lunes, 22 de noviembre de 2010

ETA y el PSOE contraatacan juntos




07:59 (22-11-2010) La Gaceta

ETA está fuera de la ley y de la convivencia pacífica por sus medios criminales.

Pascual Tamburri

Para entender qué está a punto de suceder en el País Vasco y en Navarra hay que tener muy claro qué es ETA y qué no lo es. ETA es, por supuesto, un banda terrorista, un grupo de criminales armados. Pero peca de iluso, o de algo mucho peor, quien diga que ETA nació esencialmente para matar o que su objetivo y su definición es matar. No es así, nunca ha sido así y, aunque algunos profesionales de la corrección política lo digan, ETA nunca ha “cambiado a peor”.

ETA es un grupo de nacionalistas vascos con unos objetivos políticos perfectamente claros, y con unos medios para alcanzar esos objetivos que –ésos sí– han podido ir cambiando o matizándose. ETA quiere hoy y ha querido siempre la autodeterminación, léase independencia; es decir, la secesión de España y Francia de algunas provincias –las vascas y Navarra en lo que nos toca– y la formación con ellas de un Estado-Nación nuevo y soberano.

Estos objetivos tuvieron en su momento una concreción en la alternativa KAS y un instrumento en el terrorismo, primero con modelo argelino y luego con un conato de modelo irlandés. Pero no nos confundamos: ETA no dejaría de ser ella misma por articular sus objetivos y su camino con otras palabras ni por renunciar tácticamente al uso de la violencia.

Muchos vascos y muchísimos navarros no nos oponemos a ETA porque sea violenta. Decir o pensar eso es una trampa intelectual, que llevaría a algunos incautos a aceptar con alegría la posibilidad de una ETA no violenta. Esto no es así. Por un lado, desde el principio, ETA está fuera de la Ley y de la convivencia pacífica por sus medios criminales, y todos los intentos de perdón o amnistía han servido sólo para reforzar a la banda. Por otro, ETA es inaceptable porque su objetivo es romper la soberanía del pueblo español, una soberanía que, por cierto, no es creada por la Constitución de 1978 sino que es reconocida por ella y tomada por ella como cimiento.

No basta pues que ETA cambie de medios. Son sus fines los que la colocan fuera de la convivencia y los que la hacen adicionalmente rechazable. Una ETA pacificada sigue sin ser un interlocutor aceptable para un partido político democrático y español. Salvo que sus prioridades no sean, tampoco, servir al pueblo español.

La partida política en las Vascongadas y en Navarra no se juega entre demócratas y antidemócratas ni tampoco entre violentos y no violentos. ETA, como Batasuna, siempre ha proclamado ser el grupo más demócrata de todos. Y esa afirmación ha sido tomada en serio más de una vez por algunos de los demás; por ejemplo, cuando erróneamente legitimaron los crímenes de ETA como antifranquistas –¿y, por tanto, buenos?–, con amnistías, negociaciones, diálogos y demás consecuencias. Por la misma razón que ETA deje de ser violenta no cambia su identidad ni debe cambiar los frentes políticos. Aceptar que puedan cambiar es anticipar una increíble victoria política a ETA, a Batasuna y a todo su entorno. La cuestión, ahora mismo es que el PSOE lucha por su existencia como alternativa de poder, no ya en estas dos comunidades sino en toda España.

No hay dudas de que un fin de ETA sería una enorme baza electoral para el PSOE, en 2011 y más en 2012. Con ETA se puede terminar, por supuesto, dejando que actúen las Fuerzas de Seguridad, con más o menos límites. Por supuesto que para España y para la libertad de los españoles no es indiferente que ETA desaparezca derrotada y aniquilada o que lo haga obteniendo concesiones políticas de algún tipo. Pero puede suceder que para el PSOE, en este momento, sí sea lo mismo.

¿Qué pueden concederse ahora y qué pueden pactar mañana? ETA y el PSOE no se aman, aunque algunos de sus representantes sí parezcan hacerlo. Lo que sí es importante es considerar que, pese a no compartir objetivos finales, sí pueden tener en común una parte importante de su camino. ETA y el PSOE, fuerzas de izquierda, no tienen una visión completamente incompatible en los principios, si se obvia la violencia. El fin de ETA, según y cómo, puede ser vendido por ambos como una victoria política, cada cual respecto a su propio público. Por eso hay que exigir al PSOE una claridad absoluta, y hay que hacerle notar que no habrá descuentos en el precio político de cualquier vacilación como las que estamos viendo. No hay una ETA buena, y acercarse a ETA-Batasuna es colocarse fuera de la convivencia legítima en esta Nación; si EA lo ha hecho, por ejemplo, los grandes partidos deben afirmar las consecuencias. El PP, por supuesto, tiene en todo esto la tarea más ardua, y de él esperamos todo lo que el PSOE se niega a hacer al servicio de España. Para ello necesita lo que no tiene el PSOE, que es una clase dirigente formada y dispuesta al servicio de la Nación, del pueblo y del Estado antes que al de sus propios intereses personales.

*Pascual Tamburri es profesor de Historia.

1 comentario:

  1. Todo esto ya lo sabemos, ahora hace falta que el gobierno no engañe más al pueblo.

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