIONAL

El periodista Fernando Lázaro publica en su blog algunas de las recreaciones policiales sobre el soplo a los terroristas.





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LIBERTAD DIGITAL 

Más de siete años después de que un chivatazo a la organización terrorista ETA evitase que una operación policial desarticulase la estructura de extorsión de la banda, parece que la Audiencia Nacionalpuede comenzar en próximos meses el juicio por estos hechos, en los que tan sólo están imputados dos agentes del Cuerpo Nacional de Policíay no queda ni rastro de ningún responsable político.
La Comisaría General de Policía Científica ha realizado variasrecreaciones de cómo acontecieron algunos de los hechos de aquel día, que deberían haber quedado registrados por las grabaciones que realizó el operativo policial, pero no fue así, ya que las cámaras policiales se fueron a negro en los momentos cruciales del soplo a los terroristas.
Algunas de las imágenes de esa reconstrucción han sido publicadas este miércoles por la edición impresa del diario El Mundo, aunque para ver los vídeos en su integridad hay que ir hasta la edición digital, exactamente, hasta el blog Bajos Fondos, que escribe el periodista Fernando Lázaro, uno de los mayores expertos en el caso Faisán y colaborador deEs la noche de César de esRadio.
Más de siete años después de que un chivatazo a la organización terrorista ETA evitase que una operación policial desarticulase la estructura de extorsión de la banda, parece que la Audiencia Nacionalpuede comenzar en próximos meses el juicio por estos hechos, en los que tan sólo están imputados dos agentes del Cuerpo Nacional de Policía y no queda ni rastro de ningún responsable político.
La Comisaría General de Policía Científica ha realizado varias recreaciones de cómo acontecieron algunos de los hechos de aquel día, que deberían haber quedado registrados por las grabaciones que realizó el operativo policial, pero no fue así, ya que las cámaras policiales se fueron a negro en los momentos cruciales del soplo a los terroristas.
Algunas de las imágenes de esa reconstrucción han sido publicadas este miércoles por la edición impresa del diario El Mundo, aunque para ver los vídeos en su integridad hay que ir hasta la edición digital, exactamente, hasta el blog Bajos Fondos, que escribe el periodista Fernando Lázaro, uno de los mayores expertos en el caso Faisán y colaborador de Es la noche de César de esRadio.
En uno de los vídeos se puede ver un plano de situación de la zonael día del chivatazo, la zona desde donde el operativo policial vigilaba el Faisán, cómo entra un policía –supuestamente, el inspector José María Ballesteros, y le pasa un teléfono al dueño del bar, Joseba Elosúa, para que el otro imputado, el por entonces Jefe Superior de Policía del País Vasco, Enrique Pamiés, cometiese supuestamente el soplo. Posteriormente, el policía que ha entrado en el Faisán abandona el local.
Otro de los vídeos, desarrolla los momentos previos al chivatazo. Se puede ver cómo el policía que supuestamente entregó el teléfono móvil al dueño del Faisán se acerca a las proximidades de la casa de éste para que el soplo a ETA se cometiese sin la atenta mirada de todo un operativo policial, algo que finalmente no consigue, por lo que tiene que ir hasta el Faisán para propiciar el chivatazo.

lunes, 25 de febrero de 2013

El fiscal pide al juez Ruz la apertura de juicio oral por el 'caso Faisán'


  • FERNANDO LÁZARO MADRID
  • 25/02/2013 ESPAÑA/El Mundo


  • Las acusaciones y el Ministerio Público calificarán el soplo como colaboración con ETA

    El mejor favor que el PSOe podría hacer a España es disolverse y dejar su espacio a otros partidos españoles, socialistas y con principios, por ejemplo, UPyDAhora sí. El caso del chivatazo policial a ETA entra en su fase final. Una vez concluida la instrucción y con el visto bueno de la Sala frente a los recursos, ha sido el representante del Ministerio Fiscal el que ha dado el penúltimo paso para que los presuntos autores materiales del soplo se sienten en el banquillo.

    Según explicaron a este periódico fuentes de la Audiencia Nacional, la Fiscalía ha elevado ya un escrito al juez instructor del caso, Pablo Ruz, en el que le pide que inicie la fase de juicio oral para que el procedimiento quede concluso y los procesados se sienten en el banquillo.
    Según estas mismas fuentes, con toda seguridad la vista por el chivatazo del bar Faisán se celebrará en la Audiencia Nacional.

    Las acusaciones personadas pedirán que se juzgue a los dos policías procesados, el que fuera jefe superior del País Vasco, Enrique Pamies, y el inspector Ballesteros, que estaba destinado a la lucha contra el terrorismo islamista en el momento en el que presuntamente perpetraron el chivatazo, por revelación de secretos y por colaboración con la organización terrorista ETA.

    El Ministerio Público, casi con toda seguridad, defenderá también, finalmente, estas mismas calificaciones jurídicas.

    Se ha especulado durante meses con que el procedimiento pudiera acabar definitivamente en los juzgados de Irún, partido judicial en el que se encuentra el bar Faisán, propiedad de Joseba Elosua, donde se perpetró el chivatazo. Y esto hubiera sido así si finalmente en el banquillo se sentaran los procesados únicamente bajo la acusación de revelación de secretos. Pero el delito de colaboración con banda armada solo se juzga en la Audiencia Nacional.

    Ahora, una vez que el fiscal ha solicitado ya formalmente al juez la apertura de juicio oral, el instructor deberá dar traslado a las diferentes acusaciones: la de Dignidad y Justicia, la de la AVT y la del Partido Popular para que se pronuncien sobre la conveniencia de llevar la causa ya a juicio. También deberán informar las defensas de los procesados.

    El juez fijara un plazo de 10 días para que se pronuncien las partes antes de empezar a tomar sus decisiones. Si finalmente, como todo apunta, coinciden en ir a juicio, el instructor dará un plazo para que el Ministerio Público y las acusaciones le remitan sus escritos contra los dos procesados. Y a partir de ese momento, se fijará la fecha para que comience uno de los juicios que, seguramente, más expectación levantará en los próximos meses.

    Y es que el caso del chivatazo policial a ETA del bar Faisán marcó la legislatura pasada. Se produjo en mayo de 2006, durante el Gobierno de Zapatero, cuando al frente del Ministerio del Interior estaba el ahora líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba. Los investigadores señalaron desde el principio al que fuera director de la Policía con el PSOE, Víctor García Hidalgo, como quien dio la orden para perpetrar el chivatazo. Incluso llegaron a sondear los contactos de éste con su superior, el entonces secretario de Estado, Antonio Camacho. Pero la Justicia entendió que no existían indicios suficientes para actuar contra estos políticos del PSOE.

    El chivatazo se produjo en el momento en que Rodríguez Zapatero tenía abierto el mal llamado proceso de paz con ETA. De hecho, se produjo el mismo día en que el líder socialista recibía en el palacio de La Moncloa al que en aquellas fechas era el líder del PNV, Josu Jon Imaz, que le iba a trasladar su apoyo a las conversaciones con la banda terrorista

    martes, 15 de enero de 2013

    La Audiencia confirma el procesamiento de Pamiés y Ballesteros por el chivatazo


    SOPLO A LA RED DE EXTORSIÓN

    Libertad Digital 

    Pamiés y Ballesteros ya están oficialmente procesados por el chivatazo.

    La Sala de lo Penal ha desestimado sus recursos.




    El bar Faisán.  

    Ya no hay vuelta a atrás. Los mandos policiales Enrique Pamiés, exjefe superior de Policía del País Vasco y el inspector José María Ballesterosse sentarán en el banquillo de los acusados por el chivatazo a la red de extorsión de ETA que tuvo lugar el 4 de mayo de 2006 en el bar Faisán de Irún.
    Habrá juicio, ahora la clave está en saber si éste se celebrará en la Audiencia Nacional por un delito de colaboración con banda o en los juzgados de Irún por un delito de revelación de secretos.
    Esta cuestión es la única que no resuelve la Sección Segunda de la Sala de lo Penal en el auto donde confirma el procesamiento del juez Pablo Ruz, instructor del caso Faisán, sobre Pamies y Ballesteros.
    En la resolución, cuya ponencia ha correspondido al magistrado Enrique López, se detalla los cuantiosos indicios que existen contra ambos mandos policiales y se alaba la labor investigadora de Ruz, quien en septiembre de 2011 sufrió un varapalo cuando el pleno - entonces encabezado por el magistrado Javier Gómez Bermúdez- revocó el primer procesamiento de los agentes actualmente imputados junto con el de Víctor García Hidalgo, exdirector general de la Policía.
    "Tras la simple lectura del auto de procesamiento, resultan sobradamente superadas, aclaradas y resueltas las objeciones al mismo, de tal modo que el análisis del mismo, debe conducir forzosamente a su confirmación. (...) El juez de instrucción ha realizado un excelente trabajo, que se viene a sumar al ya desarrollado en el primero de autos".
    En este sentido, se subraya que pese a la "dificultad" que tienen las causas en las que "los hechos no están acreditados por evidencias directas, que podrán convertirse en pruebas directas en su momento", los magistrados Fernando García Nicolás, Julio de Diego y Enrique López (ponente) destacan la existencia de "indicios de criminalidad" contra los dos procesados.

    Delitos por determinar

    El "más importante" es la serie de fotogramas revelados por la Guardia Civil tras la digitalización de la cinta de videovigilancia del establecimiento en la que "se podía observar al imputado José María Ballesteros en las inmediaciones y, más tarde, saliendo del bar 'Faisán' en un lapso horario coincidente con las llamadas efectuadas" entre el imputado y Pamies.
    El auto también recuerda que el informe policial del comisario Carlos Germán, que dirigió la operación contra el aparato de extorsión y la investigación sobre el soplo, recogía que el móvil de Ballesteros se encontraba en las cercanías del bar y que él mismo reconoció ante el juez que era él quien aparecía en el vídeo.
    Sin embargo, aunque la Sala no califica en estos momentos los posibles delitos que pudieron cometer Enrique Pamies y José María Ballesteros sí que cita una sentencia del Tribunal Supremo donde se sentó jurisprudencia sobre el delito de colaboración con banda armada. El Alto Tribunal concluyó que se puede colaborar con ETA aunque no haya "dolo", es decir, aunque no se compartan los fines de la organización terrorista.
    Tras esta resolución, será la Sección Tercera de la Sala de lo Penal, que preside el magistrado Alfonso Guevara, la que dictará el auto de apertura de juicio oral contra Pamies y Ballesteros y la que deberá calificar si es competencia de la Audiencia Nacional jzugar estos hechos. Según fuentes jurídicas, los dos podrían ser juzgados antes del verano.

    miércoles, 17 de octubre de 2012

    Presunta colaboración terrorista y revelación de secretosLa Audiencia Nacional procesa a Enrique Pamies por el 'caso Faisán'


    La Gaceta

    La misma suerte ha corrido el inspector de la Brigada de Información de Álava, José María Ballesteros.

    El juez de la Audiencia Nacional, Pablo Ruz, ha comunicado hoy su procesamiento en el caso Faisán al ex jefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamies y al inspector de la Brigada de Información de Álava José María Ballesteros, por los delitos de colaboración terrorista y revelación de secretos.
    Así lo han informado fuentes jurídicas, que han precisado que durante la toma de declaración indagatoria celebrada hoy, las partes no han formulado ninguna pregunta y que los dos imputados en el "chivatazo" con el que se alertó a ETA de una operación contra su aparato de extorsión en el bar Faisán de Irún (Guipúzcoa) en 2006 tampoco han declarado

    Según han explicado las mismas fuentes, hoy se abre el plazo de tres días para que las defensas de los acusados puedan recurrir en reforma ante el magistrado y calculan que en unas dos semanas se haya concluido todo el trámite para que la sala pueda dictar, en su caso, la apertura de juicio oral.
    El pasado jueves, el instructor procesó por colaboración a Pamies y a Ballesteros por intentar "frustrar" la operación contra el aparato de extorsión de ETA en 2006 después de que la Fiscalía hallara indicios contra estos dos imputados pero no contra el ex director general de la Policía Víctor García Hidalgo.
    Ruz estimaba que los dos exaltos cargos policiales podrían haber incurrido en estos delitos tras concluir que en el procedimiento "aparecen motivos bastantes" para afirmarlo "con fundamento", mientras que consideraba que "no ha lugar" a procesar a García Hidalgo.



    viernes, 12 de octubre de 2012

    'El disco robado incluye datos secretos sobre finanzas de ETA'


  • ESTEBAN URREIZTIETA EDUARDO INDA MADRID
  • 12/10/2012 PORTADA/El Mundo


  • Grave preocupación en el Ejecutivo ante el riesgo de que se difunda / Figuran hasta 7 alias de infiltrados


    Di NO a la Cataluña engreída, antipática, egoísta, insolidaria, trilera y excluyente siendo selectivo en la compra de productos y en la contratación de servicios El Gobierno aseguró ayer que entre el material robado en la Audiencia Nacional al fiscal Carlos Bautista figuran «diligencias declaradas secretas sobre la financiación de la banda terrorista ETA».

    En el Gobierno no sólo existe preocupación por la imagen de vulnerabilidad que se transmite del tribunal dedicado a juzgar los grandes casos de terrorismo y narcotráfico. Que también. Lo que de verdad ha hecho saltar todas las alarmas es la posibilidad de que se produzca una revelación pública de los secretos contenidos en el disco duro de un fiscal dedicado a instruir casos altamente sensibles.

    Por su parte, la Policía cree que entre los documentos desaparecidos hay conversaciones del Faisán en las que se revelan datos que permitirían identificar a los infiltrados en ETA.
    Rubalcaba, embustero y maligno El Gobierno aseguró ayer que en el disco duro robado en la Audiencia Nacional al fiscal del caso Faisán, Carlos Bautista, «había diligencias secretas sobre la financiación de la banda terrorista ETA» pero rápidamente aclaró: «Había dos copias más del material».

    En el disco duro sustraído a Carlos Bautista se guarda información muy delicada tanto cuantitativa como cualitativamente. Fuentes de la Fiscalía, no obstante, negaron que se trate de los pinchazos telefónicos al ex jefe Superior de Policía del País Vasco Enrique Pamies, la pieza del caso Faisán sobre el presunto chivatazo a la banda terrorista ETA que continúa sin ser pública. Los mismos medios admiten, sin embargo, que en el disco duro había dos sumarios sobre terrorismo declarados secretos.

    La versión del Ministerio Público es que lo único que había en el disco duro sobre el caso Faisán eran borradores del fiscal Bautista para preparar escritos en el procedimiento abierto sobre el soplo dado por policías del Ministerio del Interior de Rubalcaba a la banda terrorista ETA acerca de la inminencia de una redada contra la red dedicada al cobro del impuesto revolucionario.
    Estas anotaciones, según las fuentes, podrían versar sobre nuevas líneas de trabajo en un caso que ayer culminó con el procesamiento del ex jefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamies y el inspector José María Ballesteros, a los que el juez Pablo Ruz imputa «colaboración con banda armada».

    La preocupación del Gobierno se ha hecho extensiva también a la propia Policía, que está convencida de que en el dispositivo de memoria portátil de Bautista queda reflejada toda su operativa para conseguir información confidencial de la banda terrorista. Así, según aseguran a este diario fuentes policiales, en la documentación que obraba en poder del representante del Ministerio Público figuran con todo lujo de detalles transcripciones de conversaciones telefónicas de Pamies que permitirían identificar a infiltrados en la estructura de ETA. En este sentido, precisan las mismas fuentes, en dichas grabaciones quedan al descubierto hasta siete apodos de confidentes y operaciones protagonizadas y facilitadas por ellos.

    Tras las primeras pesquisas policiales practicadas se ha descartado por completo que la pérdida de este disco duro se produjera durante el reciente traslado de sede de la calle Génova a la de Prim. Si bien han sido múltiples las denuncias del personal de la Audiencia Nacional por la desaparición de todo tipo de efectos personales y material de trabajo, el disco duro desaparecido fue depositado en el nuevo edificio y se encontraba en la mesa del despacho de Bautista. Los ladrones aprovecharon que el fiscal se ausentó durante dos horas el viernes día 5.
    En cuanto a las posibles hipótesis manejadas para esclarecer el móvil del robo, la Fiscalía maneja la de que la desaparición de este dispositivo portátil pueda ser una operación para distraer la atención. Algunas fuentes del Ministerio Público barajan la posibilidad de que exista la intención de filtrar conversaciones inéditas que beneficien a los procesados por el caso Faisán y de esta forma desviar el foco sobre el origen. Así, al aflorar las mismas, se señalaría de inmediato al disco duro de Bautista y quedaría descartada una filtración policial interesada.

    >Vea hoy el videoanálisis de Esteban Urreiztieta.


  • EL MUNDO MADRID 12/10/2012 ESPAÑA

  • La Fiscalía niega que hubiera grabaciones

    La denuncia del fiscal relata que el robo se produjo entre las 10 y las 12 del viernes 5

    El fiscal Carlos Bautista ha denunciado en la Comisaría de la Audiencia Nacional el robo de un disco duro de la marca Imation con 320 gigas de capacidad por parte de desconocidos que se introdujeron en su despacho de la nueva sede del órgano judicial el pasado viernes 5 de octubre entre las 10.00 y las 12.00 horas, intervalo durante el que se encontraba ausente del edificio para llevar a cabo una gestión personal. Según la denuncia, entre lo sustraído se encuentran documentos de trabajo acumulados desde 1998 -de los que existe copia de seguridad- y otros de naturaleza exclusivamente privada.

    Precisamente minutos antes del robo, el representante del Ministerio Público había entregado a la Fiscalía General para su visado el escrito en el que considera que de la investigación se han obtenido datos suficientes contra el ex jefe superior de Policía del País Vasco Enrique Pamies y el inspector José María Ballesteros, pero no contra el ex director general Víctor García Hidalgo.

    Fuentes del Ministerio Público aseguraron ayer que en la memoria electrónica sustraída no había más documentación secreta del caso Faisán que algunos borradores elaborados por el propio Bautista con carácter previo a los escritos que ha ido presentando en la causa.

    Según dijeron, las conversaciones intervenidas durante dos años a Enrique Pamies sólo llegaron a manos del fiscal en formato papel, nunca digital, y fueron expurgadas de la causa el pasado mes de marzo. Aquel mes, afirmaron esos medios, el juez Pablo Ruz ordenó la destrucción de todo lo que no afectase el caso e incluso el borrado de lo que hubiera registrado en el sistema Sitel.
    Fuentes de la Fiscalía informaron también de que el fiscal Bautista ha solicitado al juez y a la Policía la certificación de los documentos de los que le han dado traslado a lo largo del procedimiento, para que conste de manera fehaciente lo que realmente obraba en su poder en el momento del robo.

    Los mismos medios admiten que el disco duro guardaba dos causas sobre terrorismo que se encontraban secretas, a las que, no obstante, restaron cualquier importancia. A una porque ya se ha levantado el sigilo que pesaba sobre ella y, a la otra, porque estaba encriptada y tampoco contiene aspectos especialmente relevantes.

  • JOAQUÍN MANSO MADRID
  • 12/10/2012 ESPAÑA

  • Ningún cargo político responderá por el 'Faisán'

    El juez procesa a los dos policías, pero exonera a su director general

     El jefe político directo de los mandos policiales imputados por el chivatazo a ETA ha quedado exonerado de manera casi definitiva: el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz dictó ayer el procesamiento del ex jefe superior de Policía en el País Vasco Enrique Pamies y del inspector José María Ballesteros, pero siguió el criterio del fiscal para dejar fuera al ex director general de la Policía Víctor García Hidalgo. Ningún cargo político responderá por el caso Faisán.

    Ruz mantiene la calificación del soplo como una revelación de secretos y también como una colaboración con organización terrorista, aspecto clave que determina mayor pena y reproche público, y que la causa permanezca en la mediática Audiencia Nacional en lugar de enviarse a los mucho más discretos juzgados de Irún.

    El juez no abunda en su argumentación: se limita a constatar que los mismos hechos ya fueron considerados como delito terrorista en dos autos de la misma Sección Penal, la Segunda, que ahora tendrá que decidir sobre los recursos. Uno lo redactó el magistrado Enrique López y, el otro, su compañero Julio de Diego. Así de marcado les deja Ruz el camino de la calificación jurídica.
    Quien sale muy bien parado es el ex director general de la Policía. Como ya razonaba el fiscal en su escrito de esta semana, el juez concluye que, de las nuevas diligencias practicadas este último año, no se desprende ningún indicio «concreto, específico y adicional» a los que ya valoró aquel Pleno de la Sala que revocó en septiembre de 2011 su procesamiento y el de los dos policías imputados. Aquella resolución, muy dura con Ruz, le reprochaba que no hubiese «agotado todas las posibilidades de investigación».

    El juez cree que ahora sí lo ha hecho y expresamente dice que no ha encontrado nada nuevo contra García Hidalgo. Esta circunstancia deja un margen casi nulo a la eventualidad de que la Sala conteste en sentido afirmativo a la petición de procesamiento que con seguridad le harán la AVT y Dignidad y Justicia. Aquella decisión de Gómez Bermúdez de avocar a Pleno tiene hoy esta consecuencia: el caso Faisán ni siquiera tocará la escala política, como si hubiesen sido sólo los policías.

  • VICTORIA PREGO
  • 12/10/2012 ESPAÑA

  • La admirable tenacidad de un juez

    El juez Pablo Ruz no ha cejado y, después de un año de concienzudas investigaciones, está en condiciones de insistir en lo mismo que dijo en julio pasado: que dos miembros de alto nivel de la Policía Nacional pueden haber cometido un delito de colaboración con banda armada y otro de revelación de secretos. Y que por eso los procesa. Estamos hablando de un caso que escandalizó a la opinión pública española porque lo que cuenta es que la propia Policía decidió reventar una operación para detener a miembros de ETA en el momento en que recibían una gran cantidad de dinero procedente de la extorsión de los asesinos. Y que la reventó para favorecer a los terroristas y facilitar la buena marcha de las negociaciones con la banda que el Gobierno de Rodríguez Zapatero estaba celebrando bajo cuerda y con el desconocimiento de los españoles. Pero lo que contaba el juez Ruz en su auto de procesamiento del año pasado es que en semejante operación estaba metido también nada menos que el director general de la Policía Nacional. Es decir, un alto cargo político. Esto es lo que ha cambiado después de un año. Y, aunque es mucho cambio, no lo cambia todo. Ruz se mantiene en sus trece, y aún se apuntala más, a la hora de imputar a los dos policías esos dos delitos, uno gravísimo y otro menos grave desde el punto de vista de la sanción penal y de la condena social que merecen. Aquel insólito pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional que, para estupefacción de muchos, convocó su presidente, Javier Gómez Bermúdez, en septiembre de 2011, revocó el procesamiento decretado por Ruz. En realidad, de paso que revocaba el auto, revolcaba también al juez, a quien ordenaba que practicara nuevas diligencias porque, con las que había realizado, no se sustentaban con la suficiente solidez esos procesamientos. Otro juez se habría arrugado y habría desistido, con lo cual el político y los policías, los policías y el político, todos a una, habrían quedado limpios y libres. Éste no. Éste ha aguantado en pie el empellón de toda una Sala, ha mantenido el rumbo con admirable tenacidad y no ha soltado la pieza. Aunque, un año después, comprobamos que aquel increíble pleno ha conseguido una cosa: que el alto cargo político se libre del procesamiento porque no ha aparecido ningún indicio «adicional» sobre su implicación en el chivatazo. Eso fue lo que la Sala le exigió al juez. Pero quedan los otros dos procesados. Y queda sobre todo -a la espera de lo que diga el tribunal- la terrible certeza de que ha habido un momento de nuestra Historia en que los policías recibían órdenes para que ayudaran a los terroristas a escapar de la ley. Y que las cumplían. Mayor aberración no cabe.