miércoles, 19 de febrero de 2020

Félix Hernández: "Un tedax nunca tiene la oportunidad de decir me equivoqué"

El Heraldo de Aragón


El subinspector jefe del equipo de artificieros y NRBQ de la Policía Nacional en Aragón ha neutralizado casi 1.500 explosivos y visto morir a 14 compañeros de su especialidad en 41 años de carrera profesional.




FELIX HERNANDEZ ( SUBINSPECTOR DE LA POLICIA NACIONAL ) / TEDAX / 06/02/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]

 El subinspector de la Policía Nacional Félix Hernández se estrenó como técnico en desactivación de explosivo (Tedax) de la peor manera posible. El 5 de abril de 1979, en Pamplona, ETA mataba al dueño de la cafetería El Mohicano, frecuentada por policías y guardias civiles. Un artefacto compuesto por goma-2 conectado a un dispositivo de relojería, que había sido colocado a las 21.00 en el depósito de agua de los aseos de caballeros, estallaba dos horas después, tal y como había sido programado por los terroristas.

 Eran unos años duros en España, en plena transición democrática, en los que actuaban varios grupos terroristas a la vez. «En aquel momento el objetivo de ETA éramos los policías y, por ende, los tedax. Colocaban trampas, nos engañaban. Era un juego macabro entre nosotros y los terroristas. Les llamábamos las trampas ‘ven y ven’ porque las colocaban para que cayera el primer policía que llegaba», rememora el subinspector.

 «El objetivo de ETA éramos los policías y, por ende, los tedax. Colocaban trampas, nos engañaban. Era un juego macabro entre nosotros y los terroristas"

 En Pamplona estuvo destinado varios años, también en Alicante, hasta que en 1989 llegó a Zaragoza, donde ha hecho toda su carrera. En 41 años de profesión, ha visto morir a 14 compañeros de su especialidad. Con una memoria envidiable, Félix Hernández puede hablar de todas y cada una de las bombas colocadas por bandas terroristas con las que ha tenido que lidiar –bien para desactivarlas o bien para analizarlas una vez que habían estallado– y recuerda sus características e incluso la autoría material.

 En cuatro décadas ha visto evolucionar su trabajo y el de los terroristas. Indica que hubo un hito que supuso un cambio radical en la evolución del terrorismo: el paso del temporizador al radio control. «A partir de ese momento, hablamos de 1983 o 1984, surge el coche bomba que, obviamente, hacía todo más peligroso», explica. «Desde entonces tuvimos que luchar con más riesgo porque el terrorista se coloca en un lugar mejor y elige el momento que quiere», cuenta.

Campañas de costa y ferrocarril

El manejo de los temporizadores permitió a los terroristas de ETA planear lo que se llamaron ‘campañas de costa’ o de ‘vacaciones’. «Entonces empezaron a colocaban bombas con tres con cuatro o cinco meses de tiempo en las playas o las vías férreas», explica.

«Aquí, en Aragón, en Samper de Calanda, tras pegarnos toda la tarde del 25 de diciembre de 2003 buscando el artefacto en la vía férrea, no lo encontramos. Hubo que ir a buscar al terrorista para que nos dijera dónde la había puesto. En el interrogatorio no lo dijo exactamente pero, por lo que contó, calculamos el lugar en un radio de 150 metros. Al final, la localizamos y desactivamos», dice.

 La evolución ha sido enorme también en las técnicas como en el material empleado: «El terrorista es un hombre que vive y conoce el mercado y siempre coge aquello que tiene a mano. Lo que más le interesaría es pillar explosivos plásticos militares, que son los mejores que hay pero, como no los tiene, se los fabrica él. Va al mercado secundario y coge lo que puede».

 Admite que, ahora, con internet, el escaparate se ha ampliado: «Internet hace que se den casos como el que hubo en 2017 en el Camino de las Torres donde un señor (se refiere a Alfonso S., de 38 años) estaba fabricando TATP (triperóxido de triacetona), lo que llaman el explosivo yihadista, y se puso a fabricarlo con unas normas publicadas en internet. Pero resulta que hacerlo es bastante más dificultoso de lo que parece (le explotó y perdió varios dedos)».

Pedagogía y muertes anunciadas

El subinspector incide en que internet sirve para muchas cosas, incluso de pedagogía de lo que «no» hay que hacer. Cuenta que cuando vio un vídeo grabado en Alemania por unos jóvenes que estaban fabricando TATP –«y daban vueltas al producto con una navaja»– sabía que era una muerte anunciada. «Y así fue», asevera.

 Insiste en que el triperóxido de triacetona es un material «muy inestable». Así se demostró con el chalé que voló en Alcanar con dos yihadistas dentro, horas antes de que el resto de la banda atentara en 2017 en las Ramblas de Barcelona y en Cambrils.

En esta última localidad costera, los terroristas iban pertrechados con cinturones de explosivos, una novedad para los artificieros españoles. ¿Qué se hace en una situación así? «Es un problema que hasta la fecha no he tenido, pero lo hemos interiorizado y planteado», responde. «Es bastante peligroso –añade– porque si partimos de la premisa de que ese señor piensa suicidarse, cuando yo me vaya a acercar y me vea próximo, tocará el interruptor, ya que no tiene nada que perder. Yo, con autorización judicial, intentaría acercarme con mi robot y solucionarlo a distancia».

El subinspector admite que cabe la posibilidad de que los explosivos sean falsos, pero subraya que los policías que tienen que actuar siempre como si fueran buenos. «En mi trabajo no vale el me he equivocado», afirma, sobre todo con la experiencia que le proporciona todos los años en que ha bregado con las trampas de ETA y los artefactos simulados que preparaban para engañar al especialista.

 Como ejemplo, expone que en el año 1991, en la calle de La Verónica de Zaragoza, el Grapo atracó un furgón blindado. «Para facilitar la huida, nos colocó una granada. Nosotros no sabíamos que era falsa, como así era. Tuvimos que tratarla como si fuera real. Pero claro, ahí ya perdimos un tiempo», señala.

 Aún así, resalta que los tedax nunca dan un tiempo por perdido. «Para nosotros es esencial adoptar siempre las máximas medidas de seguridad. Primero para las personas y luego para las cosas. Así no tendremos problemas ni nosotros, ni las personas ni las cosas», subraya.

 Grapo reapareció después con otro atraco a un furgón blindado con funestas consecuencias. Fue en abril de 1993 en la calle Madres de la plaza de Mayo, en la Bombarda. Aquella acción terrorista les costó la vida a tres de los cinco miembros del grupo criminal, pero también se llevaron por delante la del vigilante de seguridad Manuel Escuder y dejaron en silla de ruedas a su compañero Ignacio Hernández.

 «En el atentado de la calle de la Verónica, los grapos dispararon contra el cristal de seguridad del blindado, pero no consiguieron que se bajaran los guardias. En el segundo, colocaron un artefacto explosivo en la puerta y otro debajo; pero el de la puerta se les cayó, y fue el que causó la muerte de los tres terroristas y del vigilante y dejó varios heridos», cuenta.

 En cuanto a ETA, Félix Hernández conoce perfectamente la huella de este grupo asesino en Zaragoza. El atentado más terrible fue sin duda el de la casa cuartel de la avenida de Cataluña. Pero destaca que el que se cometió el mismo año, 1987, contra un autobús militar a su paso por la iglesia de San Juan de los Panetes –en el que murieron asesinados el comandante del Ejército Manuel Rivera y el conductor Ángel Ramos Saavedra– podría haber sido «mucho peor (iban 44 personas)».

El miedo es necesario

«En ese atentado hubo suerte –dice sin vacilar–. Los terroristas no supieron sincronizar emisor y receptor con la velocidad del vehículo. Lo que digo parece fácil, pero es difícil. Eso evitó que la bomba cogiera de lleno el autobús».
Su arriesgado trabajo ha salvado muchas vidas. Al preguntarle por el miedo, Félix reconoce que es «necesario». «Si no tienes miedo eres un irresponsable. Hay que tener miedo. Distraerlo y vencerlo. Es innato y lo tenemos todos», manifiesta. ¿Su familia se ha alegrado de que se jubile: «No les he preguntado». 

Bombas de la Guerra Civil

El subinspector jefe de los Tedax y NRBQ de la Policía Nacional en Aragón, Félix Hernández, acumula una gran experiencia en la desactivación de bombas de la Guerra Civil: ha intervenido en cerca de 1.474 neutralizaciones. La tierra aragonesa, especialmente la de Teruel, quedó sembrada de explosivos. Aunque no con el mismo ritmo que años atrás, cuando grandes obras como la A-23 o los cinturones de los barrios hicieron aflorar muchos de ellos, ocho décadas después siguen apareciendo. Recuerda el caso del joven herido gravemente cuando limpiaba un almacén en Teruel. «A raíz de aquello se creo mucha sensibilidad en ciudadanía y el entonces jefe de Policía, Jesús Navarro, tomó conciencia de la situación e hizo difusión de estos peligros. Nos llamó mucha gente y nuestro trabajo aumentó mucho». Félix pide la máxima precaución y alerta: «No podemos permitir que el último muerto de la Guerra Civil esté por caer»





jueves, 17 de octubre de 2019

COMPAÑERO JOSÉ ANTONIO FERREIRO GONZÁLEZ






Hoy recordamos

A las tres de la tarde del sábado 23 de septiembre de 1978, la banda terrorista ETA asesinaba al agente de la Policía Armada JOSÉ ANTONIO FERREIRO GONZÁLEZ mediante una bomba trampa colocada en las proximidades del puerto de Vitoria.

La explosión hirió de gravedad a otros cuatro agentes: Javier Arranz Freire, Amancio Gutiérrez Álvarez, Valeriano Arroyo Bernal y el capitán que mandaba el destacamento, Luis Más Pérez. El agente Arranz Freire, de 31 años, y el agente Gutiérrez Álvarez, de 22, perdieron la visión de un ojo cada uno de ellos a causa de la explosión. El inspector Arroyo Bernal, de 26 años, sufrió heridas de carácter grave en la cara y el pecho.

Ese día se había recibido en torno a la una de la tarde en la comisaría de Vitoria una llamada anónima que informaba de que un hombre estaba maniatado en las proximidades del puerto de Vitoria, a ocho kilómetros de la capital en dirección a Logroño. El anónimo comunicante facilitó la situación exacta donde 
 encontraba el hombre, en un camino que arranca del kilómetro 7,800 de la carretera comarcal 132 Vitoria-Logroño y junto a un poste telefónico a cien metros de la carretera.

Ese tipo de llamadas eran habituales desde hacía meses, pues numerosas personas habían sido dejadas abandonas en lugares apartados después de que miembros de la banda terrorista les hubiesen robado sus vehículos a punta de pistola. Por lo tanto, el capitán Luis Más organizó un destacamento para dirigirse a la zona, e inmediatamente se desplazaron al lugar miembros de la Policía Armada y del Cuerpo General de Policía.

Al parecer, según algunas versiones, el comunicante anónimo habría añadido que al presunto secuestrado se le había adherido una bomba en el pecho. Este sería el motivo por el que en el destacamento enviado hubiese un equipo de desactivación de explosivos

Al llegar al lugar indicado, el artificiero de la Policía Armada José Antonio Ferreiro vio una cadena con un candado y otros objetos al pie de un árbol. Tras una primera inspección ocular, Luis Más dio la orden de retirada, dando por sentado que la persona que buscaban había logrado escapar. En ese momento, Ferreiro se agachó y fue entonces cuando se produjo la explosión. "Salimos por los aires y cuando recobré el conocimiento, vi a dos hombres a mi lado, uno de ellos muerto", contó el capitán Más Pérez (La Vanguardia, 24/09/1978). En el lugar de la explosión se abrió un cráter de dos metros de diámetro y uno de profundidad y los restos del buzo del policía fallecido quedaron esparcidos por los arbustos próximos.

Inmediatamente se personaron en el lugar altos mandos de la Policía Armada y la Guardia Civil, mientras las ambulancias evacuaban a los heridos al Hospital Civil de Santiago, en Vitoria, donde también fue llevado el cadáver del agente asesinado.

DEP

viernes, 6 de septiembre de 2019

El 11 de marzo de 2004, se fraguó la mayor "fake news" de la historia reciente de España.


ECSaharaui.com




A las 15.00 del 11 de marzo de 2004, el comisario Sánchez Manzano ya sabía que el atentado de Atocha no tenía nada que ver con ETA. Pero ese domingo eran las generales. “Si es ETA barremos, pero si son los yihadistas ganará el PSOE”, le dijo a Aznar un asesor. Y se fraguó la mayor 'fake news' de la historia reciente de España.

Madrid, 05 Septiembre de 2019. -(ECsaharaui)

Por Lehbib Abdelhay/ECS.




 


 La cúpula policial que investigó los ataques del 11-M tenía la sospecha, nunca investigada, de que los servicios secretos de Francia y Marruecos participaron en los atentados terroristas que segaron la vida de 191 personas en Madrid hace ahora 15 años.

 Según desveló Moncloa.com, esta tesis fue sustentada por varios de los responsables policiales con más peso en el Ministerio del Interior de Alfredo Pérez Rubalcaba, protagonistas de una grabación obtenida por el diario. "Mi criterio es que fueron los marroquíes con apoyo de los franceses, sin lugar a dudas", explica el excomisario José Villarejo,según acredita la cinta, grabada en diciembre de 2009.

"Estaban detrás", afirma a renglón seguido Juan Antonio González, entonces máximo responsable de todos los operativos de Policía judicial en España.

La grabación se realizó en una comida a la que asistían cuatro altos jefes policiales: el comisario Villarejo -en prisión preventiva desde hace más de un año por orden de la Audiencia Nacional-, el mencionado Juan Antonio González, el comisario José Luis Olivera -que entonces dirigía la Unidad de Delincuencia Económica (UDEF) y llegó a ser director del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO)- y Eloy Quirós -responsable de la UDYCO y actual comisario general de la Policía Judicial-.

 En un monto de la conversación, el comisario Villarejo se dirige directamente a Juan Antonio González, entonces número dos de la Policía.

-"Yo he estado en Siria, en Líbano, recogiendo de una cabina de teléfonos llamadas que se hicieron durante el 11-M, que luego después las han tenido aquí y que antes, precisamente antes, fueron los servicios secretos franceses a cortar parte de esas llamadas. Entonces, yo, mi criterio, después de todo eso, es que fueron los marroquíes con el apoyo de los franceses, sin lugar a dudas".

"Vamos", refuerza el comisario Olivera. A lo que González responde: "Estaban detrás".

"Yo no tengo ninguna puta duda de que los servicios secretos marroquíes estuvieron hasta el culo y que los franceses les dieron apoyo logístico", continúa Villarejo.

El mayor atentado terrorista en España.

Veintiún minutos antes de las ocho de la mañana tres bombas estallaban en un tren que llegaba a Atocha. Otras siete lo hacían después en otros convoyes aquel 11 de marzo de 2004, el día de la mayor acción terrorista de España, que inundó de solidaridad el país y también lo sacudió a tres días de unas elecciones. La política española cambiaría para siempre tras el 11-M.
  
 192 personas fueron asesinadas en los atentados perpetrados por una célula de terroristas de los servicios secretos marroquíes: 34 perecieron en el tren que explotó en la estación de Atocha; 63 en el que lo hizo frente a la calle Téllez; 65 en el de la estación de El Pozo; 14 en el que estaba en la estación de Santa Eugenia y 16 en diferentes hospitales, la última en 2014 tras permanecer en coma diez años. Más de 1.800 viajeros resultaron además heridos.


martes, 9 de abril de 2019

Los tédax desactivaron más 6.000 bombas de la Guerra Civil desde 1975




Lavozdegalicia.es

Una granada de la Guerra Civil desactivada por los artificierosDurante el pasado año se neutralizaron 172 artefactos militares en toda España, siendo Madrid y Zaragoza las ciudades con más actuaciones

 

 Madrid / colpisa 08/04/2019

La Guerra Civil terminó hace 80 años, pero los artefactos que se lanzaron siguen estallando en la actualidad y son un peligro para los ciudadanos. Enterrados o a la vista, granadas, obuses de mortero, bombas de aviación, cartuchería varia, cada año aparecen estos peligros recuerdos de la contienda que tienen que ser retirados por los especialistas de las Fuerzas de Seguridad del Estado o el Ejército.
Los miembros de los tédax de la Policía Nacional han desactivado más de 6.000 artefactos procedentes de la Guerra Civil desde su creación en 1975, 1.540 de ellos en Madrid. Durante el pasado año se neutralizaron 172 artefactos militares en toda España, siendo Madrid (55) y Zaragoza (41) las ciudades con más actuaciones, mientras que en el primer trimestre del 2019 ya se han desactivado 42 -trece de ellos en Zaragoza, nueve en Madrid o cuatro en Murcia-.

 Las dos últimas desactivaciones de artefactos militares se realizaron el pasado jueves en Talavera de la Reina (Toledo) y el viernes en Madrid. En la localidad toledana se halló una bomba de aviación en un campo de las afueras y en la capital madrileña fueron unos operarios quienes localizaron una granada de mano en las inmediaciones de la Plaza Elíptica. Hasta ambos lugares se desplazaron especialistas tédax y, tras establecer el correspondiente dispositivo específico, llevaron a cabo su desactivación in situ, debido a la peligrosidad que implica la manipulación y traslado de este tipo de artefactos de gran calibre.

Huertas, tejados y obras
Este tipo de artefactos tienen un denominador común, según la Policía Nacional, que es el tiempo de permanencia, ya que llevan más de ochenta años en un ambiente intrusivo para su conservación. Los lugares donde generalmente se localizan son tierras de labranza, tejados de edificaciones antiguas, áreas de terreno despoblado que en algún momento se urbaniza y, en algunas ocasiones, almacenes o alacenas privadas donde han sido guardados como «recuerdo» y que actualmente se convierten en un problema a resolver.

 El estado del artefacto es uno de los principales inconvenientes ante los que se encuentran los especialistas en desactivación de explosivos, explican desde la Policía Nacional. El deterioro de los sistemas de activación de la munición, causado por el paso del tiempo y las condiciones de conservación, contrasta con que la carga explosiva suele permanece intacta con lo que su manipulación es compleja.


 

lunes, 11 de marzo de 2019

La Policía de Rubalcaba asumía que Marruecos y Francia "estaban detrás" del 11-M. Escuche el audio





11 de marzo 2019

Una grabación de Villarejo de 2009 revela cómo la cúpula policial admite que los servicios secretos de ambos países propiciaron el atentado.

La cúpula policial que investigó los ataques del 11-M tenía la sospecha, nunca investigada, de que los servicios secretos de Francia y Marruecos participaron en los atentados terroristas que segaron la vida de 191 personas en Madrid hace ahora 15 años.

Según desvela hoy Moncloa.com, esta tesis fue sustentada por varios de los responsables policiales con más peso en el Ministerio del Interior deAlfredo Pérez Rubalcaba, protagonistas de una grabación obtenida por el diario. "Mi criterio es que fueron los marroquíes con apoyo de los franceses, sin lugar a dudas", explica el excomisario José Villarejo, según acredita la cinta, grabada en diciembre de 2009. "Estaban detrás", afirma a renglón seguido Juan Antonio González, entonces máximo responsable de todos los operativos de Policía judicial en España.  

La grabación se realizó en una comida a la que asistían cuatro altos jefes policiales: el comisario Villarejo -en prisión preventiva desde hace más de un año por orden de la Audiencia Nacional-, el mencionado Juan Antonio González, el comisario José Luis Olivera -que entonces dirigía la Unidad de Delincuencia Económica (UDEF) y llegó a ser director del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO)- y Eloy Quirós -responsable de la UDYCO y actual comisario general de la Policía Judicial-.
En un monto de la conversación, el comisario Villarejo se dirige directamente a Juan Antonio González, entonces número dos de la Policía.
-"Yo he estado en Siria, en Líbano, recogiendo de una cabina de teléfonos llamadas que se hicieron durante el 11-M, que luego después las han tenido aquí y que antes, precisamente antes, fueron los servicios secretos franceses a cortar parte de esas llamadas. Entonces, yo, mi criterio, después de todo eso, es que fueron los marroquíes con el apoyo de los franceses, sin lugar a dudas".
"Vamos", refuerza el comisario Olivera. A lo que González responde: "Estaban detrás". 
"Yo no tengo ninguna puta duda de que los servicios secretos marroquíes estuvieron hasta el culo y que los franceses les dieron apoyo logístico", continúa Villarejo.

La intervención de los servicios franceses

La versión aportada en esta grabación coincide con la declaración que el comisario Villarejo ha realizado en la Audiencia Nacional quince años después. Ante el juez Manuel García Castellón, Villarejo mantuvo que organizó un viaje a Líbano para captar información sobre las llamadas recibidas desde allí por los terroristas del 11-M.
Sin embargo y según la versión del ex comisario, esos datos fueron cercenados por miembros del servicio secreto francés. Esa misma versión fue aportada en 2011 por el traficante de armas Monzer Al Kassar
En el seno de la operación Tándem, Villarejo utilizó estos viajes para explicar su participación en el pago de cinco millones de euros por parte del BBVA para frenar la compra de acciones del banco por parte de Sacyr. Pagos que sirvieron presuntamente para intervenir de forma ilegal los teléfonos de miembros del Gobierno de Zapatero.
La pasada semana, la defensa del excomisario presentó un escrito solicitando a la Audiencia Nacional que pida al Consejo de Ministros la desclasificación de documentos secretos que, a su juicio, "señalan la autoría real del 11-M". 


Víctimas del 11-M: "Por pedir explicaciones nos han visto con desprecio y como conspiranoicos"





El español.com

Reprochan al excomisario Villarejo su silencio durante 15 años y le piden que si tiene pruebas "las presente al juez".

9 de marzo 2019

Carmen Lucas-Torres
En las vísperas del 15º aniversario del atentado más cruento de la historia de España, que dejó 191 muertos y casi 2.000 heridos, las manifestaciones realizadas por el excomisario José Manuel Villarejo a la Audiencia Nacional sobre este caso no han dejado indiferentes a las víctimas.
El ex policía, ahora acusado y encarcelado preventivamente por corrupción, presentó la pasada semana un documento ante el Juzgado Central de Instrucción número 6 con datos desconocidos de la investigación policial del 11-M, tal y como ha avanzado EL ESPAÑOL en exclusiva.
Villarejo afirmaba en ese documento que los servicios de Inteligencia españoles tuvieron conocimiento de que "sujetos vinculados a la embajada marroquí" instruyeron en el montaje de los explosivos a los terroristas y "no se siguió ninguna acción para su identificación". También que los servicios secretos franceses estuvieron al tanto de una "entrega controlada de explosivos" que la Guardia Civil española habría organizado para atrapar a los terroristas. Sin embargo, no aportó ninguna prueba para acompañar sus afirmaciones.

"Que aporte las pruebas"

Ahora las asociaciones de víctimas piden al excomisario que aporte pruebas: "Si de verdad tiene información, si tiene pruebas y va a sacarlas ahora, qué pena que no lo haya hecho antes. ¿Por qué no lo dijo hace 15 años? En todo este tiempo nos hemos desgastado física y psicológicamente para saber la verdad", lamenta Ángeles Domínguez, presidenta de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M.
Tanto Domínguez como su marido, Eduardo León, secretario de la misma asociación, reclaman que el Ministerio de Interior, como solicita Villarejo, desclasifique toda la información de la investigación relativa al atentado. "Llevamos pidiéndolo con todos los gobiernos del PP y del PSOE y nunca nos han hecho caso. Hemos desistido de pedirlo porque nos han mirado con desprecio y tratado de conspiranoicos", afirma León.
Desde la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) también consideran que tanto en la sentencia de la Audiencia Nacional como en la posterior del Tribunal Supremo sobre los atentados, con 18 condenados, quedaron incógnitas sin resolver, como la autoría intelectual o el tipo de explosivos utilizados. Sin embargo, se muestran reticentes ante las manifestaciones de Villarejo. 
También le piden que si tiene pruebas, "las presente al juez" y le recuerdan que lo que ocurrió en Madrid hace 15 años fue "muy grave para frivolizar y mercadear con ello". "Es doloroso que saque esta información en vísperas del aniversario para obtener algún rédito personal. Para las víctimas, cualquier información sobre los atentados, que siempre son casos abiertos, supone un nuevo sobresalto", explica la abogada de AVT, Carmen Ladrón de Guevara
Desde la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo directamente no dan ninguna credibilidad a las manifestaciones expresadas por Villarejo ante el juez Manuel García-Castellón. Su presidente, Eulogio Paz, lo considera "una teoría más de la conspiración". "Estamos hartos de las teorías conspiranoicas. Este año le toca a Villarejo, esta es la moda, ¿quién será el próximo?", se queja. "Estamos encantados de que la gente presente pruebas, pero no cuentos chinos para ocultar que la Guerra de Irak estuvo detrás", añade Paz, quien sí se muestra conforme con "los hechos probados de dos sentencias". 
Monumento en homenaje a las víctimas del 11-M.

La "revisión policial" del 11-M oculta los principales misterios de la mochila de Vallecas





El español.com

EL ESPAÑOL revela por primera vez el contenido íntegro del documento, que reconoce que la bolsa estuvo fuera de "control" al menos en tres puntos.

9 de marzo 2019
Daniel Montero
En 2014, diez años después de los peores atentados en la historia de España y con la causa cerrada por el Supremo, la Policía Nacional elaboró un informe en el que intentó zanjar las incógnitas sobre el 11-M. El documento, reservado y para uso "exclusivamente policial", fue elaborado por la Brigada de Resolución de Casos (BARC) y trataba de atar los cabos sueltos que abrían la puerta a que un tercero sin identificar -un servicio secreto extranjero, por ejemplo- fuera el instigador en la sombra de los atentados.
 
Para ello, los agentes analizaron de nuevo y en secreto miles de horas de grabaciones, declaraciones de testigos y agentes, informes periciales y todo lo relativo al hallazgo de la prueba más polémica: la mochila encontrada en la comisaría de Puente de Vallecas un día después de los atentados. Una bolsa con explosivos que no figuraba en documento policial alguno hasta 24 horas después de los ataques y que se convirtió en la principal prueba del caso. El hilo del que tirar hasta dar con los autores del atentado.
"En su momento y durante años, la actuación policial relacionada con el hallazgo de dicho objeto provocó, además de la preocupación por cómo pudo un artefacto explosivo aparecer en una comisaría, abundantes teorías al respecto. Por ello, la superioridad ordena revisar dicha actuación policial", recoge el informe, cuyo contenido íntegro desvela ahora por primera vez EL ESPAÑOL. 
Uno de los extractos del informe.

La prueba clave que lo desencadena todo

El informe, analiza a lo largo de 103 páginas la aparición de la mochila, el hecho de que ninguno de los 77 agentes que trabajaron en la estación de El Pozo reparara en ella, que fuera trasladada a Ifema y a dos comisarías sin ser detectada, y que finalmente fuera encontrada en una gran bolsa de basura por policías de Puente de Vallecas a las 2:05 del 12 de marzo, va a hacer ahora 15 años. 
Tras ser localizada, la mochila fue la clave que aceleró las detenciones: el tipo de bolsa se vinculó con la explosión controlada en la Estación de Atocha, los detonadores eran similares a los encontrados en una Renault Kangoo abandonada en Alcalá de Henares, la tarjeta SIM y el teléfono móvil sirvieron para dar con los primeros terroristas, para ubicar la casa de Morata de Tajuña y la carga explosiva fue similar a la utilizada por los suicidas de Leganés.
Sin embargo, la mochila de Vallecas alberga todavía muchas preguntas sin respuesta. Algunas, tan importantes como la posibilidad de que alguien colocara la mochila entre las pruebas policiales sin que en realidad estuviera en los trenes. Algo que ni siquiera plantea el informe. 

Una bolsa de 30 kilos

Fue a las 2:05 cuando, según la versión oficial, los agentes se dieron cuenta de que una bolsa de basura, guardada en una de las salas de la comisaría contenía una bolsa azul marino que pesaba más de lo normal. Junto a ella, otras bolsas contenían 30 bolsos, 21 mochilas, cinco carteras, cuatro bolsas de mano, un maletín y una bolsa de deportes. Eran objetos que portaban los viajeros del tren que estalló en la estación de El Pozo, pero que los agentes sobre el terreno no lograron identificar con ningún herido o víctima en concreto.  
En su declaración, uno de los dos agentes presentes explicó que "al llegar a la bolsa de deportes, lo que hizo fue abrir la cremallera de la misma, sacó el móvil que allí se encontraba y al tenerlo en la mano observó que iba unido a unos cables, con lo que procedió a volver a meterlo en la bolsa".
Varias imágenes y radiografías de la mochila, con los cables en su interior.
Llega aquí el primer error de bulto. La primera incógnita sin resolver que ni siquiera se nombra en el informe. Pese a que el agente explica que el teléfono dentro de la bolsa está unido con cables, hay dos pruebas contundentes de lo desmienten. La primera es la declaración de uno de los Tedax que desactivaron la bomba, un artificiero que en su declaración durante el juicio el 23 de marzo de 2007 explicó que los cables del teléfono estaban empalmados pero sin protección, que ambos se juntaron haciendo cortocircuito y que por eso, la bomba nunca explotó.
El 27 de julio de 2004 y tras analizar los Tedax la bomba por medio de una radiografía, el comisario Sánchez Manzano remitió un informe al juzgado en el que explicaba textualmente que "a la vista de la nueva documentación remitida por el juez, se ve con claridad desde la parte superior del artefacto cómo uno de los cables que salen del teléfono se encuentra sin conexión alguna. Es decir: que la bomba no pudo explotar en ningún momento. Lejos de aclarar este punto, el informe elaborado diez años después por la BARC dice todo lo contrario. 

Una selección de informes

"Los estudios realizados por la Unidad Central de Desactivación de Explosivos (UCDE-NBQ) de la Comisaría General de Seguridad concluyen que se trata de un "artefacto real, de iniciación eléctrica y activación temporizada, proporcionadas amblas por un teléfono marca Trium." Según el informe secreto del 11-M "de las siete pruebas que realizó UCDE-NBQ para comprobar el dispositivo, todas fueron positivas, es decir, el mecanismo se activó con la consiguiente explosión. En resumen: que la mochila nunca pudo funcionar porque tenía un cable suelto, pero diez años después,los informes policiales siguen manteniendo que sí.
"En definitiva, el artefacto contaba con todos y cada uno de los elementos necesarios para el correcto funcionamiento y todas las pruebas realizadas al efecto fueron satisfactorias, así que respecto a la cuestión de por qué no funcionó el artefacto, en su momento, no es posible establecer unas circunstancias determinadas, suficientemente concluyentes. La propia confección artesanal del artefacto, con la siguiente ausencia de rigor industrial en su fabricación, conlleva que existan tanto posibilidades de que funcione como de que no lo haga", refleja el informe.  
El documento de la Brigada de Resolución de Casos se hace eco además de otro informe de los Tedax. Un estudio en el que los artificieros reflejan que el teléfono que se usó para la supuesta bomba, "se recepcionó apagado y tras su estudio se pudo comprobar que tenía activadas las funciones de despertador, concretamente a las 7:40 horas, y de vibración como señal de salida".
Uno de los cuatro vagones de Cercanías donde explotaron las bombas de los yihadistas.
Sobre el papel, los terroristas activaron la tarjeta de Amena que había dentro del teléfono en las inmediaciones de la casa de Morata de Tajuña, la finca donde se prepararon los explosivos. Sin embargo, esa tarjeta telefónica -el elemento que sirvió para localizar a todos y que marcó el rumbo de la investigación- era innecesaria. Tanto que el teléfono móvil estaba apagado cuando fue encontrado, ya que la detonación de los explosivos no se haría por una llamada telefónica, si no por medio de la activación de la alarma. Y para eso, no hace falta que el terminal tenga una SIM. 
Según el plan, el detonador del explosivo estaba unido al teléfono por la placa electrónica que activa el sistema de vibración del terminal. En teoría, al llegar a las 7:40, saltaría la alarma y el teléfono empezaría a vibrar, transimitiendo un pulso eléctrico por el cable que unía el teléfono al detonador. Eso haría explotar la carga sin necesidad de llamada alguna, siempre que los cables estuvieran conectados. Algo que no sucedió. 

Una batería que deja el teléfono sin memoria

Aparece así otro de los grandes enigmas en torno a la mochila que nunca explotó. Algo que tampoco refleja el informe elaborado diez años después. ¿Cómo pudo saber la Policía la hora exacta a la que debía explotar la bomba? La pregunta parece obvia (encendiendo el teléfono y mirando la hora), pero tiene que ver con las características propias del terminal utilizado. 
Para montar la bomba, los yihadistas emplearon diez terminales Trium T-110 de Motorola que tienen una particularidad: si les quitas la batería, pierden necesariamente la información sobre la hora. La prueba quedó patente en un peritaje elaborado por el diario El Mundo para defender sus informaciones frente a una querella presentada por el entonces comisario jefe de los Tedax, Sánchez Manzano, que fue archivada por la Justicia al considerarlas veraces. 
En las investigaciones sobre el 11-M, el jefe de los Tedax remitió un informe al juez Del Olmo en el que explicaba, según las crónicas periodísticas, que después de sacar la tarjeta SIM para que fuera analizada, su equipo comprobó que la hora fijada para la alarma eran las 7:40, y que el teléfono estaba perfectamente configurado a la hora actual. Algo que según el peritaje posterior encargado por el periódico es técnicamente imposible por las características del teléfono. Según la misma fuente, el hecho de que si se quitaba la batería el teléfono perdía la configuración horaria, se incluía en las propias instrucciones del terminal

La existencia de metralla

La existencia de metralla en la mochila de Vallecas es otra de las incógnitas donde no se detiene la BARC. Sin embargo, tal y como declaró en 2011 la forense Carmen Baladía, que dirigió las autopsias tras los atentados, en ninguno de los cuerpos se encontraron restos de metralla. 
Lo que sí hicieron en 2014 los agentes de la Brigada de Resolución de Casos es elaborar unas conclusiones en las que queda de manifiesto tanto la descordinación policial como la falta de pesquisas concretas sobre la mochila: "No ha quedado registrada en ningún archivo policial la identidad de todas las personas que intervinieron en la estación de El Pozo. Ni siquiera la de los miembros del Cuerpo Nacional de Policía", explica el documento. 
"Hubo tres momentos en los que se pasó por alto la existencia, supervisión y control de la bolsa de deportes que albergaba el artefacto: en la extracción de los efectos de los vagones, en la colocación de la bolsa en un montón de objetos sin que su contenido hubiera sido revisado por el EDEX y en el instante en el que se introduce en un bolsón de basura sin comprobar su interior, a pesar de su peso excesivo". 
"Se ha documentado la actuación de setenta miembros del CNP en los diversos escenarios en los que estuvo el artefacto. En la Comisaría General de Policía Judicial únicamente ha quedado registrada la entrega voluntaria de ADN para cotejo por parte de cinco de ellos".
Con estos datos, o pese a ellos, el informe concluye finalmente que "entre el artefacto hallado en la Comisaría de Puente de Vallecas y otros escenarios relacionados con los hechos existen elementos comunes que indican que fue depositado en el tren por los terroristas".