domingo, 21 de febrero de 2010

Comparaciones odiosas


Comparaciones odiosas

Me gustaría invitarles a todos ustedes a que reflexionaran conmigo sobre las evidentes diferencias entre dos casos de extraordinaria gravedad que han sacudido a nuestra frágil democracia en los últimos años. Me refiero, concretamente, a la investigación de los atentados del 11-M y a la de ese ejemplo de chivatazo a ETA que se ha dado en denominar el caso Faisán.

En estas últimas semanas, hemos conocido diversas noticias, declaraciones e interpelaciones parlamentarias que permiten albergar un cierto grado de esperanza en que el caso del Bar Faisán termine clarificándose. O, al menos, en que termine pasando factura política a sus aparentes responsables.

Así, el Partido Popular se ha personado, junto a diversas organizaciones cívicas, en la causa que investiga el chivatazo. Y, además de personarse, el Partido Popular no ha dudado en realizar contundentes declaraciones públicas sobre las responsabilidades políticas del caso, ni en llevar a cabo interpelaciones parlamentarias sobre un asunto que al ministro Rubalcaba parece ponerle de los nervios.

Pero no es sólo el PP el que parece dispuesto a llegar hasta el final en ese caso. También la Audiencia Nacional ha dado muestras de querer profundizar en los hechos, propinando un fuerte varapalo al juez Garzón y obligándole a realizar una serie de diligencias que las acusaciones populares habían solicitado y que nuestro ínclito juez estrella desestimó sin demasiado fundamento.

Tenemos, por tanto, un caso – el del chivatazo del Bar Faisán – en el que no sólo la Oposición, sino también la Justicia, se enfrentan al Gobierno con el aparente fin de tratar de esclarecer la verdad de los hechos y de exigir las responsabilidades políticas a que hubiere lugar.

Pero las comparaciones son odiosas. Y aunque ese celo investigador en el caso del chivatazo a ETA me llena de satisfacción, no puedo menos que preguntarme a qué se deben las evidentes diferencias con otro caso, el del 11-M, que continúa sin resolverse, aunque todos sospechemos en realidad qué fue lo que pasó.

Porque todo ese celo investigador, ese ardor declarativo, esa contundencia parlamentaria que el PP exhibe con el caso del Bar Faisán, se torna en un sepulcral y clamoroso silencio en lo que al 11-M se refiere. El PP, por ejemplo, no se ha atrevido a personarse en ninguna de las causas judiciales abiertas en relación con la masacre de Madrid. El PP huye como de la peste de hacer cualquier tipo de declaración de la que pudiera deducirse que no comparte la versión oficial del atentado del 11-M. Para el PP, el 11-M no parece existir parlamentariamente hablando.

Y las diferencias no afectan únicamente al PP. La Audiencia Nacional, que tan contundente se ha mostrado ahora para exigir al juez Garzón que continúe investigando el chivatazo, es esa misma Audiencia Nacional que no ha vacilado en rechazar – por activa y por pasiva – todas las solicitudes de investigación que las víctimas del 11-M le han ido planteando.

¿A qué puede deberse semejante incoherencia?

Intentemos buscarle una explicación. ¿Acaso el asunto del chivatazo del Bar Faisán es menos grave que el 11-M? Evidentemente, no. En el caso del chivatazo, estaríamos hablando de una presunta colaboración con banda armada. Una colaboración gravísima, ya que el dinero de las extorsiones etarras sirve para financiar las actividades criminales de la banda, pero es una colaboración que no habría ido directamente dirigida a la comisión de ningún asesinato. El 11-M, por el contrario, no es otra cosa que el asesinato premeditado, a sangre fría, de 193 españoles elegidos al azar. Por tanto, si el PP o la Audiencia Nacional no se atreven con el 11-M y sí con el chivatazo no es porque el 11-M sea menos grave.

Tratemos de buscar otra explicación. ¿Acaso puede tener el PP algo que esconder en el tema del 11-M? No parece que ése sea el caso. Porque, si fuera así, entonces el PSOE no dudaría en estarle restregando por la cara al PP la masacre de Madrid un día sí y otro también, y lo cierto es que el propio gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es el que más ha hecho porque el 11-M no se investigue.

¿Pero entonces, cuál puede ser la razón de semejante diferencia de trato para con los dos casos?

En realidad, se trata de una pregunta retórica, ¿verdad? Porque todos sabemos cuál es la única respuesta lógica. La diferencia de trato se debe a que, si el chivatazo se resolviera, el único que se vería en apuros, por la necesidad de asumir responsabilidades políticas, sería el Partido Socialista. Eso podría ser grave para los implicados, pero para nadie más.

Sin embargo, la resolución del 11-M conllevaría un resultado bien distinto.

Porque el 11-M no fue – como la actitud de todas las instituciones democráticas ha ido poniendo de manifiesto – ni un atentado islamista, ni un atentado de ETA. Si hubiera sido un simple caso de terrorismo, o el PP o el PSOE (dependiendo de quién fuera el responsable de la masacre) habrían capitaneado las investigaciones para machacar a su oponente lo más posible. Y la Justicia habría funcionado, aunque fuera parcialmente.

Pero el 11-M no fue un caso de simple terrorismo, sino otra cosa bien distinta. Fue un caso de utilización directa de una violencia indiscriminada para conseguir una serie de efectos políticos inmediatos en nuestro país. Lo cual no es otra cosa, técnicamente hablando, que la definición de golpe de estado.

Y no hace falta ser muy avispado para imaginar que la resolución del 11-M traería consigo un verdadero cataclismo político, una auténtica sacudida de las estructuras del estado, que tendría consecuencias imprevisibles y que llevaría a poner en cuestión muchos aspectos de nuestro actual sistema político. De ahí las diferencias de trato.

El caso del chivatazo no es otra cosa, al fin y al cabo, que una mera investigación criminal. El 11-M, por el contrario, se ha convertido en una auténtica cuestión de estado.

Porque así lo previeron quienes organizaron aquella masacre.

Etxeberria dice que ETA está "en sintonía" con el cambio de estrategia 'abertzale'



ESPERA QUE RESPONDA A ESTE "MANDATO"
Etxeberria dice que ETA está "en sintonía" con el cambio de estrategia 'abertzale'
El dirigente de la izquierda 'abertzale' Rufi Etxeberria ha afirmado que ETA está "en sintonía" con las conclusiones del debate interno de ese sector político y que "solo cabe esperar" que la organización terrorista responda a este "mandato" y "profundice su compromiso con el proceso democrático".
Etxeberria ha afirmado, en una entrevista que hoy publica 'Berria' y que puede escucharse íntegra en su página web, que "el debate ha acabado" y que, tras sentar las bases teóricas del desarrollo del "proceso democrático", ahora resulta "imprescindible" que todos los "agentes" trabajen "conjuntamente en esa dirección".

Eso lo tiene que hacer, "por supuesto", la izquierda 'abertzale', "situando dentro de ella a ETA", ha afirmado.

En su último comunicado -asegura- la organización terrorista apoyó los principios de la declaración de Alsasua, por lo que "está claro que está en la misma sintonía y está de acuerdo con el proceso democrático", que debe desarrollarse, ha detallado, "sin la actividad armada de ETA" y sin "la violencia y la injerencia del Estado".

Etxeberria ha señalado que las conclusiones del debate "imponen un mandato" a la izquierda 'abertzale', por lo que "lo único que cabe esperar es que ETA profundice su compromiso con el proceso democrático".

Ha considerado "imprescindible" la configuración de una referencia política legal de la izquierda 'abertzale' para lo que hace falta "superar la situación de excepción" que a su juicio vive el País Vasco, lo que debe hacerse de manera "multilateral".

"Esa expresión legal es imprescindible para desarrollar el proceso y para llevarlo hasta el final", ha indicado.

Etxeberria ha apostado por trabajar en la acumulación de fuerzas también en el plano institucional, por lo que ha afirmado que la izquierda abertzale está "dispuesta a hacer alianzas" para "abrir nuevas referencias" en el plano electoral.

sábado, 20 de febrero de 2010

Gerry Adams insta al Gobierno a aprovechar la actitud 'abertzale'


Gerry Adams insta al Gobierno a aprovechar la actitud 'abertzale'
El presidente de Sinn Fein, Gerry Adams, ha instado al Gobierno español a responder "de buena fe" al nuevo plan de acción de la izquierda 'abertzale' y la ilegalizada Batasuna como manera de "poner fin al conflicto en el País Vasco".

En declaraciones al semanario político de su partido, 'An Phoblacht', Adams alaba la resolución aprobada por la conferencia de asambleas regionales de la izquierda 'abertzale' en la que ésta se compromete a emplear "vías y medios exclusivamente políticos y democráticos" para lograr sus objetivos.

Según Adams, lo sucedido "crea una oportunidad para acabar con el conflicto en el País Vasco y lograr avances políticos reales".

"Entiendo que en el debate interno entre los militantes vascos que se ha producido en los últimos meses han estado involucrados hasta 7.000 activistas", afirma el líder de Sinn Fein.

"Otros sucesos recientes indican la determinación por parte de la izquierda 'abertzale' de resolver el conflicto y emplear sOlo métodos pacíficos y democráticos para conseguir sus derechos nacionales y democráticos", agrega Adams.

"Las conclusiones emanadas de la conferencia del pasado fin de semana son algo aún más importantes. Felicito a todos los involucrados", afirma también el dirigente republicano norirlandés, según el cual "los próximos pasos -la estrategia que desarrolle la izquierda 'abertzale' y la respuesta del Estado español- son igualmente importantes.

"Insto a todos, y de modo especial al Gobierno español -dice Adams-, a analizar cuidadosamente el lenguaje, la estrategia y la dirección que ha tomado la izquierda 'abertzale".

Y agrega: "Hay una oportunidad real de que surja la paz y se produzca un cambio fundamental en las relaciones entre el País Vasco y el Estado español. Todas las partes tienen la obligación de aprovechar esto de buena fe y hacer todos los esfuerzos posibles para poner fin al conflicto en esa región".

La Policía gala tiene más que sospechas



«La Policía gala tiene más que sospechas.

La posibilidad de que Joseba Egibar esté detrás de la filtración a 'Gara' de la teoría de que agentes de la Policía española acabaron con la vida de Jon Anza fue desmentida ayer a EL CORREO por el portavoz parlamentario del PNV. Interrogado por este periódico, el dirigente jeltzale sostuvo que lo único que ha hecho es lanzar una «reflexión» sobre esta cuestión cuando ha sido preguntado por los medios de comunicación.
En todo caso, Egibar dejó claro que no es una teoría que le resulte del todo extraña y que la desaparición de Anza es un tema sobre el que «alguien se tenía que interesar». El portavoz del PNV recordó que la Justicia francesa ha pedido a la española que «investigue» un caso que Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, «despachó con cierta ligereza» diciendo que «ETA sabrá, que ha desaparecido con dinero...».
Egibar indicó que «las versiones que circulan por ahí son las que son. Lo único que hice fue formular la pregunta como parlamentario». Sin embargo, subrayó que Anza «desapareció en una condiciones más que extrañas» y que «la Policía francesa tiene algo más que una mera sospecha» si ha trasladado esa petición a España.

Garzón solicita a Francia si el soplo a ETA frustró las detenciones


CASO FAISAN´.
Garzón solicita a Francia si el soplo a ETA frustró las detenciones

El juez Baltasar Garzón ha retomado el caso Faisán y lo primero que ha hecho ha sido preguntar a Francia si el chivatazo a ETA en mayo del 2006, en plena tregua, frustró la detención del dueño de dicho bar, el etarra Joseba Elosua. En esa operación contra una red de extorsión de la banda participó la justicia francesa, ya que el enlace de la organización terrorista con la trama se hallaba en su territorio. Además, el magistrado ha citado a declarar hoy a tres policías que participaron en el dispositivo.

El juez tomó estas decisiones tan solo un día después de que la Audiencia Nacional le ordenara que investigara el caso "más allá de lo normal y de lo usual" por la gravedad de los hechos.

El tribunal sugirió al magistrado que buscara en otro "círculo" de policías a los posibles autores del soplo, al afirmar que los hasta ahora imputados --el exdirector de la policía Víctor García Hidalgo, el jefe superior de policía de Euskadi y un inspector-- no tienen relación alguna con lo sucedido. La sala penal también recomendó al juez que pidiera a Francia la documentación sobre la intervención telefónica de que fue objeto el etarra José Antonio Cau, el enlace de ETA con la red de extorsión.

DARDO AL GOBIERNO El PP elevó ayer el tono de sus críticas. El presidente de los conservadores en el País Vasco, Antonio Basagoiti, exigió la dimisión de algún miembro del Gobierno por este proceso que, en su opinión, es "más grave que el GAL".

Mientras, sus correligionarios en el Congreso reclamaron al presidente de la Cámara baja, José Bono, que impida que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, eluda contestar a las preguntas sobre el caso Faisán .

Desde el Ejecutivo, el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, restó importancia a la decisión de la Audiencia Nacional y pidió el máximo respeto para la justicia.

EL REVÉS DE LA TRAMA


EL REVÉS DE LA TRAMA

Zapatero no quiere un pacto, quiere una tapadera. Si hubiera querido un pacto para luchar contra la crisis, habría llamado a Rajoy y se lo habría propuesto sin esperar a la escena parlamentaria que ha montado esta semana. Incluso sin llamada previa, si lo hubiera querido lo habría planteado en el Congreso sobre contenidos concretos: «Mire usted, debatamos un acuerdo sobre un nuevo contrato laboral, la utilidad de subir o bajar impuestos, sobre cómo ahorrar gasto, qué hacer con las pensiones… Aunque los sindicatos se subleven». Pero no lo ha planteado así porque odia ceder ante el Partido Popular su dogmatismo con la crisis, que pasa en menos de 24 meses de negar su existencia a calificarla como la más grave de los últimos 80 años, ahí es nada. Lo que quiere es que el Partido Popular le cubra las espaldas y las vergüenzas.

En el Congreso no se vio el martes al Zapatero de otras veces. Aunque se creció al final, allí acudió un político noqueado por un problema que le ahoga. La crisis le ha superado y, en vez de aplicar medidas valientes, enérgicas e impopulares -jugársela al fin y al cabo, que es lo que se espera de un jefe de Gobierno-, busca refugiarse entre las faldas de la oposición. El debate político está tan pervertido que se exige a la oposición los remedios que hay que requerir al Gobierno.

- Es que no conocemos las medidas de la oposición.

- Usted perdone, pero lo que necesitamos conocer es las medidas del Gobierno.

(Aparte de que todo el que ha querido enterarse sabe lo que haría Rajoy si gobernara).

Ahora, el partido de Rajoy debe acudir a la llamada de la comisión para el pacto (último invento zapateril que posiblemente acabará como los artificios de Napoleón: es a él a quien se le atribuye la confidencia «cuando quiero que un problema no se resuelva, creo una comisión»), debe acudir por si suena la flauta y aparece por allí un partido gubernamental con intención sincera de alcanzar un pacto en bien del país.

Pero que el PP se tiente la ropa. La actual legislatura está acabada aunque falten aún dos años para que termine (si esto fuera baloncesto, diríamos que estamos en los minutos finales de la basura, minutos que van a parecer una eternidad) y el objetivo de Zapatero es obtener oxígeno mediante el enredo de los demás en su naufragio. Si Zapatero empezó su inesperado mandato hace seis años promoviendo un pacto para la exclusión social y política del PP -un pacto escrito que debería avergonzar a sus firmantes y del que el PP logró recuperarse contra muchos pronósticos-, ahora trata de arruinar sus expectativas de futuro implicándole en su fracaso político frente a la crisis.

Eso es lo que significa la finta de Zapatero disfrazada de llamada para un pacto. No estoy diciendo que no sea útil un pacto sincero; estoy diciendo que el pacto planteado no es un pacto sino una trampa, mediante la que se quiere transmitir la ficción de que se lucha contra la crisis económica cuando, en realidad, se trata de maquillar la crisis política que atenaza a Zapatero. Actuando con inteligencia y con astucia, el PP ayuda a este país, que necesita que al menos quede una alternativa creíble al fiasco de un jefe de Gobierno que ha agotado ya hasta las ocurrencias.

El falso dilema ETA-Islam: la comparecencia de Astarloa




El falso dilema ETA-Islam: la comparecencia de Astarloa

En el 11-M, la Policía, la Guardia Civil, el CNI y las terminales políticas -los pilares, en suma, de la Versión Oficial (V.O.) de los hechos- desde el primer momento, esto es, desde la reunión ministerial de las 12 horas del día 11, establecieron un axioma: o es ETA o es el integrismo islámico.

Hasta cierto punto, el planteamiento no carecía de lógica, si tenemos en cuenta que estos dos tipos de terrorismo son los que fundamentalmente han actuado en España y en el resto de los países occidentales.

Sin embargo, las amenazas de un país, las amenazas a España, no se agotaban en ese binomio. España podía muy bien estar amenazada por Marruecos, con quien mantenía unas relaciones tremendamente conflictivas que huelga enumerar. Tampoco se podía dejar de lado a Francia, firme apoyo de la política frentista de Marruecos en el asunto de Perejil, que veía como una intromisión intolerable la coalición que Aznar estaba liderando junto a Inglaterra, Holanda, Dinamarca y los nuevos países del Este, para desbancar a Francia y Alemania del centro de decisiones de la Unión Europea: algo potencialmente intolerable para el orgullo francés, que sólo podía imaginar a España en un papel subalterno en el concierto de las naciones europeas.

En el orden interno, no podemos olvidar que en época muy reciente España había desarrollado otro tipo de terrorismo, el Terrorismo de Estado de la época de los Gal, durante la etapa de gobierno de Felipe González. Muchos de los actores, por acción u omisión, de ese desaguisado seguían incrustados en el seno de las FSE, por la desidia del PP.

En cualquier crimen, uno de los elementos fundamentales para poder avanzar es preguntarse por el famoso qui prodest, ¿a quién beneficia? Y ante esta pregunta tampoco deberían haberse librado del ojo escrutador entidades políticas o económicas de gran relieve, privadas o públicas, nacionales o internacionales, siempre imbricadas en los intersticios del poder, del Poder con mayúsculas. Pero el qui prodest se prohibió en el 11-M: tenía que ser o ETA, o Al Qaeda.

Ni siquiera se tambaleó este dilema cuando la prensa independiente empezó a aflorar enigmas y agujeros negros que ponían el signo de interrogación directamente sobre las contradicciones en el seno de las Fuerzas de Seguridad del Estado (FSE). ¿Cómo pueden explicarnos las FSE a todos los españoles que su propia red de confidentes a sueldo, en colaboración con delincuentes fichados y controlados por esos mismos confidentes, les dieran el golpe terrorista más brutal que se pueda imaginar: el primer caso en la historia de Occidente? Si este fue el caso, y en eso consiste la V.O., la reacción debería haber sido poner en marcha expedientes, auditorias de asuntos internos y depuraciones sin límite.

Pero no fue eso lo que ocurrió. Lo que se hizo fue, por un lado, anatematizar (“Conspiranoicos”), amenazar (Secretario de Estado Camacho: «Seremos implacables contra cualquier conducta tanto dentro como fuera de las instituciones policiales que ponga en cuestión el buen hacer de una policía profesional y democrática») y perseguir (Inspector Parrilla, peritos del ácido bórico, querellas a Federico Jiménez Losantos, Pedro J. Ramírez, Fernando Múgica y Luis del Pino, entre otros) a todo aquel que pusiese en duda la V.O. y se aproximara a terrenos minados. Y, ¡cómo no!, ascender o aparcar en trabajos bien remunerados a los responsables de las FSE que deberían haber evitado los atentados, en caso de que la V.O. fuera cierta. Algo que habla por sí sólo.

Sin embargo, no es cierto que el falso dilema ETA-Islam se mantuviera de forma absolutamente homogénea. En algunos contados momentos, se han producido significativos desmarques, aunque éstos constituyen una rarísima excepción. Es el caso, por ejemplo, del que era Secretario de Estado de Interior el 11-M, que pronunció en el Congreso algunas frases que en su momento pasaron desapercibidas, pero que releídas a fecha de hoy resultan sorprendentes.

El 18 de Noviembre de 2004, en las postrimerías de la Comisión de investigación Parlamentaria sobre el 11-M, compareció Ignacio Astarloa Huarte-Mendicoa y soltó, como quien no quiere la cosa, esta andanada: «... pero varias de las preguntas obligadas –y ahora irán saliendo- son qué piensa Ud. de la relación entre el terrorismo islámico y ETA, qué piensa Ud. de si aquí han intervenido servicios secretos, qué piensa Ud. de si esto es Al Qaeda. Siempre he contestado lo mismo: que no tengo el más mínimo a priori sobre ninguna de las hipótesis, que es quien haya sido.... para llegar a saber quién ha sido no descartar nada..., hay que llevar hasta sus últimas consecuencias todas las líneas, se llamen ETA, Al Qaeda, servicios secretos, se llame lo que se llame» (Comisión de Investigación, Diario de Sesiones nº 18, pág. 4).

Esto lo dijo en la introducción que todos los comparecientes hacían para exponer su visión de las cosas -antes de que comenzara el turno de preguntas. Es decir, son palabras que pronunció con perfecto conocimiento de causa, después de haber dispuesto de todo el tiempo del mundo para prepararse: diciendo, por tanto, lo que quería decir. Pero no quedó ahí la cosa. Más adelante, en su turno con Olabarria, fue todavía más allá: «He mencionado servicios secretos, terrorismo de Estado...» (Idem, pág. 27).

¿Por qué soltó esa traca Astarloa? No es lo mismo que siembre esa sospecha un periodista “conspiranoico” a que lo haga todo un ex-Secretario de Estado de Interior. ¿Lo hizo para desplegar cortinas de humo? No parece que sea ese el caso. La impresión es que fue más bien un “aviso para navegantes”, al estilo de los mensajes y advertencias que los políticos suelen enviarse cuando quieren neutralizar alguna ofensiva del adversario (recordemos el 3% de Maragall y el “no hay estatuto” de Artur Mas).

Y no cabe duda de que, si se trató de una advertencia, tuvo plena eficacia, porque la reacción de los grupos parlamentarios fue la habitual cuando se acusa de lleno un golpe: el silencio. Sólo Gaspar Llamazares, un outsider sin ningún poder en la estructura del Estado, le interpeló a Astarloa y le afeó la literalidad de sus palabras. Los que si tenían poder, los representantes de los partidos nacionalistas y el PSOE, miraron respetuosamente para otro lado.

Pero no sólo es que ninguno de ellos recogiera el guante que Astarloa lanzaba. Es que, al revés que con Acebes o Aznar, tanto los nacionalistas como el PSOE trataron a Astarloa con guante de seda, de una manera que hoy miramos con sonrojo e incredulidad, si no sospecha. Olabarría se deshizo: «...porque yo sí que le aprecio de verdad, y lo sabe, y evidentemente creo en su sinceridad». El PSOE no se quedó atrás. Rascón Ortega, como si fuera un Píndaro redivivo, le ofrendó esta oración o ditirambo: «Gracias, señor Astarloa, primero, obviamente, por los servicios que ha prestado hasta ahora a este país, y gracias por su sinceridad en su comparecencia, sinceridad que se puede traducir en un doble sentido: sinceridad política y sinceridad jurídica. Parece ser que a alguien le ha defraudado esta comparecencia. Desde luego, al portavoz del Grupo Socialista, no».

¿A qué pudo deberse ese aviso de Astarloa, tan crudo y tan directo? Podría entenderse, a lo mejor, como una estrategia defensiva del PP, que amenazaba directamente al PSOE si las conclusiones de la Comisión Parlamentaria, en las que tendría mayoría la coalición gubernamental PSOE-nacionalistas, fueran letales para su imagen e intereses. Pero en ese rifirrafe ya estaban enzarzados los dos partidos sin un ganador claro (“mentiste tú; no, que fuiste tú”).

¿Es posible que fuera un aviso a navegantes no del PP, sino del propio ex –Secretario de Estado de Interior? Astarloa es de las personas que más debería saber de la intrahistoria del 11-M en España. También la persona con más capacidad de decisión, directa, en asuntos de política antiterrorista. Lo normal es que Astarloa, por su cargo y por responsabilidad, no se hubiera hecho eco de teorías que él considerara descabelladas. Y sin embargo, sí que avanzó teorías enormemente sugerentes, aunque lo negara –con circunloquios algo sorprendentes para una persona de su precisión jurídica- cuando le interpeló Llamazares: «En cuanto a las especulaciones que se hacen por un diputado, he dicho lo que he dicho de forma absolutamente..., que no es hacer ninguna imputación a ningún Estado ni a nadie. Como usted comprenderá, eso se saldría absolutamente de mi proceder. He dicho que, de las tesis que circulan donde circulan, lo que hay que hacer de los elementos que están puestos en circulación y en duda es, entre otras cosas, como usted dice muy bien, si se plantease la más mínima duda, cerrarla para saber con quién nos estamos relacionando» (CI, DS, nº 18, pág. 33).

Las cosas no son como la respuesta a Llamazares apunta. Astarloa no dijo en su introducción, ni con Olabarria, que había dudas que “circulaban”. Las “circuló” él, directamente. Además, hasta entonces, nadie en la Comisión, ni nadie de su propio partido, había avanzado ese tipo de conjeturas. A lo más que llegaban, de una manera prudentísima, era a apuntar a la ETA o a una hipotética joint-venture ETA-Islam.

No, la verdad es que es bastante difícil entender que Astarloa dijera “lo que dijo” si no se acude a la hipótesis de que podía haber algo en la trastienda del PP que era mejor seguir manteniendo en la oscuridad. ¿Qué significado último tenían las palabras de Rubalcaba (“España se merece un gobierno que no mienta, un gobierno que diga siempre la verdad”), que dejaron paralizado y noqueado al PP en la víspera electoral? ¿Por qué no las rebatieron con vigor en ese momento? ¿Prefirieron, acaso, optar por algo (la versión oficial) que en cierto sentido representaría "un mal menor"? La sombra del primer Agujero Negro de Fernando Múgica, y el supuesto regalito electoral, con sus secuelas, que le querían ofrendar las Fuerzas de Seguridad a Aznar, deteniendo a la cúpula de ETA el 12-M –regalito que se habría tornado en misil- sigue rondando la cabeza de muchos. Esta es la única explicación, a mi juicio, del inexplicable silencio que guarda el PP en todo lo que concierne al 11-M.

¿Por qué nunca nos ha dicho nadie cuál es ese lugar que no se encuentra en desiertos lejanos ni en remotas montañas y en el que, según Aznar, se fraguó el 11-M? ¿O es que tan impactante frase era otro “aviso para navegantes”, destinado con exclusividad a quien tenía que recibirlo?

A estas alturas de la película, en que no se sabe muy bien quién está más interesado en enterrar el 11-M, si el PP o el PSOE, la única certeza que tenemos es que una especie de omertá transversal ha unido a todas las instituciones del Estado en un indisoluble y letal abrazo, algo que algunos, con indiscutible propiedad, definen como “el Régimen”, fuera del cual sólo existe la soledad, la nada.