sábado, 16 de octubre de 2010

Zapatero y el emperador Teodosio


16 de Octubre de 2010 - 14:27:04 - Luis del Pino

Editorial del programa Sin Complejos del sábado 16 de octubre de 2010

En el siglo XIII, Santiago de la Vorágine, arzobispo de Génova, recopiló en su libro "La leyenda dorada" una serie de relatos sobre la vida de los santos.

En uno de esos relatos se cuenta la bárbara represalia que el emperador Teodosio ordenó contra los habitantes de Tesalónica, como castigo por haber apedreado a los jueces de la ciudad. Teodosio mandó matar a 5.000 hombres, sin hacer ninguna distinción entre inocentes y culpables, con el fin de dar un escarmiento que los tesalonicenses no pudieran olvidar.

Poco después, cuando se hallaba de paso en Milán, quiso el emperador Teodosio acudir a la catedral a escuchar misa, pero San Ambrosio, el arzobispo de la ciudad, le salió al encuentro y le cerró el paso, dirigiéndose a él en estos términos:

"Emperador, ¿cómo puedes ser tan enormemente presuntuoso, después de haberte dejado llevar por aquel arrebato de ira? ¿Acaso te ciega tu cargo hasta el punto de no ser consciente del pecado que has cometido? Es verdad que eres príncipe, pero príncipe significa el primero, no el amo. No eres el amo de los demás hombres, sino sólo el primero de ellos. Y si es verdad que ellos son siervos, siervo eres tú también, el primero entre los siervos. ¿Cómo te atreves a intentar mancillar la casa de Dios? ¿Cómo pretendes entrar en Su casa con las manos manchadas de sangre? ¡Aléjate de aquí! ¡No se te ocurra añadir a tu pecado anterior un segundo pecado de sacrilegio!".

Teodosio, al oír aquellas palabras, renunció a entrar en la catedral, no volviendo a ser admitido en la iglesia hasta que no cumplió la penitencia que San Ambrosio le impuso.

Esta semana se ha celebrado el desfile de la fiesta nacional del 12 de octubre, en el que Zapatero ha cosechado una colección de abucheos aún mayor que el año pasado, que ya fue de buena cosecha.

Tan sonora ha sido la prolongada pitada que no ha habido manera de ocultarla, a pesar de los ímprobos esfuerzos realizados para alejar lo más posible al público de la tribuna de autoridades.

Más alarmados por la publicidad del asunto que por la pitada en sí, los miembros del Gobierno y destacados representantes del Partido Socialista han salido en tromba a afear la conducta a los abucheadores, diciendo que ese comportamiento constituye una falta de respeto para con la fiesta nacional, para con el himno español y para con el homenaje a los caídos.

¿Una falta de respeto a la Nación, al himno y a los caídos? ¡No, hombre, no!

Lo que mancilla la interpretación del himno nacional, lo que deshonra la ofrenda a los caídos por España, lo que constituye una ofensa a la Nación es la presencia en el acto de un presidente para quien la Nación es un concepto discutido y discutible

De un presidente que no tiene reparos en negociar con quienes han asesinado a tantos de aquellos a los que se dirige precisamente la ofrenda a los caídos.

De un presidente que ha conseguido que España sea el perfecto hazmerreír en la escena internacional.

De un presidente que consiente que sus socios de gobierno en Cataluña organicen referendos de secesión ilegales.

De un presidente que permite que se niegue a los españoles la posibilidad de educar a sus hijos en su propia lengua.

De un presidente que tolera que se sancione a los comerciantes por usar el idioma oficial de la Nación en su negocio privado.

De un presidente que sobrevive a base de malvender los restos de esa Nación a cambio de apoyos parlamentarios.

De un presidente que ha destruido la igualdad de los españoles ante la Ley con el Estatuto de Cataluña.

De un presidente que permite que en ayuntamientos gobernados por su partido se menosprecie a los símbolos nacionales.

De un presidente que tiene ministros que no dudan en reclamar nuevos estatutos identitarios para Galicia.

De un presidente que nombra ministra a quien tuvo las santas narices de manifestarse por las calles de Barcelona en apoyo de un actor que acababa de decir que nos metiéramos a España por el puto culo.

De un presidente que ha faltado a la legalidad y a su propio juramento al destruir la Constitución a la que le debe su cargo.

¿Cómo se atreve usted, señor Zapatero, a asistir a ese acto?

¿Cómo se atreve usted a añadir a sus pecados de lesa nación, el sacrilegio de deshonrar con su presencia el homenaje que a esa Nación, y a los caídos por ella, se hace?

Es usted, y no quienes le abucheaban, el que deshonra con su presencia un acto que debería servir para que rindan homenaje a su nación aquellos que creen en ella, lo cual no es su caso.

Es usted, y no quienes le abucheaban, el que mancilla con su presencia la interpretación de un himno nacional al que sus socios parlamentarios ofenden cada vez que tienen ocasión.

Es usted, y no quienes le abucheaban, el que mancha una ceremonia que está pensada para que recuerden a sus caídos aquellos para los que el sacrificio personal de esos caídos tiene algún significado, significado que a usted se le escapa.

¿Sabe cuál es la principal diferencia entre usted y el emperador Teodosio, señor Zapatero? Pues que al menos el emperador, disfrutando como disfrutaba de un poder omnímodo, guardaba aún respeto por ciertas cosas. Y es ese respeto el que permitió a San Ambrosio prohibir la entrada en la catedral al emperador.

Pero usted, señor Zapatero, no respeta nada. No hay nada que ningún hipotético San Ambrosio pudiera invocar para disuadirle de profanar un acto que no está pensado para usted. Porque usted no se detiene ante nada.

De ahí que a los ciudadanos no les quede otro recurso que el abucheo, para ver si usted se entera de que al homenaje a la Nación no tiene sentido que asista quien se comporta como un enemigo de la Nación y está dispuesto a pactar incluso con quienes asesinan, secuestran y extorsionan para tratar de causar daño a esa Nación.

Espero que el año que viene no tenga usted la desvergüenza de asistir al acto. Porque ni la Nación, ni sus símbolos, ni los muchos españoles que han dado su vida por esa Nación y por sus símbolos, se merecen que usted les deshonre con su presencia.

1 comentario:

  1. Eso mismo digo yo, como se atreve a ir a un acto de esta índole, cuando el desprecia a todo lo que suena a España.

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