Mostrando entradas con la etiqueta 23-F. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 23-F. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de febrero de 2011

Cinco claves sobre Tejero



Alerta Digital

H.E./Especial para AD.- El teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina nace en Malaga el 30 de Abril de 1935 y pertenece a la I promoción de mandos de la Guardia Civil. Su hoja de servicios esta repleta de actos de valor tras su paso por las comandancias de Manresa, Pontevedra, Vélez Málaga, Las Palmas, Badajoz – ya de teniente coronel – San Sebastián y Alava. Su nombre saltó varias veces a las páginas de los periódicos. He aquí los cinco hechos, los cinco capitulos de una vida dedicada a España.

1. 20 de Enero de 1977. Ante la legalización de la “ikurriña”, que tantas víctimas había causado entre miembros de la Guardia Civil, el teniente coronel Tejero dirige un telegrama al ministro del Interior preguntándole si debía o no rendir honores militares a la “ikurriña”, expresando su disconformidad con la medida adoptada por el entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa. Como contestación superior fue trasladado a Málaga.

2. Octubre de 1977. El teniente coronel Tejero Molina es arrestado por disolver una manifestación autorizada en Málaga. Al frente de una Compañía de la Guardia Civil, impidió una manifestación comunista que había sido autorizada por el gobernador civil. Ese mismo día, la organización terrorista ETA había asesinado al presidente de la Diputación de Vizcaya.

Al dirigirse a los manifestantes, el Teniente Coronel Tejero dijo:”Hoy es un día de luto para España y aquí no se manifiesta nadie” . La autoridad militar, a requerimiento del ministro del Interior, retiró del mando al Teniente Coronel y le arresto en su domicilio.
3. 31 de Agosto de 1978. el diario “EL IMPARCIAL” publica una “Carta abierta al Rey” de la que es autor el teniente coronel Tejero (carta que podran leer integra a continuacion). Unos dias antes habían sido asesinados otros cuatro Guardias Civiles en el Norte.
El día 2 de Septiembre se le comunica y se le impone un arresto de 14 días por “inexactitud en el cumplimiento de sus obligaciones reglamentarias del articulo 443 de Código de Justicia Militar por haber escrito una carta abierta al Rey como capitán general de los Ejércitos sin darle curso por conducto reglamentario” . El teniente coronel Tejero Molina cumple este arresto en su domicilio.

CARTA ABIERTA AL REY

“Soy un soldado criado en el culto a la disciplina y el honor, en el culto a la Patria,a su bandera y en el recuerdo de los que murieron en el cumplimiento de su deber. Ya, cuando en el martiologio de los caídos frente al terrorismo va alcanzando cotas impresionantes, quiero escribir este artículo como glosa a esos muertos y como petición de pronto y radical remedio al Capitán General de los soldados de España.

Porque han sido otra vez cuatro más, cuatro hombres de bien, cuatro soldados de la Ley y el Orden los que han mordido el polvo, segadas sus vidas por balas asesinas, en el cumplimiento de su deber, sólo por el delito de pertenecer a esa raza de hombres rectos y disciplinados que hay hoy y habra siempre para descanso de los ciudadanos de nuestra Patria.

Hay quienes dicen que estos hombres no saben por qué mueren, y si que los saben. Su muerte no es una muerte estúpida ni inútil. Mueren porque en ellos viven unos ideales grabados en sus almas más fuertes que la vida misma. Hay quien dice que son asesinados para impedir la salida de un proyecto constitucional. A las pruebas me remito: se ve claramente que esto es imposible y, si fuera así, sería una ironía. Estos hombres, que tanto parece que estorbaban, sabían que contra sus enemigos no podían contar más que con la Divina Providencia, y a Esta se encomendaron a las salidas de sus casas al empezar el día. Sin embargo, en ese proyecto constitucional no tiene cabida Dios.

Ellos creian, defendían y han muerto por una España unida. hqn permanecido por ello largos años en regiones españolas donde ruge el separatismo, poniendo en riesgo sus vidas para que España fuese una sola nación llena de regiones: sin embargo, en ese proyecto constitucional se habla de una nación de nacionalidades.¡Qué palabra mas peligrosa!.

Estos hombres, cuando salían de sus cuarteles o de sus comisarías, siempre dirigían una postrera mirada a la bandera que presidía sus vidas, única representante de nuestras glorias y sacrificios y futura mortaja para nuestros mártíres. Sin embargo, en el proyecto de Constitución hay demasiadas banderas haciendo sombra a la Unica, alguna de ellas creada expresamente por y para el separatismo.
No. En ese proyecto de Constitución no van incluidos algunos de los valores por los que creemos vale la pena arriesgar nuestras vidas. En él no estan nuestros muertos. Los asesinos se equivocaron. .

Entonces, ¿por qúe mueren? Nosotros, sus hermanos, sus compañeros, los que hemos pasado lo que ellos, salvo la muerte, sabemos el porqué. Los matan porqué esos hombres, recios, beneméritos, que diariamente pisan, han pisado y pisaránfuerte y digamente nuestra geografía, son España. Porque su paso firme huele a España y sus enemigos, que siempre son los de la Patria, y sus dirigentes, los anti-España, quisieran convertir la soberbia matrona que es nuestra Patria en una meretriz de última fila. Pero no saben que los cuatro huecos que quedaron vacios ayer, hoy ya estan ocupados por hombres iguales a los muertos.

Y aquí viene la suplica:

¡Majestad, que no mueran solos, que no se lleven al morir el amargor tremendo del desamparo y del desinterés, que no mueran con la convicción de que sus vidas ofrendadas en honor de unos principios que hoy casi no se usan van a constituir un palote más en la larga lista de los que les precedieron!

¡Señor:: humildes y oscuros eran estos héroes, e igualmente serán los venideros, pero son vuestros soldados y necesitan protección. Necesitan algo que les de razón de este sinrazón. Por ello he dejado mi silencio en esta súplica. pues si no fuera así, quizá nunca llegara a V.M. aunque sé que esta excusa no me valdrá de nada!

Necesitamos, señor, una buena y ágil Ley Antiterrorismo, con facilidades para los actuantes y castigo rapido y ejemplar para los asesinos. Campañas en los medios de difusión condenatorias del terrorismo y sus fines, enalteciendo a nuestras Fuerzas , que buena inyección de moral recibirian con ello. Se necesita acabar con los apologistas de esta farza sangrienta, aunque sean parlamentarios y se sienten entre los padres de la Patria´Quizá, de esta forma habría mujeres enlutadas y menos hijos sollozantes. También se podría ir hacia la democracia con paso más firme y seguro, democracia de todos y para todos, en la que no haya mas desplazados que los separatistas y asesinos; en la que los Derechos Humanos vayan acompañados de sus respectivos Deberes y que los derechos de cien asesinos no puedan poner en peligro los de treinta y cinco millones de españoles. No hay mas que un camino: ¡Acabar con ellos! Con ellos no estamos seguros, hay mucho miedo justificado en nuestro pueblo. Hoy puede ser uno cualquiera a quien asesinen, pero no esté excluido de las listas ni aun Su Majestad. Todo depende de la victimaque se les señale. Hay que acabar con ellos, pero con directrices marcadas por los poderes de la nación de la que somos hijos y queremos ser tratados como tales.

¡Señor: como soldado que soy, a V.M. va dirigida esta súplica, que ya le habran presentado seguramente mis generales; pero no es malo tampoco que se conozca la de un soldado de a pie que vive, ha vivido y vivira siempre en comunión con nuestros muertos y con los ideales por los que fueron inmolados!.

¡Señor: ellos, sé, sabían por qué morían, nosotros quizá también sepamos por qué hemos callado. Pero a mí, mi Dios, mi Patria, mi Bandera y mi honor me han obligado a hablar. No tengo otros compromisos y a ellos me remito!.

ANTONIO TEJERO MOLINA (teniente coronel de la Guardia Civil)”

4. 18 de Noviembre de 1978. El teniente coronel Tejero Molina es detenido en unión del entonces capitan de la Policía Armada don Ricardo Sáenz de Ynestrillas(qepd), inculpados en la “Operación Galaxia”. Déspues de permanecer más de un año en la Prisión Militar de Alcalá de Henares, el teniente coronel Tejero pasa a la situación de prisión preventiva en su domicilio el 8 de diciembre de 1979. El 6 de mayo de 1980 se celebra el Consejo de Guerra que condena a siete meses de prisión a teniente coronel Tejero como autor de un delito de conspiración y proposición para la rebelión. A pesar de que el Capitan General de la I Región Militar, teniente general Quintana Lacaci, diside de la sentencia y solicita veinte meses de prisión para el inculpado, el 5 de Julio de 1980, el Consejo supremo de Justicia Militar confirmaba las sentencias del anterior Consejo de Guerra.

5. 23 de Febrero de 1981. El teniente coronel Tejero Molina al mando de unos doscientos guardias civiles, ocupa el edificio del Congreso de los Diputados. Dieciocho horas después, y tras obtener la garantía de que se respetaría su declaración de que asumía todas las responsabilidades del hecho, por lo que eximía de toda culpabilidad a los hombres bajo su mando, se rinde a la autoridad competente y es procesado por el supuesto delito de “rebelión militar”.

lunes, 21 de febrero de 2011

Cortina, en el juicio del 23-F: «Como me jodan, saco hasta lo de Carrero Blanco»


30 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO /LA INVESTIGACIÓN

ANTONIO RUBIO / Madrid/ El Mundo

El fiscal solicitó 12 años para el jefe del Cesid por rebelión militar y después fue absuelto

Zapatero embustero

«Que no me jodan, que saco hasta lo de Carrero Blanco». Esa frase fue pronunciada en tono amenazante por el comandante José Luis Cortina, jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (Aome) del Cesid, sobre las 14.30 horas del 22 de marzo de 1982, junto al comedor del Servicio Geográfico del Ejército. En este lugar se estaba llevando a cabo la vista oral del juicio sobre el intento de golpe de Estado del 23-F. El interlocutor de Cortina estaba al otro lado del teléfono y el testigo de aquella conversación fue el abogado Ángel López Montero, defensor del teniente coronel Antonio Tejero.

Treinta años después del golpe, y por primera vez, el letrado del golpista revela aquel suceso: «Un día, durante la vista del juicio, tuvimos un receso para comer. Nuestro comedor estaba junto a la cocina, separado por unas cortinas de tela. El comandante Arribas, encargado de aquel servicio, y que realizó una excelente labor, me hizo un gesto con la mano y me dijo que me acercara hasta donde estaba él. Después me dijo que me pusiera detrás de una determinada cortina y que escuchara. Así lo hice; detrás de aquella cortina de tela había un hombre hablando».

López Montero, que reconoce que ya es hora de que se sepa la verdad sobre el 23-F y que se desclasifiquen todos los documentos que existan, incluidas las cintas grabadas antes, durante y después de la intentona golpista, rememora aquel instante y descubre al personaje que estaba detrás de la cortina: «Me quedé parado, inmóvil, detrás de la cortina, y escuché con toda nitidez lo siguiente: 'Que no me jodan, que saco hasta lo de Carrero Blanco'. Y, de repente, detrás de aquella tela, salió el comandante José Luis Cortina».

El comandante estaba acusado por el fiscal, el ministro togado de la Armada José María Claver, de un delito de rebelión militar, y tenía una petición de 12 años de cárcel y separación del servicio. La sentencia de aquel juicio se hizo pública el 3 de junio de 1982 y Cortina, de manera sorprendente, salió absuelto, mientras que el Tribunal Militar condenaba a tres años de prisión a su segundo, el capitán Gómez Iglesias, que había conducido los autobuses de Tejero hasta el Congreso. En 1983, el Tribunal Supremo aumentó la pena de Gómez Iglesias hasta los seis años, con la correspondiente expulsión de la carrera militar, y confirmó la absolución del mando del Cesid.

La amenaza de Cortina a su interlocutor se produjo después de que el comandante de los servicios secretos tuviera que aguantar, durante unas dos horas, 87 incisivas preguntas del fiscal del 23-F.

El interrogatorio de Claver, según se recoge en las actas del juicio, llevó en varias ocasiones a Cortina contra las cuerdas, con momentos muy delicados y comprometidos. Las explicaciones del militar no convencían al fiscal de que el jefe de la Aome no se había reunido con Tejero antes del 23-F. Tampoco se creía la versión de Cortina de que no había organizado, a través de Gómez Iglesias, un encuentro entre el teniente coronel de la Guardia Civil y el general Alfonso Armada que se produjo el 21 de febrero en un piso de la calle Pintor Juan Gris, que pertenecía a la empresa de seguridad Aseprosa, que, casualmente, dirigía el hermano del comandante, Antonio Cortina.

Claver, pregunta tras pregunta, apretaba a Cortina y quería saber cómo y por qué Gómez Iglesias, segundo del comandante en la Aome, estuvo dentro del Congreso la tarde del 23-F. Y cómo había conducido los autobuses de Tejero hasta la sede del Hemiciclo con un vehículo que hacía de guía y una emisora de radio del Cesid. En ese momento, tal como se recoge en las actas del juicio a las que ha tenido acceso EL MUNDO, Cortina, sin justificación aparente, hizo un símil entre el atentado del almirante Carrero Blanco y el 23-F.

«En esto tenemos una larga historia, que, en este caso, creo que habría quienes podrían declarar que algún equipo había participado en el asesinato del almirante Carrero Blanco, en el cual coincidieron, lo cual es muy frecuente; es muy frecuente, y de hecho ha ocurrido en numerosas ocasiones, que, en acontecimientos trágicos y señalados como fue el asesinato del almirante Carrero Blanco y en el intento de asesinato o atentado sobre el general Esquivias, existen siempre medios propios próximos, y después se comenta, más o menos, de una forma ligera el que: pues sí, lo hemos hecho nosotros, o sí, hemos participado en aquello, pero sin que, en fin, a aquello, se le pueda dar otro alcance».

Tras esa respuesta inconexa de Cortina se produjo un cuchicheo entre gran parte de los presentes -miembros del Tribunal, letrados, acusados, periodistas y público- y hoy uno de los abogados de los golpistas ha reconocido a este periódico: «Nunca entendimos el porqué de aquel ejemplo y aquella confusa respuesta de Cortina».

Claver acabó su interrogatorio al comandante del Cesid sobre las 14.00 horas del 22 de marzo y, poco después, durante el receso entre la sesión de la mañana y la de la tarde, fue cuando el jefe de la Aome, según la versión de López Montero, Cortina habló por teléfono con un tercero en una especie de locutorio que había junto al comedor del Servicio Geográfico del Ejército, más conocido en el juicio por Campamento.

El abogado de Tejero recuerda perfectamente cómo se produjo aquel hecho: «Estábamos comiendo un grupo de abogados e imputados y observé cómo el comandante Arribas, encargado de que los servicios de aquellas instalaciones funcionaran a la perfección, me hacía señas con su mano. Me acerqué y me dijo: 'Póngase aquí y escuche'».

López Montero continúa describiendo el lugar y utiliza un folio en blanco y un bolígrafo para hacer un croquis de la zona donde se produjo aquella conversación telefónica: «Era una especie de locutorio, separado por unas cortinas de tela, que se encontraba, de paso, entre la cocina y el comedor. El teléfono era un teléfono público. No pertenecía a ningún despacho. Estaba para el servicio de todos los que comíamos allí: acusados, defensores y demás».

Recalca: «Escuché con toda nitidez cómo la persona que estaba detrás de la cortina de tela decía, en tono fuerte y amenazante, la siguiente frase: 'Que no me jodan, que saco hasta lo de Carrero Blanco'». El letrado narra a continuación lo que hizo unos segundos más tarde: «Di un paso hacia atrás para no ser detectado por la persona que estaba hablando e, instantes después, observé cómo salía de detrás de la cortina de tela el comandante del Cesid José Luis Cortina Prieto».

Hay que recordar que el almirante y presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco fue asesinado por el comando Txikia de ETA el 20 de diciembre de 1973. Los miembros del comando terrorista alquilaron un semisótano en la calle de Claudio Coello 104 de Madrid y lograron excavar un túnel hasta el centro de la calzada, donde colocaron una carga de unos 100 kilogramos de explosivos, que detonaron al paso del vehículo de Carrero Blanco.

«Modere el tono»

En el acta del juicio del 23-F del 22 de marzo de 1982, se indica que «se reanuda la sesión a las 16.00 horas». Esa tarde, siempre según la versión de algunos de los abogados presentes en el juicio, la presión del fiscal Claver sobre Cortina bajó varios grados y el comandante aprovechó para responder en tono arrogante y retador. Llegado a ese punto, el presidente del Tribunal, el general Luis Álvarez Rodríguez, se vio obligado a intervenir -según se recoge en las actas del juicio- para reprender y cuadrar al comandante del Cesid en los siguientes términos: «Primero, modere el tono. No hace falta pegar esos gritos. Y, segundo, el estilo».

Tras Claver intervino López Montero. El letrado consiguió, con toda sutileza, que Cortina reconociera que existía cierta relación comercial o profesional entre la empresa de seguridad Aseprosa, que dirigía Antonio Cortina y que llegó a trabajar para Alianza Popular, y el Cesid: «Bueno, no se puede hablar de contratación, sino de unas ciertas contraprestaciones con ella».

López Montero continúo su interrogatorio y llegó a plantearle a Cortina si a finales de abril de 1981, dos meses después del 23-F, «visitó a un letrado en Madrid para solicitar que le dijera al teniente coronel Tejero que por favor no sacara su nombre y, después de aquella misma tarde, fue a casa del teniente coronel Tejero». La respuesta de Cortina fue evasiva: «Yo no recuerdo ninguna de esas visitas».

Cortina, según ha reconocido a EL MUNDO, entró en los servicios secretos españoles casi en sus inicios, en 1972. En aquella época, existía el Servicio Central de Documentación (Seced), que estaba dirigido por el comandante José Ignacio San Martín -condenado por la intentona golpista del 23-F a 10 años de cárcel- y dependía directamente de Presidencia, del almirante Carrero Blanco.

Cortina, como agente de los servicios secretos, siempre ha mantenido buenas relaciones con la inteligencia norteamericana en Madrid. Y los hombres de la embajada y los agentes de la CIA enviaron en enero y abril de 1971 dos documentos reservados y clasificados a Washington.

El primero de ellos era el «Telegrama 700. Confidencial 05802 291946Z», donde se indicaba que «el mejor resultado que puede surgir de esta situación sería que Carrero Blanco desaparezca de escena». El segundo estaba encabezado con el título «España: la próxima transición» y en él se indicaba que Carrero Blanco era contrario a los intereses de EEUU. Esos dos documentos estaban depositados en los Archivos Nacionales y Administración de Documentos de EEUU (Nara) y fueron desvelados en 2007 por el periodista de investigación Eduardo Martín de Pozuelo en su libro Los secretos del franquismo.

Otros periodistas de investigación, Carlos Estévez y Francisco Mármol, revelaron en 1998 en su libro Carrero: las razones ocultas de un asesinato que, en diciembre 1972, había un informe secreto con el nombre de Turrón Negro, que llegó hasta el Seced, donde se decía que la Guardia Civil sabía que «ETA ha enviado un comando a Madrid, con la finalidad de atentar contra una alta personalidad del Estado».

Por último, hay que recordar que ETA no tenía previsto atentar contra el presidente del Gobierno, pero, en 1972, el etarra José Miguel Beñarán Ordeñana, Argala, tuvo una cita en el hotel Mindanao de Madrid, donde un hombre sin identificar le entregó un sobre con los itinerarios y costumbres de Carrero Blanco.

Esa información, tras ser comprobada por los miembros del comandoTxikia de ETA, fue vital para asesinar al presidente del Gobierno. Se da la circunstancia de que Argala también voló por los aires, en Francia, cinco años después, el 21 de diciembre de 1978. Un comando del Batallón Vasco Español (BVE) (Ver EL MUNDO del 21 de diciembre de 2003) le colocó una bomba debajo de su vehículo, un Citroën Dyane. Argala se llevó a la tumba el secreto del «hombre de la gabardina», como se designó e identificó al personaje que ayudó a los terroristas a eliminar a Carrero Blanco.

OORBYT.es

>Escuche hoy en EL MUNDO en Orbyt el análisis de Antonio Rubio sobre estas revelaciones

ANTONIO RUBIO / Madrid

'Todos querían un gobierno con un militar'

El ex comandante José Luis Cortina, que fue jefe del Cesid, se ha convertido en un próspero empresario de la seguridad y la inteligencia. Lidera el grupo Atenea y ha montado en Madrid, con la ayuda de los ministerios de Defensa e Interior, un salón internacional, Homsec, para vender tecnología a los países iberoamericanos.

Tras los sucesos del 23-F, del juicio -donde le pedían 12 años de cárcel- y de la correspondiente sentencia -salió absuelto-, es la primera vez que el ex jefe del Cesid habla con la prensa. Cortina, de entrada, rechaza que utilizara el asunto de Carrero Blanco para amenazar al Tribunal o al fiscal del caso: «Eso no tiene consistencia».

Pregunta.- Un abogado defensor en el juicio del 23-F dice que le oyó amenazar a un tercero con el atentado del almirante Carrero Blanco si usted salía condenado.

Respuesta.- No tenía que sacar nada de aquel atentado. [Esa negativa del ex comandante de los servicios secretos va acompañada de una risa entre nerviosa y defensiva].

P.- El 22 de marzo de 1982, cuando el fiscal Claver lo interrogaba con respecto al papel jugado en el 23-F por un vehículo y un capitán del Cesid, usted sacó, de repente, que en el caso de Carrero Blanco también había un vehículo de los servicios secretos en la zona del atentado. ¿Qué quería decir con eso?

R.- En esa ocasión, los agentes estaban siguiendo a un agente de Alemania del Este, que estaba cerca del lugar de los hechos, y, cuando volvieron, comentaron que menudo lío y agujero hemos hecho allí. Otros miembros de la Agrupación, que en ese momento entraban, interpretaron mal esas palabras. Nada más. Insisto, rotunda y categóricamente, en que yo no he amenazado a nadie.

P.- ¿Cómo se llega al 23-F?

R.- Había en marcha una operación en la que estaban de acuerdo todos los partidos. Desde el PSOE, pasando por el PCE, hasta UCD. Todos estaban por un gobierno de concentración que estuviera presidido por un militar de reconocida fidelidad al Rey.

P.- ¿El Rey estaba al tanto de esos movimientos?

R.- El Rey recibía informes y estudios sobre la situación del país. Eso lo ha reconocido hasta Sabino Fernández Campos. Y, también, que constitucionalmente era posible.

P.- ¿Qué papel cumplió el Cesid en aquellos momentos?

R.- El Cesid, que yo sepa, no tuvo nada que ver con el 23-F, pero sí con la política de destinos. Gracias a los informes que el Cesid pasaba al ministro de Defensa, Rodríguez Sahagún, se logró que el general Milans del Bosch estuviera en Valencia y Torres Rojas en La Coruña y no al frente de la Acorazada Brunete. Todo eso no fue casualidad.

P.- ¿En esa política de destinos también entró el nombramiento del general Alfonso Armada como segundo jefe del Jeme y su correspondiente traslado desde Lérida a Madrid?

R.- Armada sirvió de espoleta para que dimitiera el presidente Adolfo Suárez. [Al ex comandante Cortina y actual presidente del grupo Atenea le molestan las preguntas. Prefiere desarrollar su discurso, su teoría, su planteamiento sobre el 23-F].

El 23-F es una pura improvisación. El 23-F, lunes, se comienza a fraguar a las 14.00 horas del viernes anterior. Todo se hace entre el sábado y el domingo y por eso pasa tan desapercibido. Fue muy rápido y con la intervención de muy pocas personas. El lunes, 23-F, el teniente coronel Tejero no tenía a nadie para ir al Congreso, sólo al grupo del capitán Muñecas. El Cesid nunca intervino en el 23-F.

P.- ¿Qué papel jugó la embajada norteamericana o el Gobierno estadounidense?

R.- Se equivocaron. Ellos sabían que se estaba preparando una operación política y querían que el PSOE entrara en el gobierno para anular a los comunistas. No creo que los americanos apoyaran una solución como la del 23-F. Ni ellos, ni la Iglesia.

EL MUNDO

«El golpe habría sido imposible sin la colaboración del Cesid»

Treinta años después, Juan Alberto Perote habla con más claridad que nunca del 23-F

Zapatero embustero

Tres décadas después de que un teniente coronel irrumpiera en el Congreso pistola en mano, otro militar, coronel retirado, arroja más luz sobre aquel intento de golpe de Estado que estuvo a punto de acabar con la joven democracia española. Juan Alberto Perote, de guardia aquel día en el Centro Superior de Información de la Defensa (Cesid), habla claro: los planes del asalto los conocía la Agrupación Operativa de Medios Especiales (Aome), el comandante Cortina decidió la hora y la fecha, y esa unidad especial del Cesid resultó fundamental para llevar a cabo el golpe.

El comandante Perote protagonizó ayer el programa En confianza, conducido por Casimiro García-Abadillo en Veo7. Acudió a rememorar una noche en la que, como capitán de contrainteligencia del Cesid, le tocó ser «jefe de servicio y estar durante las 24 horas que correspondían [y que coincidieron con el intento de golpe de Estado] en la antesala del director del centro».

Testigo de excepción en uno de los lugares donde más información se concentró en aquellas horas, relató ayer que, detrás de Tejero, la cara visible del 23-F, había más gente: «El asalto al Congreso estaba planificado en líneas generales por Tejero, pero la fecha y la hora se decide por el propio comandante Cortina».

En todo el relato que anoche desgranó el coronel retirado a preguntas del vicedirector de EL MUNDO, el nombre de José Luis Cortina, el comandante que se hacía llamar a sí mismo Thor [dios del trueno] y que formaba parte de la Aome, una unidad de «operaciones en las que se puede estar bordeando la línea de la legalidad», en palabras de Perote, adquiere un presencia continua.

Descrito como «un hombre de una inteligencia superior» que, en palabras del que fuera su compañero en distintas unidades militares de élite, «siempre se consideró un personaje con un destino en el mundo», Cortina se había ganado el respeto de sus subordinados -«se le quería como a un ayatolá, es decir, queremos al ayatolá, pero tú no llegas luego al ayatolá»- y de sus mandos.

Perote dice que el propio Cortina se encargaba de recordar la excelente relación que mantenía con el general Alfonso Armada, otro de los condenados en el 23-F. Y esta relación no es baladí. De hecho, Perote deja bien claro que ambos personajes resultaron fundamentales en el devenir del golpe de Estado.

«El comandante Cortina», explica, «ve en Armada la solución [a la situación política, económica y social que vivía España], pero la solución que él pone». En otras palabras: «Yo resuelvo esto poniendo a mi general [por Armada]». Cortina estaba en la Aome y la Aome conocía el golpe -«que los planes del asalto al Congreso ya se conocían en la unidad es una evidencia»-, entre otras cosas porque habían montado un operativo completo, con captura de imágenes y audio, de una reunión el 18 de enero de 1981 en casa de Mas Oliver, ayudante de Milans del Bosch, en la que éste comunicó a los asistentes -Tejero, García Carrés, Torres Rojas...- que el asalto debía esperar, pues Armada iba a ser nombrado segundo jefe del Estado Mayor.

Perote deja claro que el golpe, si fue una sorpresa, lo fue por el momento en que se llevó a cabo, porque todos sabían que se estaba fraguando. No sólo es que «el ruido de sables se oyese en el bar de la esquina», sino que «el presidente Suárez conocía todos los golpes que se estaban preparando», el teniente Javier Calderón, secretario general del Cesid, «conocía la planificación del golpe» y «el Rey conocía que se iba a dar un golpe». Eso sí, tanto «al Rey como al propio director del Cesid en funciones les pilla de sorpresa».

¿Pero cómo es posible que. si la Aome estaba enterada, si el comandante Cortina jugó un papel tan importante en el devenir del golpe, el jefe de los servicios secretos «casi se cayó de la silla» cuando el entonces capitán Perote entró en su despacho para informarle de que acababan de tomar al asalto el Congreso? ¿Y que al Rey, «que estaba jugando al squash», «no le sorprenda que ocurra, pero sí la hora y el día»?

Pues porque, según Perote, «la información se pasa circuitada». Quizá por ello, tuvo mucho cuidado anoche en diferenciar entre el Cesid y la Aome. De hecho, esta última, «al mando de Cortina, fue la unidad clave para producir el golpe». Y lo fue porque, entre otras cosas, proporcionó los coches que escoltaron a los guardias hasta el Congreso -su importancia, explicó Perote, radica en sus radiotransmisores, con unas frecuencias «no controladas»-, y a varias personas clave para el asalto, y permitió que Calderón, «que conocía la planificación del golpe, se quedara desconectado 72 horas antes».

En resumen, que el 23-F habría sido «imposible de todas las formas» sin la Aome: «No habría habido transmisores, no habría habido un capitán Gómez Iglesias arengando y coordinando los movimientos, no habría habido una planificación del golpe desde otoño y, por supuesto, teniendo la información que se tenía, no se utilizó para abortarlo».

¿Cómo es posible entonces que Cortina, tan involucrado en el golpe, fuese absuelto en el juicio? Porque tenía una gran protector. De acuerdo con Perote, «el propio Javier Calderón, su amigo», y porque, además, había «una disposición por parte del Ejército e incluso de las autoridades políticas a decir: 'No vamos a investigar más que a aquellos que estuvieron en el Congreso'. Es decir, los que pisaron el sagrado recinto». Y, como Cortina no entró -aunque sí estuvo en la reunión preparatoria con Tejero que se produjo 48 horas antes del golpe en el piso de la calle Pintor Juan Gris, según le reconoció a Perote el conductor que le llevó hasta allí-, tampoco lo hizo en la cárcel.

OORBYT.es

>Vea hoy en EL MUNDO en Orbyt las imágenes de la entrevista.

SANTIAGO GONZÁLEZ

Treinta años ya

El 23-F es nuestro asesinato de Kennedy. Todo el mundo que vivió el momento en que Tejero entró en el Hemiciclo recuerda con precisión lo que hacía cuando recibió la noticia. El 23 era lunes y la sesión transcurría en un tono mortecino, mientras el secretario de la Cámara, Víctor Carrascal, iba desgranando los nombres de sus señorías por orden alfabético, un ora pro nobis sin exceso de convicción, y los diputados decían o no con más aplomo, como si trataran de ponerles alzas a sus votos. Carrascal llegó a la N y Navarrete, diputado socialista por Huelva, dijo no.

Eran las 18.22 horas y entonces se oyó algo de lío en la entrada y empezó a desarrollarse una ópera bufa, según letra de una canción de Lola Flores: «Entró un civil con bigote, ozú, qué miedo, chavó», con la pistola desenfundada y dando grandes voces: «¡Quieto todo el mundo!». Luego vinieron los tiros al aire. El techo muestra aún las huellas. Afortunadamente, nadie ha solicitado la intervención de los escayolistas invocando la memoria histórica.

Aquel día nos reveló a tres héroes en el interior: Gutiérrez Mellado, Suárez y Carrillo, que mantuvieron la decencia estética de la vertical ante aquella tropa.

Y en el exterior, Fernández Campo. El golpe fue sorprendente, pero nadie puede decir que fuera del todo inesperado. La opinión pública vivía pendiente del estado en los cuarteles; el mismo protagonista había establecido un precedente -la operación Galaxia-, la sensación de desgobierno era total, ETA había asesinado a 98 personas en 1980. Aquel estado de cosas tenía preocupada a la ciudadanía y también a la clase política. Armada había ido deslizando en los oídos de la oposición la conveniencia de buscar una alternativa, un gobierno de coalición de UCD, PSOE, AP y PCE, presidido por él para salir del marasmo.

Armada, antiguo preceptor real, había sido motivo de fricción entre Suárez, que no se fiaba, y el Rey. Éste, que no se recató en criticar a Suárez, consiguió imponer su nombramiento a Rodríguez Sahagún como segundo jefe del Estado Mayor. Sólo faltaba acreditar su cercanía al Monarca ante los mandos militares indecisos. De ahí su interés por ir aquella tarde a La Zarzuela. De ahí el doble acierto de Sabino. Al impedírselo. Y al dar aquella magistral respuesta al general Juste, cuando llamó, preguntando por Armada, la prueba del nueve de que el Rey apoyaba el golpe: «Ni está, ni se le espera».

Hubo más héroes en el exterior que salvaron las libertades: el Gobierno de los subsecretarios que presidía Paco Laína. Lean ustedes la lista de aquellos terceros niveles en un tiempo de crisis y compárenla en bagaje intelectual y profesional con la relación de figurantes en el Consejo de Ministros y Ministras y digan quiénes parecen los ministros y quiénes los subsecretarios/as. Treinta años ya. Cómo pasa el tiempo, hay que joderse.

domingo, 20 de febrero de 2011

«Tejero tenía previsto entrar en La Zarzuela»


ANTONIO RUBIO / Madrid/ El Mundo

Zapatero embustero

Se llama Ángel López Montero, es un veterano del Derecho y todavía continúa al frente de su estudio jurídico con el mismo ánimo que tenía el 27 de febrero de 1981, el día que se hizo cargo de la defensa del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. López Montero se define como liberal y, además, en abril de 1979 se presentó como cabeza de lista a la Alcaldía de Madrid por el Partido Liberal Español (PLE).

López Montero, defensor del teniente coronel Antonio Tejero, fue uno de los protagonistas principales de la vista oral del 23-F. Treinta años después, el abogado madrileño rememora aquellos momentos y descubre, por primera vez, hechos fundamentales que ocurrieron antes, durante y después de aquel intento de golpe de Estado y en el transcurso de la vista oral del 23-F.

«El comandante José Luis Cortina se me presentó en mi despacho y me dijo que tenía que convencer a Tejero para que no lo implicara en su declaración […]». «Cortina me dijo que él estaba en el golpe de los coroneles […]». «Tejero y Milans del Bosch se reunieron en Albacete antes del 23-F y estudiaron la posibilidad de entrar al mismo tiempo en La Zarzuela y en el Congreso […]». «Gómez de Salazar nos ofreció la absolución de todos los tenientes que entraron en el Congreso el 23-F si, a cambio, renunciábamos a interrogar al diputado socialista Enrique Múgica». Estos son algunos de los hechos que López Montero vivió en primera persona y otros que el teniente coronel Tejero relató a su defensor.

Pregunta.- ¿Cuándo y cómo se hizo cargo de la defensa del teniente coronel Tejero?

Respuesta.- El 27 de febrero de 1981 me llamó el abogado Adolfo de Miguel y me dijo que me mandaba un cliente y que nunca le agradecería aquel tema. También me dijo que era un caso difícil y de gran responsabilidad, que la familia ya iba para mi despacho y que él ya llevaba a otro, aunque no me indicó quién era, ni de que iba el asunto. Poco después se presentaron en mi despacho una señora y un caballero que resultaron ser la esposa del teniente coronel Antonio Tejero y el ex gobernador civil de San Sebastián.

P.- ¿Y después, qué ocurrió?

R.- La señora me dijo que quería que me hiciera cargo de su marido y, tras indicarme que era Tejero, fui a verlo a la cárcel militar de Alcalá. Y allí, cuando estaba delante del teniente coronel Tejero, le dije: 'Es muy posible que le larguen muchas habladurías sobre mi persona, así que de entrada le digo que he estado 25 años con el profesor Tierno Galván, que no soy socialista y que soy un hombre liberal'.

P.- ¿Cómo reaccionó Tejero a su currículum profesional y político?

R.- Me preguntó si en la época de Franco estaba contra el franquismo. Y le aclaré que sí, que estaba contra el franquismo, pero no contra Franco, y que no estaba de acuerdo con el momento que estábamos viviendo. Tejero, automáticamente, dijo: 'Usted es el hombre que me interesa, y veo que nunca ha sido un lameculos'.

P.- ¿Cuándo se sincera el teniente coronel de la Guardia Civil con el abogado?

R.- De manera inmediata. Antonio [cada vez que López Montero hace referencia al coronel Tejero, siempre utiliza, de manera cercana o cariñosa, su nombre de pila] me contó que todo era perfecto, que los generales Alfonso Armada y Jaime Milans del Bosch estaban en la operación, que confiaba en ella y que no se iba contra el Rey.

P.- ¿En qué momento se da cuenta Antonio Tejero de que ha sido utilizado por Alfonso Armada y otros?

R.- La pregunta no es ésa. La pregunta es: ¿Cuándo se da cuenta Antonio de que han fracasado? Pues cuando, en la noche del 23-F, habla con Milans del Bosch y le plantea por qué ha metido en los cuarteles los carros de combate, y el general le responde: 'Sí, pero sólo ha sido para cenar'. Antonio no entiende la respuesta y le recuerda a Milans del Bosch que 'estamos en un golpe militar y aquí no se cena y no se duerme hasta que hayamos acabado'. En ese mismo instante, Antonio se da cuenta de que todo ha fracasado.

[López Montero, que ha sido un gran fumador y que ahora está en tratamiento médico por esa afición, hace un pequeño descanso, reflexiona y continúa con su exposición sobre aquella noche].

Antonio confirma que todo se ha ido al traste cuando el general Armada entra en el Congreso y le enseña la lista del nuevo Gobierno que iba a proponer. En ese momento, Tejero piensa que para eso él no hubiera ido hasta allí.

P.- Hay un antes, un durante y un después del 23-F. ¿Qué le contó Tejero y qué vivió usted?

R.- Antonio me contó, de manera pormenorizada, todos los acontecimientos anteriores al 23-F. El después lo viví yo personalmente. En el antes podemos recuperar, ya que no se ha contado nunca, que el general Milans del Bosch y Antonio se reunieron días antes del 23-F en una finca de Albacete para ultimar cuestiones. En ese encuentro, al que Antonio llegó desde Madrid en un helicóptero, se estudió la posibilidad de entrar tanto en La Zarzuela como en el Congreso. Antonio entraría en La Zarzuela y el capitán Jesús Muñecas en el Congreso.

P.- ¿Por qué no se llevó a cabo ese plan?

R.- Antonio pensó que, si llegaba a La Zarzuela con sus guardias civiles, los otros agentes que defendían el palacio podían pensar que no eran auténticos hombres de la Benemérita y liarse a disparar. Aquello se convertiría en una ensalada de tiros y alguien podría morir en el enfrentamiento. Así que, con el visto bueno de Milans y de Armada, se decidió abortar ese plan.

[Ahora el parón está propiciado por dos tazas de café y unas pastas caseras que la ayudante del letrado deja sobre la mesa. López Montero, con pausa pero con convicción, retoma el hilo del relato].

Uno de los argumentos que esgrimió Antonio [el letrado sigue refiriéndose al teniente coronel Tejero de manera amistosa y cercana] ante Milans del Bosch para ir a La Zarzuela es que él no era monárquico y que el Rey no le podría borbonear cuando lo tuviera enfrente. Cosa que sí podía pasar tanto con Milans del Bosch como con Armada, que eran dos monárquicos convencidos. Además, Antonio pensaba que, de esa forma, tenía al poder ejecutivo y al legislativo agarrados.

[Y después del intento de golpe de Estado vino la investigación judicial, el procesamiento de los autores materiales e inductores, la vista oral del juicio, la sentencia y el recurso ante el Tribunal Supremo. Todo eso ocurrió entre el 24 de febrero de 1981 y el 28 de abril de 1983, más de dos años llenos de intrigas, presiones, pactos y cobardías].

P.- ¿Qué papel tuvo el Cesid (actual CNI) en el 23-F?

R.- Antonio me contó, y declaró en la sala del juicio, que, antes del 23-F, tuvo varias reuniones con el comandante del Cesid José Luis Cortina. La última fue en un piso de la calle del Pintor Juan Gris de Madrid. Allí Cortina hizo de intermediario entre Tejero y el general Armada. Tras la presentación, Cortina le dijo a Armada que Tejero era el hombre que se encargaría de la entrada en el Congreso y Armada indicó que tenía que ser una operación perfecta y que la entrada tenía que ser a las 18.23 horas. Tras esa conversación, Cortina se marchó. Todo eso fue el 21 de febrero de 1981.

[López Montero recuerda o puntualiza un hecho fundamental de aquella reunión].

Aquel piso era del Cesid y, por lo tanto, ese encuentro se grabó. Alguien debe de tener las cintas de aquel momento y hay que recordar que Cortina era el que coordinaba y montaba todos los encuentros, aunque siempre estuvo en un segundo plano.

P.- Pero el comandante Cortina fue absuelto en el juicio.

R.- Sí. Pero es interesante recordar qué ocurrió antes y durante el juicio. Tras la detención de Antonio, el comandante Cortina se me presentó en mi despacho y me dijo que era amigo de Tejero y que era muy importante que Antonio no lo sacara en sus declaraciones.

[López Montero hace una pequeña pausa, se produce un silencio, se frota suavemente las manos y rememora aquellos momentos en su despacho con el jefe de la Agrupación Operativa del Cesid].

Yo no conocía al comandante, pero Cortina tenía la referencia de que yo era un gran patriota y que podría convencer a Antonio para que no sacara su nombre. Por eso, de manera automática, me confesó que él estaba en el segundo golpe. Y me dijo: '¿Habrá oído usted hablar del de los coroneles? Si salgo en este primero, se abortará el segundo'.

[Tras el fracaso del 23-F, un grupo de coroneles preparó un segundo golpe de Estado para el 27 de octubre de 1982. Estaba dirigido por Milans del Bosch desde la cárcel e iba a ser cruento, al estilo de los llevados a cabo en Argentina y Chile. Días antes, el 2 de octubre, fue abortado por el nuevo jefe de la Agrupación Operativa del Cesid, el coronel Juan Alberto Perote, que sustituyó en el cargo al comandante José Luis Cortina].

El objetivo fundamental de Cortina era que en el 23-F no aparecieran los servicios secretos, el Cesid. Durante el juicio, le pregunté al comandante Cortina si había estado en alguna ocasión en mi despacho y, con toda frialdad, con cara de póquer, contestó que no.

[Ahora recupera a su cliente para dar una visión más cercana del comandante de los servicios secretos].

Antonio, tras el intento de golpe, despreciaba a Cortina. Durante el juicio le decía que era un cobarde, que no tenía cojones. En alguna ocasión, Cortina intentó acercarse a Antonio y éste le dijo que no tenían nada de qué hablar: 'Si quieres hablar, hazlo en la sala y compórtate como un hombre'.

[Hay que recordar que Cortina fue absuelto y su segundo en la Agrupación Operativa del Cesid, el capitán Gómez Iglesias, fue condenado a tres años por el Tribunal Militar y después el Supremo le aumentó la pena a seis].

P.- ¿Cómo se explica, militarmente, que condenen al subordinado y absuelvan al jefe?

R.- Eso habría que preguntárselo primero al Tribunal Militar y después al Tribunal Supremo, que fueron los que condenaron al capitán Gómez Iglesias y absolvieron a su jefe, el comandante Cortina.

P.- El general Luis Álvarez Arenas, presidente del Tribunal, tuvo que ser ingresado durante la vista oral y fue sustituido por el general Gómez de Salazar. ¿Tuvo repercusión ese cambio de presidente en el juicio?

R.- El general Álvarez buscaba unas penas simbólicas para Milans del Bosch y Armada y se dio cuenta de que eso no era posible. Después fue ingresado en el hospital aquejado de úlcera duodenal y lo sustituyó el general Gómez de Salazar.

[El letrado hace una nueva parada, respira con profundidad y vuelve a trasladarse, mentalmente, al Servicio Geográfico del Ejército, donde se celebró el juicio].

Recuerdo que en un momento determinado del juicio, cuando ya estaba Gómez de Salazar presidiendo el Tribunal, se me acercó el relator jefe, el teniente coronel Jesús Valenciano, y me dijo que tenía un mensaje del presidente: 'Si renunciáis a la declaración de Enrique Múgica, esta misma tarde se pone en libertad a los tenientes de la Guardia Civil y en la sentencia saldrán absueltos'. Automáticamente trasladé la oferta de Gómez de Salazar a Antonio y éste llamó al capitán Muñecas que, a su vez, requirió la presencia del teniente Carricondo. Tejero dijo que se salía de la habitación para que los tenientes decidieran y les recordó que, 'decidáis lo que decidáis, para mí seguís siendo hombres de honor'.

[López Montero recuerda que Carricondo y sus compañeros tenientes no tardaron ni un segundo en decidir].

La respuesta de los hombres de Antonio fue inmediata: 'Que venga Múgica. A ese precio no queremos la libertad'.

[Enrique Múgica, diputado socialista, almorzó el 22 de octubre de 1980 con el entonces gobernador militar de Lérida, el general Alfonso Armada].

P.- ¿Cómo fue la declaración de Enrique Múgica?

R.- El abogado de Múgica fue el propio presidente del Tribunal. A cada pregunta que le hacíamos, Gómez de Salazar indicaba: 'No ha lugar. No ha lugar'.

P.- Cuándo se celebró el juicio del 23-F, en febrero de 1982, ya había cambiado el ministro de Defensa. Antes era Agustín Rodríguez Sahagún y, en aquel momento, estaba Alberto Oliart. ¿Cómo fue su trato con el nuevo ministro y actual director de RTVE?

R.- El ministro Oliart le pidió a nuestro decano del Colegio de Abogados, Pedrol Rius, que nos retirara la licencia de abogados a todos aquellos letrados defensores que durante la vista sacábamos con frecuencia el nombre del Rey en los interrogatorios. Es decir, a Adolfo de Miguel (defensor del capitán de navío Camilo Menéndez), Gerardo Quintana (defensor del general Luis Torres Rojas), José Zugasti y a mí, que llevaba la defensa del teniente coronel Tejero.

P.- ¿Y qué pasó?

R.- Fuimos al Decanato los antes citados y el resto de abogados, con la excepción de los defensores del general Armada, el comandante Cortina y el capitán Gómez Iglesias.

P.- ¿Cuál fue el siguiente paso?

R.- Antonio Pedrol Rius nos comunicó la petición del ministro Oliart y la respuesta que le había dado al titular de la cartera de Defensa: 'Eso me lo da usted por escrito'. Pedrol Rius también nos explicó que Oliart se negó a dárselo por escrito y que él mismo le avisó al ministro de que, si lo hubiera hecho, de manera inmediata lo hubiera incorporado al sumario 2/83, el del 23-F.

[Son muchas las cosas del 23-F que todavía guarda López Montero en su tintero particular, pero está convencido de que, en los próximos años, saldrá a la luz toda la verdad sobre el intento de golpe de Estado y, además, piensa que ya es hora de que aparezcan las cintas que se grabaron en las reuniones previas al golpe].

martes, 15 de febrero de 2011

Coronel Martínez Inglés: “El golpe del 23-F lo dirigió el rey Juan Carlos”



Alerta Digital

25 años después de la muerte de Francisco Franco, el rey Juan Carlos es considerado por la sociedad española como el garante de las instituciones y el defensor de la democracia. Por ello, se ha vuelto casi intocable.Su prestigio como un monarca demócrata creció considerablemente después del 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero y los generales Milans del Bosch y Alfonso Armada intentaron dar un golpe de Estado, que en parte fracasó cuando Juan Carlos manifestó su rechazo a la intentona.

Sin embargo, justo 20 años después de dicho intento de golpe de Estado, han surgido dudas sobre quién en verdad estaba detrás de los golpistas. El coronel Amadeo Martínez Inglés, autor del libro 23-F. El golpe que nunca existió (Editorial Foca), sostiene ahora la siguiente tesis: Se trató de una operación político-militar-borbónica, dirigida por el rey Juan Carlos, quien estaba enterado de que un grupo de militares ultraderechistas preparaban un movimiento para derrocarlo.

El rey es también el protagonista de otro libro que revela sus negocios, sus relaciones sospechosas con los medios de comunicación y hasta posibles líos de faldas. Se titula El negocio de la libertad, y fue escrito por el periodista Jesús Cacho, publicado por la misma editorial, dirigida por Ramón Akal, un hombre sometido durante la dictadura a 11 sumarios del Tribunal de Orden Público.

Pacto de silencio

El coronel Martínez Inglés fue profesor de Historia Militar y Estrategia en la Escuela del Estado Mayor y testigo directo de los entresijos del Ejército durante el período de la transición como jefe de Movilización del Estado Mayor y jefe de la Brigada de Infantería de Zaragoza. Desde hace 17 años, empezó sus investigaciones sobre la intentona golpista.

Hace unos seis años, publicó el libro La transición vigilada, pero fue retirado del mercado a los 15 días. En 1990 fue arrestado durante cinco meses en la prisión militar de Alcalá de Henares por defender la idea de crear unas fuerzas armadas profesionales, y se le apartó del servicio activo justo cuando iba a ser ascendido a general.

En entrevista, explica que hace 20 años no se registró un golpe militar: “Los golpes militares se dirigen desde el primer momento contra la cúpula del Estado, en este caso contra el rey; sin embargo, el 23 de febrero de 1981 al monarca no lo molestaron”.

Afirma: “Los guardias civiles que entraron en el Congreso de los Diputados bajo las órdenes del teniente coronel Tejero no iban en contra del rey, iban precisamente en su nombre, incluso dando vivas al monarca, como se observó en la televisión”.

Prosigue: “Ese golpe, entre comillas, tampoco iba contra el sistema político. El general Armada, la cabeza visible en Madrid, llevaba en su bolsillo una hoja con un futuro Gobierno presidido por él e integrado por demócratas de los principales partidos políticos”. Entonces, llega a la siguiente conclusión: “Fue una maniobra político-militar- institucional, puesta en marcha por el propio sistema, desde la Corona, para desactivar un golpe militar que se estaba fraguando para el 2 de mayo en los ambientes más radicales de la extrema derecha española, era un golpe contra el rey, preparado por militares que deseaban que España volviera al totalitarismo.”

Enfatiza: “El rey, al ver lo que se venía, optó por tomar una decisión de dar un golpe, o pseudo golpe, o una maniobra para salvar su corona. El rey se salió del marco constitucional, y el fin nunca puede justificar los medios”.

—Sin embargo, el rey aparece como el hombre que salvó a España del golpe de Estado y como el garante de la democracia…

—La Corona española ha rentavilizado durante todos estos años aquel evento y el rey se ha convertido en un mito democrático. Eso es mentira, pues fue el rey Juan Carlos quien autorizó al general Armada a montar el 23-F.

—Entonces, ¿el rey jugó dos papeles, porque mientras Tejero estaba en el Congreso él salió en la televisión rechazando la sublevación?

—Así es. Se dice que la reina encontró al rey llorando porque el general Armada —su preceptor cuando era niño y hombre de confianza desde que era príncipe— lo había traicionado. Yo creo que no es así. La operación fracasó por la actitud de Tejero al entrar en el Congreso de la forma como lo hizo, pistola en mano, disparando al techo. El rey no pudo asumir esa actuación.

“El rey fue alertado por sus ayudantes y le recomendaron que se quedara fuera de la maniobra. Entonces el general Armada intentó ir al palacio de la Zarzuela a explicarle al rey lo que había sucedido y prometerle que lo solucionaría todo, pero el rey le dijo que se quedara en la sede del Estado Mayor a las órdenes del general Gabeiras. Y después lo arrestaron.”

Comenta que como militar, ha estado relacionado con muchos militares que actuaron ese día en el Estado Mayor de Valencia, en el Estado Mayor del Ejército y en la cúpula militar: “He hablado con unos y otros y resulta que la versión oficial no es real. El general Armada despachó con el rey 11 veces en un mes y pico antes del golpe.”

Recuerda que se destacó el hecho de que el general Milans del Bosch hubiera sacado los tanques en Valencia, “pero los tanques salieron en plan de desfile, sin munición, respetando los semáforos. Un golpe de Estado no se monta así. En un verdadero golpe hubieran salido en Madrid y hubieran ido al palacio del rey, no en Valencia”.

El coronel Martínez Inglés coincidió durante los seis meses que estuvo en la prisión de Alcalá de Henares con el general Milans del Bosch que en ese entonces tenía 75 años y llevaba ya nueve años en la cárcel.

Conversaron en varias ocasiones y Martínez Inglés incluye en su libro las únicas declaraciones de Milans del Bosch sobre esos acontecimientos. El coronel le prometió no divulgarlas hasta después de su muerte y ha cumplido haciéndolo ahora a los cuatro años de su fallecimiento.

Milans del Bosch dijo: “El rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se le escapaba de las manos y, en esta ocasión, con el peligro que se cernía sobre su corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó actuar de acuerdo con las instrucciones que recibiera de Armada”.

Afirma que después el general Armada siguió teniendo mucha amistad con el rey, con quien hizo un pacto de silencio: “No acusó a su señor, se calló y estuvo solamente cinco años en la cárcel, después lo indultaron. Sin embargo, el general Milans, un hombre completamente distinto de Armada, no es un hombre de Palacio sino un militar más puro, fue engañado y abandonado, siguió en la cárcel durante nueve años”.

Como un dios

A pesar de las responsabilidades del monarca, el coronel Martínez Inglés no cree que pase nada: “En España el rey es intocable, se le ha beatificado, es como un dios, no es humano. La Constitución, hecha por él, lo pone en un altar, no tiene responsabilidad de ninguna clase, haga lo que haga no se le pueden pedir responsabilidades penales. Está por encima de las leyes, y eso en un Estado de derecho no puede suceder.

“Se ha pretendido preservar la figura del jefe de Estado después de los 40 años de dictadura de Franco, para evitar, según ellos, otra guerra civil. Es un disparate. Él es el sucesor de Franco, juró los principios del franquismo y luego cambió a la democracia porque le convenía.”

Considera que actualmente la poca gente que se atreve a cuestionar la figura del rey está “marginada, ninguneada o políticamente destrozada. Aunque ahora siento cierto cambio. Me han entrevistado para la televisión oficial y la privada. Estoy asombrado. Será porque está gobernando la derecha, y ellos no son muy favorables al rey, no digamos la extrema derecha”.

Para el coronel Martínez Inglés ya es tiempo de cambiar la configuración del Estado y hacerlo más moderno: “La Constitución habrá que cambiarla, nació después de una dictadura de 40 años; antes, quizá fue una solución”.

Concluye: “El último régimen legal de verdad fue la República, destruida por el golpe militar de Franco. El dictador nombró un heredero antes de morir y ahora resulta que todos somos monárquicos. Habría que haber vuelto a la República, que era la legalidad, o por lo menos dejar a los ciudadanos que se pronunciaran. Estamos en una situación de interinidad política y ya es hora de ir a un régimen totalmente democrático”.

Fortuna real

El otro libro que se atreve a cuestionar al rey Juan Carlos es ‘El negocio de la libertad’, de Jesús Cacho. El autor lo había entregado a la editorial Plaza y Janés del grupo Berstelsmann, pero le dijeron que lo publicarían si mutilaba 50%. “No queremos problemas”, le comentaron. Lo llevó entonces a la editorial Foca, y el libro ya va en la undécima edición, con 90 mil ejemplares vendidos.

En entrevista, Cacho explica: “La columna vertebral del libro es que la democracia española ha sido ocupada por un núcleo de poder surgido después de la muerte de Franco, donde están Juan Carlos I, como garante institucional; Felipe González, en el poder político, y Jesús Polanco, en el poder mediático, el control de la ideología y la factoría de las ideas; y entre González y Polanco, el control de la judicatura”.

También considera que el rey participó en el 23-F, y menciona en el libro un informe escrito y firmado de puño y letra por el general Armada, que confirma lo anterior, así como la carta que escribió antes del juicio, en la cual el general le pide permiso al rey “por el honor de mis hijos y de mi familia, para utilizar, durante el consejo de guerra, parte del contenido de nuestra conversación, de la cual tengo nota puntual, mantenida días antes del golpe, a la vuelta de los reyes del entierro de la reina Federica de Grecia”.

Cacho se explaya más sobre los negocios del rey: “El asunto más espinoso de la historia de la monarquía española es el dinero del rey. La culpa de esos comportamientos censurables del rey es precisamente de ese tabú, esa especie de gran pacto de silencio que envuelve las actividades de la Casa Real española”.

En su libro de 650 páginas, Cacho relata los “negocios” del rey con las potencias petroleras árabes: mediante el abogado Manuel Prado y Colón de Carvajal, Juan Carlos cobra una comisión por el petróleo adquirido por España o pide préstamos que nunca paga.

“Siempre se ha dicho que la Casa Real es pobre… Juan Carlos llegó al trono de España literalmente con lo puesto… pero aquel monarca pobre que en 1975 se hizo cargo de la Corona de España jurando la Constitución, es hoy un hombre rico.

“Una de las primeras formas conocidas fue el petróleo, las comisiones del crudo que importaba España para cubrir sus necesidades de energía. Todo parecía normal… Nada más ocupar Juan Carlos I el trono a la muerte del dictador, Manuel Prado se dedicó a remitir varias misivas reales a otros tantos monarcas reinantes, especialmente del mundo árabe, para pedirles dinero en nombre del rey de España.”

Según Cacho, la monarquía saudí respondió favorablemente con la concesión de un crédito por 100 millones de dólares. Y la misma cantidad la dio la empresa kuwaití KIO, mediante el empresario Javier de la Rosa, hoy enjuiciado por una cuestión diferente.

“Los pagos se justificaron en Kuwait por la necesidad de que, durante la llamada ‘Tormenta del Desierto’, la aviación estadunidense pudiera disponer a su antojo de las bases aéreas españolas de Rota y Torrejón, para lo que era preciso ‘untar’ a los políticos.”

Según el autor del libro, el expresidente Felipe González sabe mucho sobre las finanzas del rey y “los escandalosos negocios” de Manuel Prado y Colón de Carvajal.

Cacho narra lo que dijo González en una ocasión que fue a ver al monarca:

—¡Y dile a Manolo Prado que se conforme con 2%, porque eso de cobrar 20% es una barbaridad!

—Oye, oye, presidente —replicó el interlocutor—, ni le puedo decir nada a Manolo Prado ni sé de qué me estás hablando.

Señala que el periódico monárquico ABC y El País silencian todo lo malo del monarca: “Esos dos periódicos son parte fundamental del sistema, y sobre todo están las grandes fortunas empeñadas en su mantenimiento. En mi libro se explica que Jesús Polanco —dueño de El País— es el primer garante de la institución monárquica, pero al mismo tiempo el mayor peligro potencial”.

En el capítulo “Los amigos de la desmesura”, Cacho revela detalles de los líos de faldas del monarca, asuntos que han circulado de boca en boca, pero nunca revelados gracias al pacto de silencio de la prensa española.

“La falta de habilidad de Manuel Prado ha estado detrás de un asunto de faldas que ocupó las conversaciones del ‘tout Madrid’ durante meses, un tema en el que la liberalidad del pueblo español alcanza cotas desconocidas en otras latitudes, pero que pudo convertirse en algo más que una simple aventura amorosa.

“Parece que la relación de amistad con una famosa vedete del espectáculo y de la televisión comenzó a finales de los setenta y siguió viva hasta un buen día, mes de junio de 1994, cuando la bella supo, con frases amables, que la historia había terminado.”

Cuenta que la artista empezó a presionar “con el soporte de cierto material que ella misma había hecho grabar con motivo de la última visita recibida en su chalet… La preocupación esencial residía en ciertas frases, contenidas en la grabación en poder de la bella, relativas a los sucesos del golpe de Estado del 23-F”.

Entonces se encargó el asunto a Manuel Prado y Colón de Carvajal. “La solución consistió, de nuevo vía Prado, en instalar en casa de la bella una caja fuerte en la cual se acordó guardar un maletín con todo el material, fotografías y grabaciones de audio y video. Una vez al mes, se abría la caja fuerte, se comprobaba que el material seguía en el maletín, se volvía a cerrar, y Prado hacía entrega a la señora de un sobre cerrado con el estipendio mensual; unas fuentes dicen que 1 millón de pesetas, otras, que bastante más. Y así, a lo largo de 1995 y parte de 1996…”

Hasta que llegó a la Presidencia José María Aznar, quien “pidió la relación de gastos reservados de Presidencia y ordenó cerrar el grifo, lo que provocó el enfado de la beneficiaria, que exigió entonces un aumento de la asignación hasta los 2 millones mensuales para seguir siendo discreta, promesa que sólo cumplió en parte, puesto que una noche acudió a una comisaría de Policía para presentar una denuncia por supuestas amenazas de muerte”.

Nuevo yate

Cacho investigó la compra, por tres mil millones de pesetas, del nuevo yate del rey, el Fortuna II. Relata que con motivo de la estancia del matrimonio Clinton en Palma de Mallorca, los reyes los invitaron a dar un paseo en el Fortuna por la bahía, y por mala suerte, se descompuso.

Después, “ante un grupo de empresarios isleños de renombre, el monarca se manifestó quejoso: ‘parece mentira, yo que soy el que traigo el turismo aquí, toda mi familia viene en agosto desde hace no sé cuánto tiempo y consentís que dé el espectáculo ante el presidente de Estados Unidos con un barco que es una antigualla, que tiene más años que la tarara y se estropea cada dos por tres’…”

Los empresarios pusieron en marcha una “curiosa fundación” que recolectó los 3 mil millones de pesetas (alrededor de 17 millones y medio de dólares).

Pero ahora se construye el Fortuna III en los astilleros de Bazán en Cádiz. Se trata de un barco cuyo precio, por su espectacularidad y dimensiones, no podrá bajar nunca de los 7 mil millones de pesetas de acuerdo con las fuentes consultadas, y es posible que supere esa cifra.

Finalmente, Cacho tiene la certeza de que el rey también estuvo enterado del terrorismo de Estado de los GAL: “Mucho se ha especulado con la eventualidad de que el monarca estuviera al corriente de las acciones de los GAL… A tenor de las declaraciones de Serra en el juicio por el secuestro de Segundo Marey, es la Jujem (Junta de Jefes del Estado Mayor) la que, al hilo del asesinato del capitán Martín Barrios, pide intervenir directamente contra ETA. Y esa cadena debe necesariamente informar al rey de la situación, porque el rey es el jefe de la Jujem, la máxima autoridad, el último escalón de la línea de mando.”

viernes, 10 de diciembre de 2010

Palacios: "Felipe González y el PSOE fueron quienes más avalaron al general Armada"


PRESENTA '23-F, EL REY Y SU SECRETO'

Jesús Palacios, autor de 23-F, el Rey y su secreto, revela las claves del acontecimiento: “No fue un golpe de estado. Se trataba de un golpe del propio sistema para corregir la situación política del momento y no pretendía la vuelta al régimen dictatorial como se ha contado”.

Ampliar la foto
Portada del libro

2010-12-10
LIBERTAD DIGITAL

Se ha presentado en Madrid "el libro definitivo para comprender el golpe de estado del 23-F", en palabras del prestigioso historiador hispanista, Stanley Payne, que introdujo al periodista Jesús Palacios. Palacios comenzó su exposición señalando las claves de la Operación De Gaulle, que comenzó a fraguarse en 1977 en conversaciones en la sede de la Agencia EFE en la que participaban fundamentalmente agentes del Servicio de Inteligencia CESID.

Para el historiador Stanley Payne, "23-F, el rey y su secreto", publicado por Libros Libres, es "el libro más interesante sobre este acontecimiento histórico por tratarse del más original y el que contiene la perspectiva más amplia sobre todo el trasfondo político de la década de los 80. Tiene además la importancia de basarse no sólo en las fuentes clásicas, sino en las fuentes orales".

El autor, según sus propias palabras, ha hablado con cada uno de los implicados exceptuando el Rey. Palacios cierra con esta obra uno de los capítulos más señalados de nuestra historia. "El 23-F no fue un golpe de involución. No pretendía volver a un régimen de dictadura ni tenía detrás un movimiento corporativo de los militares. Fue un golpe al sistema dentro del propio sistema que pretendía alcanzar un nuevo pacto político, un gobierno de concentración nacional, exceptuando los partidos nacionalistas, para corregir los fallos del sistema de entonces".

"Sin la figura del Rey -continuó el periodista- no hubiera existido el 23-F. Fue una operación especial que se fue tejiendo en torno al Rey, a quien le presentaron un cuadro de suma gravedad y crisis política que justificaba la necesidad de una corrección. Diez eran las causas fundamentales de esa gravedad: el concepto de nacionalidades, las autonomías, ETA, los nacionalismos vasco y catalán, la pérdida de liderazgo de Suárez, la descomposición de la UCD, la ansiedad del PSOE de llegar al poder, la crisis del sistema y de las Instituciones, la alarma del Rey de que le arrastrase la caída de Suárez y el deseo de regeneración".

Bajo ese panorama político, el 23-F, el rey y su secreto, narra todos los detalles previos a la entrada al Congreso de Diputados del Teniente Coronel Tejero, así como las causas de que la operación De Gaulle fuera abortada por indicación del propio Rey. El protagonismo del Servicio de Inteligencia, de los partidos políticos, del general Armada y de cada uno de los involucrados... así como el conocimiento de la operación por parte de la administración americana o del Vaticano son analizados en el libro que cuenta toda la verdad sobre lo sucedido el 23-F.

Palacios ha señalado que "Felipe González y la cúpula del PSOE fueron quienes más avalaron al general Armada en la Operación De Gaulle del 23-F. Apoyaron sin reservas esa operación auspiciada por el General Armada de un gobierno de concentración nacional en el que Felipe Gonzalez seríael vicepresidente".

"23-F, el rey y su secreto" detalla por qué se rebeló Tejero causando el fracaso la Operación De Gaulle. Pero para Palacios, "pese al fracaso, hubo ciertos efectos psicológicos, que provocaron, entre otras cosas, el triunfo del PSOE, la LOAPA de las Autonomías...etc. Efectos que han perdurado casi 25 años".

miércoles, 8 de diciembre de 2010

“El 23-F fue un golpe dado por el sistema contra el sistema”



08:14 (08-12-2010) La Gaceta

Jesús Palacios, periodista, publica ‘23-F, el Rey y su secreto’. Sostiene la tesis de que el golpe de Estado no fue involucionista, sino que quiso corregir la deriva negativa de la Transición

Ignacio Peyró.

Su nombre es bien conocido para todos aquellos que gustan de leer sobre las claves de la Historia reciente de España. No en vano, Jesús Palacios es autor de libros como Los papeles secretos de Franco o Franco, mi padre, coescrito éste con uno de los grandes hispanistas actuales, Stanley G. Payne. Ahora, con 23-F, el Rey y su secreto (Ed. Libros Libres), aborda uno de los temas más delicados de la España contemporánea.

-¿Todavía se puede aportar algo sobre el 23-F?
-Mi libro cierra el círculo de los enigmas en torno al golpe. El propio Stanley G. Payne ha dicho que es “el capítulo final del 23-F”. Los hechos están contrastados tras largas conversaciones con fuentes que han contado los objetivos y procedimientos tal y como fueron. Es lo más próximo a la verdad del 23-F.

-Afirma usted que el golpe no fue, como dice la historia oficial, un golpe involucionista...
-No fue un golpe de involución ni lo tramaron militares descontentos. Al contrario, yo destaco cómo las Fuerzas Armadas permanecieron leales a la Corona durante toda la Transición. El 23-F fue un golpe del sistema contra el sistema, para corregir el sistema, que es como decir corregir la deriva negativa de la Transición.

-¿Y qué errores había que corregir?
-Había que poner orden en plena descomposición de la UCD. Suárez, ya en el año 80, era un problema para la democracia: es un año de gran vacío de poder. Así, la nomenclatura política –de Felipe González a Manuel Fraga, de la Conferencia Episcopal a la CEOE y los barones de la UCD– hace presión sobre las más altas esferas para reformar la Constitución, quitar de ella el término “nacionalidades”, corregir el Título VIII, que regula el sistema autonómico y reconducir a los nacionalismos mediante la reforma de la ley electoral.

-Da usted protagonismo en su libro, como no podía ser menos, al general Armada, pero también al Cesid e incluso a Estados Unidos...
-Y hasta a Tarradellas, que hizo suya la frase de que “España necesita un golpe de timón”. Armada tenía que ser presidente de un Gobierno de excepción, en el que habría representación pluripartidista. El Cesid fue el eje de la operación, y Estados Unidos dio su apoyo.