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sábado, 15 de enero de 2011

Un informe cuestiona la ley que obliga a retirar símbolos franquistas



10:14 (15-01-2011) | La Gaceta

El Consejo Consultivo de la Comunidad Valenciana informa al ayuntamiento de que la presencia de estos escudos “no exalta la represión”. Rita Barberá solicitó el dictamen. El PSOE tilda el dictamen de “torpedo” contra la norma estatal.

S. S. Madrid

El Consell Jurídic Consultiu (CJC) de la Comunidad Valenciana –una especie de Consejo de Estado a nivel autonómico– ha remitido un informe al ayuntamiento de la capital del Turia en el que considera que la eliminación de la simbología franquista “no es un deber jurídicamente exigible a las Administraciones Públicas”. En el escrito, que ha generado gran revuelo en el consistorio valenciano, el órgano asesor sostiene que la presencia de escudos del anterior régimen político que había en España “no supone por sí misma la exaltación de la sublevación militar, de la Guerra Civil ni de la represión de la dictadura, tal y como exige el artículo 15.1 de la Ley de Memoria Histórica”. Aunque tal conclusión no es vinculante, sí que choca frontalmente con esta norma revisionista con la que el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero quiere llevar a cabo su particular cruzada arquitectónica. Y lo que es más, puede ser utilizada como pretexto para justificar una campaña de rebelión contra la polémica ley por parte de otros ayuntamientos y Administraciones locales.

El Consell aprobó el informe en pleno y sólo contó con los dos votos particulares emitidos por Vicente Cuñat Edo y Ana María Castellano Vilar. El Ayuntamiento de Valencia, con Rita Barberá (PP) al frente, había planteado sus dudas sobre si el escudo de España oficial entre 1938 y 1981 está incluido o no en el ámbito de aplicación del citado artículo 15 de la norma estatal. El Grupo Socialista en el Ayuntamiento de Valencia presentó el pasado junio una moción en la que instaba a la retirada de los símbolos franquistas localizados en las fachadas de los colegios municipales Teodoro Llorente, Padre Manjón y San Juan de Ribera, además de las referencias del anterior régimen en la Cruz de los Caídos, situada en Porta de la Mar. Enquistado el debate (Barberá se vio obligada a suspender el pleno durante cinco minutos) sobre si la Ley de Memoria Histórica afectaba a dicho escudo, el portavoz de los populares, Alfonso Grau, hizo la propuesta de encargar un dictamen al Consejo Jurídico Consultivo, como así fue finalmente.

Identidad propia

En concreto, el CJC explica en el informe que “todo escudo o símbolo heráldico tiene por objeto representar gráficamente determinados valores con una finalidad identitaria de su usuario”. Y en esta línea, subraya que “la simbología que se incluyó a la sazón en el escudo de España pretendió representar el ‘nuevo Estado’, que surgió con la ‘revolución nacional de 1936”. Tales incorporaciones al escudo, detalla el texto, consistieron en la adición de un águila de San Juan –“elemento ya utilizado en los escudos hispánicos del Renacimiento”– y el haz y el yugo de los Reyes Católicos que la Falange había adoptado como emblema. Dicha simbología, destaca el dictamen, por su propia naturaleza, “es expresiva de unos valores que asumía como deseables un régimen autoritario”. No obstante, matiza el Consejo, “este régimen, por definición, partía de premisas distintas a las que son propias de un Estado democrático constitucional como es el español actual”. Con todo, el órgano asesor considera que estos símbolos lo que exteriorizan gráficamente es el “cambio histórico que supuso al finalizar la Guerra Civil el paso de un régimen republicano constitucional a uno dictatorial”.

Ambigüedad

De este modo, establece que no puede derivarse de la Ley de Memoria Histórica la “obligación imperativa” de retirar los escudos discutidos, máxime cuando, además, “el legislador podría haber establecido dicha obligatoriedad” con una “descripción expresa” de los símbolos a eliminar o sustituir. Desde el PSOE los ataques no se han hecho esperar al calificar de “argumentación preocupante y perversa” el dictamen del Consell, un “torpedo” contra la norma estatal, apuntan.

martes, 8 de diciembre de 2009

Cuestión de símbolos


Cuestión de símbolos
7 de Diciembre de 2009 - 18:11:58 - Luis del Pino
ENTRADILLA AL PROGRAMA "SIN COMPLEJOS" DEL DOMINGO 6/DIC/2009

Nos guste o no, los símbolos mueven el mundo. Porque los símbolos resumen y representan aquello que somos o que creemos, o permiten identificar el grupo del cual nos sentimos parte.

Banderas, himnos, uniformes... Lejos de representar creaciones del marketing o de la voluntad política, los seres humanos tienden a usar esos tipos de símbolos de modo generalizado, espontáneo y voluntario en todos los órdenes de la vida. Desde el punto de vista de su utilidad, nada diferencia a los uniformes militares, por ejemplo, de la indumentaria voluntariamente uniforme que los jóvenes góticos adoptan hoy en día. En ambos casos, no son otra cosa que una seña de identidad grupal.

Los símbolos tienen, además, la particularidad de que son extremadamente celosos. Cuando uno de ellos anida en el corazón de una persona, tiende indefectiblemente a expulsar del mismo a todos los demás símbolos competidores. Es muy difícil, por ejemplo, sentirse conmovido por dos banderas distintas. Para que la cuatribarrada o la ikurriña despierten emoción, es requisito indispensable que se anule en la persona toda emoción por la bandera española. Y eso lo saben perfectamente los nacionalistas. Ésa es la razón de que hayan puesto tanto empeño en expulsar la bandera española, el himno nacional o el propio nombre de España de todos los ámbitos de la vida pública.

El predominio en el terreno simbólico no garantiza la victoria en las urnas o en el terreno de las ideas, pero aquellas ideologías a las que se consiga castrar simbólicamente, se verán obligadas a competir en inferioridad de condiciones, porque no podrán contar con la emoción como ayuda o complemento de los argumentos racionales.

A lo largo de estos treinta años de democracia, hemos ido consintiendo, una vez tras otra, que los símbolos que representan a España fueran arrinconados. Hemos consentido, por ejemplo, que la bandera y el himno nacionales quedaran relegados a los actos oficiales y a los desfiles, a esos actos que a Rajoy, y a mucha otra gente, le parecen un "coñazo".

Nos han enseñado a esconder los símbolos que nos representan, a avergonzarnos de ellos. Nos han enseñado a no utilizar palabras como Nación, a la que sistemáticamente se sustituye por el vocablo "Estado". Nos han enseñado a interiorizar que palabras como patria o patriota resultan casposas y obsoletas, al mismo tiempo que ellos usaban con naturalidad palabras como "abertzale", que significa precisamente "patriota" en vasco, o como Aberri Eguna - Día de la Patria.

Si nos han ido derrotando en la batalla constitucional, si han conseguido acabar con la Constitución española, es precisamente porque antes les hemos dejado derrotarnos en el terreno simbólico. Les hemos concedido todas las victorias en ese terreno, sin tan siquiera resistirnos.

En la pasada legislatura, las manifestaciones contra el Gobierno por la negociación con ETA constituyeron un éxito tan rotundo que terminaron doblándole la mano a José Luis Rodríguez Zapatero y obligándole a sumergir las negociaciones a la espera de mejores tiempos. Y me gustaría que reflexionaran ustedes sobre el papel que en esa movilización popular desempeñaron los símbolos.

¿Por qué esas concentraciones se fueron convirtiendo gradualmente en una exhibición cada vez más generalizada de banderas españolas? Pues porque por primera vez en muchos años, los españoles podían salir a la calle a exhibir sin avergonzarse una enseña que les representa a ellos y a los principios que ellos defienden. Y la misma exhibición de esas banderas nacionales actuaba como banderín de enganche para incrementar la asistencia a la siguiente manifestación. Porque los símbolos, además de celosos, son extremadamente contagiosos.

Si los que creemos en la libertad y la igualdad de todos los españoles queremos volver a tomar la iniciativa en el terreno político, tenemos que comenzar por plantear la batalla de los símbolos. De otro modo, los defensores del totalitarismo etnicista tendrán media guerra ganada. Les invito, por tanto, a que aprovechen cualquier oportunidad para recuperar el terreno que hemos permitido que nos arrebataran a lo largo de estos treinta años. Les invito, por ejemplo, a que no utilicen ustedes la palabra Estado para referirse a España. Aprendan a utilizar de nuevo la palabra Nación. Les invito a que procuren emplear el himno español de forma cotidiana y natural. Y les invito, por supuesto, a que hagan lo que puedan por normalizar el uso de la bandera española.

Por ejemplo, hoy. Al igual que en otros países es costumbre poner en el balcón una bandera en casi todas las celebraciones, hoy es un buen día, en el aniversario de la Constitución, para poner en el balcón una bandera de España, así que les invito a que lo hagan.

Porque cada vez que desperdiciamos una oportunidad de utilizar nuestros símbolos, otorgamos una nueva victoria a aquéllos que no quieren otra cosa que destruir esos símbolos y todo lo que esos símbolos representan.

¡Feliz Día de la Constitución a todos!