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sábado, 26 de noviembre de 2011

Pérez Reverte: "En España se llama fascista, machista y homófobo a cualquiera que no se baje los calzones"


EcoDiario.es | 26/11/2011 - 14:48
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Arturo Pérez Reverte, en una imagen de archivo

El polémico escritor Arturo Pérez Reverte ha generado una gran controversia con una columna en la que critica la actuación de los 'indignados', asegurando que se ven con derecho a protagonizar sus 'okupaciones' a pesar de no estar amparados por la ley.

"Si te metes por el morro en una casa ajena, es seguro que entre el hecho, la demanda del propietario, la decisión judicial y la ejecución de la sentencia de desalojo, si llega a producirse, y dependiendo de que el juez sea compañero de carrera o colega de universidad del abogado de una parte o de la otra, pueden transcurrir veinte años, o más", asegura en su columna de XL Semanal.

"Como si estuviera clarísimo y consagrado por el uso hispano que, entre patada a la puerta de un okupa y patada a la puerta de un propietario, el segundo es quien actúa al margen de la ley y el primero es la verdadera víctima del asunto", continúa el escritor.

Además, Reverte afirma que en este país se tacha de "fascista, racista, machista, violento, homófobo y misógino a cualquiera que no se baje los calzones y ofrezca el ojete sin rechistar", antes de calificar a España como un "puticlub de carretera".

Todo esto lleva al madrileño a sugerir, de forma retórica y sarcástica, que "en las próximas okupaciones la policía abandone esa vergonzosa pasividad filonazi y proteja de propietarios y otros energúmenos a quienes debe proteger, que para eso cobra".

viernes, 23 de septiembre de 2011

Sobre imbéciles y malvados



Arturo Pérez Reverte

No quiero, señor presidente, que se quite de en medio
sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España
desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de
rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo
diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a
sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por
la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse
duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he
visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del
vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque
ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me
permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de
mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de
diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un
imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga.
Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y
ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados.
Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las
intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en
limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a
la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los
esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa
frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de
los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las
víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el
terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que
dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que
buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría
correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo
puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de
gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos:
demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted
mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que,
pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo,
secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa
corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia
durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles,
hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer
que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus
Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le
recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España
sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido
presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen
cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a
malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de
sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el
menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a
todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad,
trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido
imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer
puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de
la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor
Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto
nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las
bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su
vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café
que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted,
señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico,
comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al
nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado
como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la
convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores
históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha
sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural,
incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta
en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el
payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar
cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que
ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés
ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete
años.

Un saludo

jueves, 25 de agosto de 2011

Sobre imbéciles y malvados


XLSemanal - 22/8/2011

No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.

Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

lunes, 22 de agosto de 2011

Una serie de mensajes de Arturo Pérez Reverte sobre las agresiones a los peregrinos de la JMJ


22 de Agosto de 2011 - 11:07:50 - Luis del Pino/Libertad Digital

Para que no se pierda en la selva del mundo digital, he copiado, y reproduzco aquí, la excelente serie de mensajes que Arturo Pérez Reverte difundió ayer a través de Twitter, a cuenta de las agresiones que los peregrinos sufrieron el pasado miércoles por parte de algunos energúmenos en la Puerta del Sol.
"Nadie puede decir,después del tuiteo intenso de la semana pasada,que el arriba firmante sea muy pro-Benedictus o aficionado al agua bendita.
Ni que monseñor Rouco pueda considerarme miembro conspicuo de su club de fans.
Aclarado eso, diré que hubo una foto esta semana que me hizo echar la pota.
Un energúmeno con las venas del cuello hinchadas, desaforado, gritándole en la oreja a una muchacha asustada que besaba un crucifijo.
Se sentía provocado, por lo visto, hasta estallar de cólera, porque la chica rezaba.
Será un reflejo de educación machista, o lo que sea. De mis 59 tacos. Pero ese pavo aullante me dio vergüenza ajena. De ser hombre.
Me recordó aquella foto de Capa con los héroes de la Resistencia (de última hora, claro) riéndose de una pobre mujer a la que paseaban.
La habìan rapado y la paseaban con su hijo en brazos y la svástica pintada en la frente. Tronchándose de risa.
Algo me dice que el mecanismo íntimo de una y otra foto no es por completo diferente.
Quizá porque cuando trabajaba en sitios oscuros vi a mujeres indefensas a las que también gritaban, con crucifijo o sin él.
Unos gritaban, y otros hacían cosas peores. Todo muy tradicional: perra bosnia, perra croata, perra judìa, perra cristiana. Vieja historia.
Trabajando en aquellos lugares (21 años dan de sí) también me avergoncé muchas veces de ser hombre. Ser hombre empeora al ser humano. Creo.
No es una teoría sociológica. Sólo una impresión de vida. Seguramente errónea. Esa vida me hizo subjetivo, supongo.
Lo mismo sólo es vieja deformación profesional, y aquel energúmeno gritándole a la chica asustada,porque rezaba,sea lo más normal del mundo.
Lo más normal de este puto y confuso mundo.
Quizá por eso hay días en que me encanta el olor a napalm por la mañana."
Permítame, señor Pérez Reverte, que me quite el sombrero.

domingo, 12 de junio de 2011

SIN PALABRAS. SOMOS UN PAIS QUE TENEMOS LO QUE MERECEMOS



Sábado 26 de febrero de 2011
Arturo Pérez Reverte

Hay un problema laboral del colectivo de controladores aéreos que afecta al 1,2% de la población española (600.000 personas) y casi todos saltáis como energúmenos pidiendo hasta el linchamiento de ese colectivo cuando el día anterior hacen otra reforma del sistema laboral más restrictiva, quitan los 420 euros de ayuda a 688.000 parados que están en la ruina y anuncian cambios drásticos a peor en la ley de pensiones que afectan al 80% de la población y nadie se indigna ni dice nada. ¿Sois idiotas?

Estáis pidiendo a gritos al Gobierno que se apliquen medidas que quitan el derecho a la baja laboral, a los permisos retribuidos y a las horas sindicales, sacar militares a la calle ¿sois idiotas?

Estáis leyendo que mintieron en los vuelos de la CIA, en el caso Couso, que González era la X del GAL, que gente del PP cobraba de la trama Gürtel , que hay políticos que cobran más de 230.000 euros al año, pero que nos cuestan más de 3 millones de euros, que la corrupción en la política no es excepción, sino norma, que ellos mismos se adjudican el derecho a cobrar la jubilación máxima con pocos años en las Cortes y a nosotros nos piden 40 de cotización, banqueros que consiguen del gobierno medidas duras contra los trabajadores y que tenían que estar en la cárcel por delitos demostrados de fraude fiscal y no decís nada, os quitan dinero para dárselo a esa gente que cobra cientos de miles de euros año, especula con nuestro dinero, defrauda a Hacienda y seguís callados ¿sois idiotas?

Tenéis una monarquía que se ha enriquecido en los últimos años, que apoya a los poderosos, a EEUU, a Marruecos y a todo lo que huela a poder o dinero, hereditaria como en la Edad Media ¿sois idiotas?

En Inglaterra o Francia o Italia o en Grecia o en otros países los trabajadores y los jóvenes se manifiestan hasta violentamente para defenderse de esas manipulaciones mientras en España no se mueve casi nadie ¿sois idiotas?

Consentís la censura en los medios de comunicación, la ley de partidos, la manipulación judicial, la tortura, la militarización de trabajadores sólo porque de momento no os afecta a vosotros ¿sois idiotas?

Sabéis quién es toda la gentuza de las revistas del corazón, futbolistas supermillonarios pero jamás escucháis a nadie como Saramago o Chomsky u otros mil intelectuales veraces y comprometidos con vuestros problemas ¿sois idiotas?

Si mucha gente responde sí, aún nos queda un poco de esperanza de conseguir acabar con la manipulación de los políticos y poderosos.
Si la mayoría contesta no, entonces estamos jodidos.

EL GOBIERNO: Ha bajado el sueldo a los funcionarios, suprimido el cheque-bebé, congelado las pensiones y reducido la ayuda al desempleo, (EL PARO), para afrontar la crisis que han generado los bancos los políticos y los especuladores bursátiles.

Nos gustaría transmitirle al Gobierno lo siguiente:

Dediquen su empeño en rebajar LA VERGÜENZA DEL FRAUDE FISCAL, que en España se sitúa alrededor del 23% del P.I.B. (10 puntos por encima de la media europea) y por el que se pierden miles de millones de Euros, fraude que repercute en mayores impuestos para los ciudadanos honestos.

TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus accionistas y directivos; en vez de facilitar el crédito a las familias y a las empresas, erradicarlas comisiones por los servicios bancarios y que dejen de cobrar a los españoles más humildes 30€, cada vez que su menguada cuenta se queda sin saldo. Cosa que ocurre cada 1º de mes cuando les cargan las facturas de colegios, comunidades, telefonía, Etc. y aun no les han abonado la nómina.

PONGAN COTO a los desmanes de las empresas de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad.

ELIMINEN la duplicidad de muchas Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios, reasignado a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que lamentablemente están infrautilizados.

HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos.

INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes. Y bastantes más por diferentes motivos que se le pueden agregar.

INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.

INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).

INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.

INDECENTE, es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.

INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados)

INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicatos pesebreros, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.

INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual).

INDECENTE, es el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.

INDECENTE No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que no se lo bajen.

INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.

INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del ERARIO PÚBLICO.

Y que sea cuál sea el color del gobierno, toooooooodos los políticos se benefician de este moderno "derecho de pernada" mientras no se cambien las leyes que lo regula.
¿Y quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.

Juntemos firmas para que haya un proyecto de ley con "cara y ojos" para acabar con estos privilegios, y con otros.

Haz que esto llegue al Congreso a través de tus amigos.

ÉSTA SÍ DEBERÍA SER UNA DE ESAS CADENAS QUE NO SE DEBE ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ÉSTA, SI QUE TRAERÁ AÑOS DE MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO, está en juego nuestro futuro y el de nuestros hijos.

¿DONDE ESTÁ LA GENTE? QUE LEVANTAN MASAS PARA EL FÚTBOL Y NO PARA DEFENDER NUESTROS DERECHOS.

sábado, 17 de abril de 2010

Mente clara y lengua suelta


A.P.Reverte

(El Semanal)
Cada vez que doy un paseo veo más tiendas cerradas. Algunas, las de toda la vida, habían sobrevivido a guerras y conmociones diversas. Eran parte del paisaje. De pronto, el escaparate vacío, el rótulo desaparecido de la fachada, me dejan aturdido, como ocurre con las muertes súbitas o las desgracias inesperadas. Es una sensación de pérdida irreparable, aunque sólo haya echado vistazos al escaparate, sin entrar nunca. Otras de esas tiendas son negocios recientes: comercios abiertos hace un par de años, e incluso pocos meses; primero, los trabajos que precedían a la apertura, y después la inauguración, todo flamante, dueños y dependientes a la expectativa, esperanzados. Ahora paso por delante y advierto que los cristales están cubiertos y la puerta cerrada. Y me estremezco contagiado de la desilusión, la derrota que trasmite ese triste cristal pegado al cristal con las palabras se alquila o se traspasa.

En lo que va de año, la relación es como de una lista de bajas después de un combate sangriento. Entre las que conozco hay una parafarmacia, dos tiendas de complementos, una de música clásica, una estupenda tienda de vinos, una ferretería, una tienda de historietas, tres de regalos, dos de muebles, cuatro anticuarios, una librería, dos buenas panaderías, una galería de arte, una sombrerería, una mercería e innumerables tiendas de ropa. También -ésa fue un golpe duro, por lo simbólico- una juguetería grande y bien surtida. Me gustaba entrar en ella, recobrando la vieja sensación que, quienes fuimos niños cuando no había televisión, ni videoconsola, ni nos habíamos vuelto todos -críos incluidos- completamente cibergilipollas, conservamos del tiempo en que una juguetería con sus muñecas, trenes, soldados, escopetas, cocinitas, caballos de cartón, disfraces de torero y juegos reunidos Geyper, era el lugar más fascinante del mundo.

Ahora hablamos de crisis cada día. Hasta los putos políticos y las putas políticas, que no es lo mismo que políticas putas, ahórrenme las putas cartas, lo hacen con la misma impavidez con que antes afirmaban lo contrario. En todo caso, una cosa es manejar estadísticas; y otra, pisar la calle y haber conocido esas tiendas una por una, recordando los rostros de propietarios y dependientes, su desasosiego en los últimos tiempos, la esperanza, menor cada día, de que alguien se parase ante el escaparate, se animara y entrase a comprar, sabiendo que de ese acto dependían el bienestar, el futuro, la familia. Haber presenciado tanta angustia diaria, la ausencia de clientes, el miedo a que tal o cual crédito no llegara, o a no tener con qué pagarlo. El saberse condenados y sin esperanza mientras, en las tiendas desiertas que con tanta ilusión abrieron, languidecían su trabajo y sus ahorros. Morían tantos sueños.

Eso es lo peor, a mi juicio... Lo imperdonable. Todas esas ilusiones deshechas, trituradas por políticos golfos y sindicalistas sobornados que todavía hablan de clase empresarial como si todos los empresarios españoles tuvieran yate en Cerdeña y cuenta en las islas Caimán. Ignorando las ilusiones deshechas de tanta gente con ideas y fuerza, que arriesgó, peleó para salir adelante, y se vio arrastrada sin remedio por la tragedia económica de los últimos tiempos y también por la irresponsabilidad criminal de quienes tuvieron la obligación de prevenirlo y no quisieron, y ahora tienen el deber de solucionarlo, pero ni pueden ni saben. De esa gentuza encantada consigo misma que no sólo carece de eficacia y voluntad, sino que sigue impasible como don Tancredo, procurando ni parpadear ante los cuernos del toro que corretea llevándose a todo cristo por delante. Un Gobierno cínico, demagogo, embustero hasta el disparate. Sentenciándonos, entre unos y otros, a ser un país sin tejido industrial ni empresarial, sin clase media, condenado al dinero negro, al subsidio laboral con trabajo paralelo encubierto y a la economía clandestina. Con mucho Berlusconi en el horizonte. Un rebaño analfabeto, sumiso, de albañiles, putas y camareros, donde los únicos que de verdad van a estar a gusto, sinvergüenzas aparte, serán los jubilados guiris, los mafiosos nacionales e importados, y los hooligans de viaje y tres noches de hotel, borrachera y vómito incluidos, por veinticinco euros. Para entonces, los responsables del desastre se habrán retirado confortablemente al cobijo de sus partidos, de sus varios sueldos oficiales, de sus pingües jubilaciones por los servicios prestados a sí mismos. A dar conferencias a Nueva York sobre cómo nos reventaron a todos, dejando el paisaje lleno de tiendas cerradas y de vidas con el rótulo se traspasa. Así que malditos sean su sangre y todos sus muertos. En otros tiempos, al menos tenías la esperanza de verlos colgados de una farola.